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UN FENÓMENO QUE MOSTRÓ LOS DIENTES

Therians en redes: Cómo un nicho viral pasó al escándalo público en tiempo récord

Los therians explotaron en las redes y en días pasaron de la rareza a tema nacional. Burlas, polémicas y denuncias, el show del chiste se volvió escándalo real.

Hasta hace un mes, los therians eran un tema de nicho en foros viejos y chats perdidos, pero hoy las redes los explotaron y están en videos virales y juntadas masivas que no dejan a nadie indiferente. Pero esto que arrancó como un juego de identidad se volvió algo público, mezcla de broma, denuncias y confusión general.

El recorrido de los therians al espacio público: Adolescentes en búsqueda de sentido

Para entender de qué estamos hablando cuando decimos "therians" hay que ir un poco para atrás. Como explicó Paula Guardia Bourdin en Infobae: "Todo esto empieza en los 90 en comunidades de internet, a partir de una palabra que se llama otherkin… Primero era con elfos y después fue derivando en esta situación que son los therians, que se identifican con animales… Es un concepto distinto al de los furros o furries, que lo hacen a modo de cosplay… Esto es una cuestión más de autodefinirse animal."

Ahí está la diferencia que muchos pasan por alto: el furry juega a ser un personaje; pero para el therian es su identidad. Saben que tienen cuerpo humano, estudian, trabajan, viven con su familia, pero dicen que una parte profunda de su identidad es animal y que en ciertos momentos hacen "shift", es decir, dejan que predominen esos instintos: gruñir, olfatear, correr en cuatro patas, lo que en redes se conoce como "quadrobics".

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Los therians surgieron en los 90 como una identidad animal en internet y hoy explotan en las redes y plazas argentinas.

Los therians surgieron en los 90 como una identidad animal en internet y hoy explotan en las redes y plazas argentinas.

En Argentina el boom fue explosivo y bien de esta época: primero TikTok e Instagram llenos de videos de máscaras, colas y saltos en plazas; después notas en Infobae, La Nación, El Economista, La Voz; y finalmente las juntadas públicas en Belgrano, Jujuy, Posadas, Bahía Blanca, San Juan o Mendoza, con jóvenes organizando "manadas" y cientos de curiosos alrededor filmando, como si fuera un espectáculo callejero.

"En el barrio Chino… había ya, no solamente therian disfrazado, saltando y demás, sino que se generó todo un show al respecto porque la gente empieza a observarlo", resumió Manu Jove en Infobae a la Tarde: Y es exactamente eso: cuanto más raro se ve, más lo empuja la red.

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Una therian entrevistada por Marcos Shaw en Infobae explicó cómo es su vida cotidiana: "No es que yo me levanto y voy y tomo agua de un cosito. No, yo soy una persona civilizada, normal, como ustedes, pero me autopercibo así, me gusta ponerme una máscara, me gusta ponerme collares… y salir y jugar en las plazas… Pero después, soy una persona normal, me voy a dormir, me levanto…"

Desde la psicología, el mensaje es menos dramático de lo que muchos creen, pero tampoco ingenuo. Citando a El Economista: "Identificarse como therian no es, en sí mismo, un diagnóstico ni una patología. El foco debería estar en el bienestar de la persona y en si esa identificación genera sufrimiento o interfiere con la vida cotidiana."

En la misma línea, la psicóloga Raquel Peralta dijo en Misiones Online: "Es una identificación subjetiva, frecuente en niños y adolescentes, vinculada a la búsqueda de pertenencia… La clave no está en la máscara, sino en cómo impacta esa identidad: si le brinda contención o si comienza a aislarla, generarle angustia o pérdida del juicio de realidad." Y en A24 remarcaron: "No existen fundamentos para afirmar que ser therian sea, por sí mismo, un trastorno mental… pero el fenómeno existe, se expande y plantea un debate que mezcla identidad, juventud, redes sociales y salud mental."

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Es decir, no es automáticamente patología, pero tampoco es un juego vacío. Hay contexto generacional, hay búsqueda de pertenencia y hay redes amplificando todo.

Cuando el chiste termina en comisaría, con denuncias y un límite cruzado

El fenómeno podría haber quedado en rareza viral, pero tres episodios lo empujaron al terreno áspero.

Primero, un veterinario de Oberá, Misiones, que subió un video ofreciendo sus servicios a todos aquellos miembros de esta comunidad viral que lo quieran: "A tal punto de que les voy a ofrecer mi servicio a costo gratis. Lo que es castraciones. Esterilizaciones, vacunación antirrábica,…" El tono era irónico, el video explotó en Instagram y Facebook, y las redes se llenaron de memes celebrando la "castración masiva". Humor para algunos, burla pesada para otros.

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Tres incidentes virales mostraron los límites de la fantasía: un veterinario irónico, un hospital que

Tres incidentes virales mostraron los límites de la fantasía: un veterinario irónico, un hospital que "discriminó" y una mordida real en Córdoba. La identidad es respetable, pero la conducta pública puede terminar en la Justicia.

Después, la joven que denunció en un video viral que en un hospital la discriminaron. Según su relato: "Me mandaron a la veterinaria… Me dijeron ‘andate a la veterinaria, perra’ porque me identifico como tal.” Y agregó: “Me mandaron a la veterinaria", declaro la perra. El clip circuló fuerte en TikTok e Instagram y abrió una grieta inmediata: los que hablan de violencia simbólica y los que responden que si alguien se identifica como animal no puede exigir trato distinto. También hubo quienes dudaron de la veracidad del caso. El debate fue feroz.

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Pero el caso que cambió el tono fue el de Jesús María, Córdoba. La madre de una chica de 14 años contó en radio Somos el Norte que fue atacada por uno de estos individuos: "Me contó que con unas máscaras la empezaron a olfatear y a corretear un poco, y ella se reía, pensaba que era broma, pero después le mordieron el tobillo, ella estaba con pollera." También dijo: "Ahí se dio cuenta que no estaban bromeando y ella atinó a querer meterle una patada y se fue corriendo. Eran una bandita de tres o cuatro, más o menos."

Y agregó: "Sintió el dolor, cuando le mordieron. Ella andaba asustada, me pedía que la lleve al colegio, y yo no sabía por qué." Finalmente, y con lo que quedó conectado todo el fenómeno mediático: "Ella se asustó, me contó hace poco porque empezaron a aparecer noticias de los therians y ahí me dice ‘mamá, son esos chicos los que se autoperciben los que me mordieron, eran ellos, los therian’."

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Ahí ya no estamos hablando de estética, ni de TikTok, ni de pertenencia simbólica, sino de una agresión concreta que terminó con una denuncia y con una discusión sobre los límites básicos en el espacio público.

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Cada uno puede autopercibirse como quiera, pero eso no habilita a invadir, asustar o lastimar a otro. El espacio público no es ni un escenario permanente ni una extensión del feed. Cuando la identidad de uno conlleva conductas que afectan a terceros, la discusión pasa a ser de responsabilidad.

Los therians existen, no son un invento de los medios (ni una predicción de Milei como afirmaron cuentas libertarias), y en muchos casos son adolescentes buscando pertenecer a algo en una época que no ofrece demasiadas certezas. El problema no es la máscara ni la cola, sino cuando el juego pierde registro de realidad.

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