El cierre del año encontró a Wall Street con el freno de mano puesto. El rally navideño, que venía sosteniendo a los principales índices, se interrumpió de forma abrupta este miércoles con una caída generalizada de las acciones tecnológicas. El golpe fue liderado por el Nasdaq, que retrocedió más de 1,4%, mientras que el S&P 500 cedió cerca de 1% y el Dow Jones acompañó con una baja más moderada, en torno a 0,4%.
SANGRÍA EN WALL STREET
Se frena en seco el rally navideño: Fuerte golpe al Nasdaq y al S&P 500
La corrección golpeó de lleno a la tecnología: el Nasdaq lideró las caídas, Oracle se desplomó casi 5% y el mercado empezó a poner en duda el boom de la IA.
El disparador fue claro y volvió a poner el foco donde más duele: la fragilidad del financiamiento del negocio de inteligencia artificial y el creciente uso de deuda para sostener inversiones multimillonarias en infraestructura.
Tecnología bajo presión y una señal de alerta
La foto del mercado fue elocuente. Semiconductores, software y grandes tecnológicas dominaron el rojo. Nvidia cayó más de 3%, Broadcom se hundió casi 6%, AMD perdió más de 4% y Apple retrocedió cerca de 0,6%. El castigo fue generalizado y dejó en evidencia que el mercado empezó a ajustar expectativas.
Pero el epicentro estuvo en Oracle. La acción se desplomó cerca de 5%, acumulando una caída de casi 18% en el mes, luego de que el Financial Times revelara que Blue Owl Capital no respaldará un acuerdo por US$10.000 millones para financiar un nuevo centro de datos. La noticia encendió todas las alarmas.
El mercado no solo leyó un problema puntual, sino una señal más amplia: el modelo de crecimiento de la infraestructura de IA depende cada vez más de apalancamiento, contratos fuera de balance y promesas de demanda futura que todavía no terminan de materializarse.
El peso de la deuda empieza a cotizarse
Los últimos balances de Oracle ya habían dejado ruido. Los costos crecieron más de lo esperado, el flujo de caja fue más débil y las obligaciones de arrendamiento fuera de balance alcanzaron los US$248.000 millones, un número que empezó a incomodar incluso a los inversores más optimistas.
Aunque la compañía insiste en preservar su grado de inversión —hoy con rating BBB—, el mercado mostró desconfianza: los credit default swaps de Oracle tocaron máximos desde 2009. La reacción fue inmediata y contagió al resto del ecosistema IA.
Efecto dominó en la infraestructura energética
El temblor no quedó solo en tecnología. GE Vernova, una de las grandes beneficiadas por la expansión de centros de datos y la demanda energética asociada a la IA, se desplomó casi 9% en la rueda. El ajuste fue violento, sobre todo si se tiene en cuenta que la acción acumula una suba cercana al 93% en lo que va del año.
El mercado empezó a preguntarse si las valuaciones no fueron demasiado lejos, incluso en compañías con fundamentos sólidos.
La Fed suma ruido
En paralelo, el frente macro tampoco ayudó. Los inversores siguen buscando una señal clara sobre el rumbo de las tasas en Estados Unidos. El gobernador de la Fed, Chris Waller, sostuvo que todavía hay margen para recortes de entre 50 y 100 puntos básicos, con una tasa neutral por debajo del 3%.
Sin embargo, el mensaje no alcanzó para calmar al mercado. Con el dato de inflación de noviembre aún pendiente y un mercado laboral que muestra señales de enfriamiento gradual, la sensación dominante es de incertidumbre, no de alivio.
Un mercado cada vez más concentrado
El trasfondo de la corrección es más profundo. Según datos de Barclays, las 10 principales acciones explican más del 40% de la capitalización del S&P 500, un nivel que no se veía desde los años 80. Las llamadas Siete Magníficas explican buena parte de esa concentración y del rally de 2025.
Ese mismo liderazgo ahora juega en contra. Cuando la tecnología corrige, no hay demasiados sectores que amortigüen la caída.
Fin de año con más cautela
A pocas ruedas del cierre de 2025, Wall Street entra en modo defensivo. El mercado empieza a distinguir entre crecimiento real y promesas futuras, y a castigar con más dureza cualquier señal de fragilidad financiera.
El rally navideño, esta vez, no llegó indemne a las fiestas.
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