por Ó. LÓPEZ-FONSECA
Atención Moreno: Kakhaber, gran candidato a los Cedin
Un mafioso ruso que opera en España llamado Kakhaber Shushanashvili está pidiendo cotización para 'lavar' 100 millones de euros. Es un candidato a los Cedin argentinos aunque el problema es que la economía argentina parece tan insignificante... que ni los mafiosos rusos piensan en 'sumergir' su dinero en la Argentina. En 1 semana, los Cedin atrajeron a US$ 1 millón... y aquí se trata de comenzar con 100 millones de euros y subir hasta 600 millones... clientes así necesitan los K para impulsar la herramienta tan controvertida.
08 de julio de 2013 - 09:12
MADRID (Voz Pópuli). Sábado 19 de septiembre de 2009. Faltan pocos minutos para las siete de la tarde cuando suena el teléfono de Mamuka Gogolashvili, un presunto miembro de la mafia ruso georgiana que opera en España. Quien le llama es su jefe, el supuesto máximo responsable del grupo criminal en España: Kakhaber Shushanashvili, alias Kakha. La conversación, intervenida por la Policía dentro de la Operación Java, es de ‘negocios’. Mamuka señala al supuesto capo que él “y los chicos” han estado en Tarragona a “recoger el dinero” y que hace ya una hora que han salido de la ciudad catalana. “He visto a chicos que tenían divisas de otro país y querían cambiar, pero te comentaré con más detalla más adelante”, señala a Kakha. Éste, sin embargo, se muestra escéptico sobre ese posible negocio ya que asegura saber que se trata de la divisa de un “pequeño país europeo y no las podremos cambiar”.
En ese momento, los dos presuntos mafiosos comienzan a hablar de “españoles”, de ‘clientes’ que entran en contacto con ellos para lavar dinero y, más en concreto, del directivo de una entidad financiera que, supuestamente, quiere negociar con ellos una importante operación de blanqueo por la que ofrece pagarles un 5% de comisión. Kakha le dice a su subordinado que “si nos ofrece el 10% tendré que pensar si lo hacemos o no, porque por el 5% que nos da no lo voy hacer. Si fuese tan fácil no vendría a nosotros”, resalta antes de calificar al banquero literalmente de “un cerdo” que quiere ‘lavar’ 100 millones de euros. Mamuka, incluso, aumenta esta cifra, ya que dice que esa es la primera cantidad “para empezar” y que luego puede llegar a ser “6 veces esa”, es decir, 600 millones de euros.
-Kakha: Siendo tanto [dinero] tendrá que darnos el 10%.
-Mamuka: Tendrá que aceptar, no le quedará otro remedio.
-Kakha: 5 millones [se refiere a la comisión del 5% por el blanqueo de los 100 millones] sería poco, porque tenemos que repartir entre 70 personas.
Aquella conversación disparó las alarmas de unos agentes enfrascados ya en la fase final de la Operación Java contra la mafia rusa en España, sobre todo porque nueve días después detectaron un nuevo contacto telefónico entre Mamuka y el presunto capo para hablar sobre el mismo tema. En esta llamada, el primero facilitó a su interlocutor el número de teléfono móvil del banquero español. Ello permitió a los agentes poner nombre y apellidos a éste y saber que era el directivo de una caja de ahorros, en estos momentos fusionada con otras, con una responsabilidad destacada de los fondos de pensiones de la misma. Sin embargo, esa vía de investigación quedó pronto cerrada. Los pinchazos telefónicos, que se mantuvieron durante 4 meses más hasta que se procedió a la detención de Kakha, Mamuka y otra veintena de presuntos integrantes del grupo mafioso en marzo de 2010, no volvieron a detectar conversaciones sobre dicha operación de blanqueo. La documentación incautada en poder de los arrestados tampoco reveló novedades sobre la misma.
Pese a ello, no se olvidó. De hecho, un reciente informe de la Fiscalía Especial contra la Criminalidad Organizada incorporada a la causa aún habla de esta operación de blanqueo, aunque en el mismo se destacaba que “ese proyecto parece ser que no fraguó y fue abandonado”. La Justicia, por tanto, no ha podido actuar hasta ahora contra el supuesto cliente de la mafia ruso-georgiana al no haberse producido finalmente el delito, según explican fuentes jurídicas. Vozpópuli ha tenido acceso la identidad del banquero, pero al no haber sido imputado ha decidido no hacerla pública, ni tampoco el nombre de la entidad bancaria para la que trabajaba entonces, ya que en estos momentos no figura el sospechoso entre los directivos de la misma tras su fusión con otras cajas.
Dos piezas claves de la trama
La relevancia de los 2 ruso-georgianos detectados hablando sobre el ‘encargo’ así como la cantidad de dinero de la que se trataba revelan la importancia de la operación en la que supuestamente estaba implicado el banquero español. Kakhaber Shushanashvili es considerado, de hecho, el máximo responsable en España de la organización criminal ‘Kutaisi’, asentada en España desde 2005. El máximo capo a nivel europeo de la misma era su hermano mayor, Lasha, al único al que rendía cuentas. Encarcelado aún por esta causa, Khaka volvió a atraer la atención de los medios de comunicación recientemente después de que el juez que ahora instruye la Operación Java en la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, estuviera a punto de dejarle en libertad con una pequeña fianza. 3 magistrados frenaron ‘in extremis’ su salida de la cárcel, como adelantó este diario.
Shushanashvili, sobre el que pesa también una sentencia de extradición a Georgia aceptada por la Justicia española hace más de 1 año, está acusado en España de una larga lista de delitos que incluye conspiración para el asesinato, extorsión, amenaza, coacciones, asociación ilícita, blanqueo, tenencia de armas, robo con fuerza, falsificación de documentos y delitos contra la Hacienda Pública. De hecho, se le señala como el presunto instigador del asesinato en Marsella (Francia) de un capo rival. Su detención dentro de la Operación Java frustró en un primer momento aquel crimen. Sin embargo, ya con él detenido, el ajuste de cuentas fue finalmente ejecutado.
Su interlocutor, Mamuka Gogolashvili, es señalado por la investigación también como uno de los peones clave de la organización mafiosa. Los informes policiales aseguran que es uno de los máximos responsables de la organización para el blanqueo de dinero en Europa y responsable de realizar inversiones “de diversa índole”. Una de las formas con las que supuestamente lavaba importantes cantidades de efectivo era a través de los casinos, principalmente de Barcelona, donde acudía conduciendo un flamante vehículo Mercedes y luciendo ropa de marca. El Servicio de Prevención contra el Blanqueo de Capitales (SEPBLAC) llegó a detectar una visita a uno de estos centros de juego en la que realizó cambios de fichas por más de 35.000 euros. Y ello a pesar de que formalmente era un humilde electricista.
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Para entender la Operación Java y esta mafia georgiana, bien vale el siguiente apunte de Fernanda Muslera en su blog Naturaleza Ecléctica:
Vladimir «Lado» Janashia tenía los días contados y siete disparos fueron los encargados de recordárselo el pasado jueves por la noche al sur de Marsella (Francia). De nada le sirvieron sus previas huídas ni que uno de sus máximos enemigos, Kakhaber Shushanasvili, alias «Kakha», hubiera sido detenido por la justicia española. Para «un ladrón de ley» («vor v zakonen»), el código criminal es el símbolo de su honor: «Lado», quien era recaudador de los hermanos Shushanashvili en Niza, se quedó con dinero que no le pertenecía y se fue a trabajar a las órdenes del grupo antagónico, a cargo de Tariel Oniani. Se había convertido en un «puto», uno de los máximos insultos que se le pueden atribuir a una persona.
La muerte tocó dos veces y, a la tercera, entró. Durante el mes de enero, «Kakha», jefe de la mafia georgiana en Europa, y su hermano Lasha, capo de la operación internacional, enviaron a Niza dos sicarios para matar a «Lado». Tras la reunión con «Kakha» en Barcelona, los matones adquirieron municiones y prendas especiales para su misión (chaquetones con capucha, botas adecuadas y cinturones) y viajaron a la ciudad francesa. El golpe se vio frustrado por el accionar de la policía que, alertada por la fuerza española, detuvo a los individuos.
Tres semanas después, los sicarios localizaron un hotel donde pernoctar y adquirieron un Volvo 460 con matrícula francesa, anticipando la llegada del propio «Kakha» y más hombres. La policía gala fue alertada una vez más pero no pudo impedir un intenso tiroteo. «Lado» huyó por los tejados. Cuarenta casquillos, entre ellos varios de un fusil «kalashnikov», fueron encontrados en el lugar.
Aunque esta sucesión de hechos bien pudiera pertenecer a la película «Promesas del este» de David Cronenberg, con Viggo Mortensen repleto de tatuajes, sólo se trata de la última y sangrienta escena de la mafia georgiana en Europa.
La «Unión» hace la fuerza
Los hermanos Shushanasvili son los dos principales delincuentes perseguidos por la denominada «Operación Java», llevada a cabo la semana pasada. Mientras «Khaka», fue detenido en Barcelona, su hermano Lasha, sustituto de Kalashov en el mando internacional desde que este fue encarcelado, logró huir por falta de cooperación de Grecia, país en el que se encontraba escondido.
La «Operación Java», tercera gran intervención en España contra la mafia rusa tras «Avispa» (2005 y 2006) y «Troika» (2008), significó un esfuerzo de colaboración transnacional realizado de forma simultánea por siete países, entre ellos Alemania,Francia, Austria, Suiza e Italia.España fue el eje central de la operación, debido a que aquí se gestionaba el blanqueo de dinero a través de joyerías, restaurantes, servicios de paquetería y talleres de vehículos ubicados en Barcelona, la Comunidad Valenciana, Vizcaya y Guadalajara.
El blanqueo de dinero por medio de las joyerías era su modalidad preferida, ya que podían dar salida a alhajas obtenidas de forma ilícita a través de su venta o fundición y, a la vez, aprovechar los altos márgenes de beneficio que caracterizan a este negocio.
Según el comisario jefe de la Udyco Eloy Quirós, «Java» es la operación más importante llevada a cabo en Europa contra la mafia rusa, con la intervención de más de 170 efectivos en España, entre los que se encontraban unidades de la Policía, la Ertzaintza y los Mossos d'Esquadra. Fueron detenidos 25 miembros de la mafia georgiana en Madrid, Barcelona, Valencia y Guecho, y casi 80 los capturados en el total de la operación. En España se les acusa de robos, tráfico de drogas, blanqueo de dinero, extorsiones, tenencia de armas y de los intentos de asesinato de Vladimir «Lado» Janashia (concretado el pasado jueves).
Los apresados eran en su mayoría de nacionalidad georgiana y, en menor proporción, armenios. También fue encarcelado un español, Juan Miquela Tomillero, quien servía a Kakhaber Shushanashvili en el apoyo logístico y blanqueo, así como cediendo sus cuentas bancarias a la organización.
Uno de los grandes hallazgos de la investigación coordinada por el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande Marlaska, y la Fiscalía Anticorrupción ha sido el de la «obschak» o «caja común de los ladrones». Se trata de la primera vez que se descubre el funcionamiento de esta especie de hucha colectiva, en la que se depositaban los beneficios de las actividades delictivas. Según explicó Eloy Quinteros, la caja servía para pagar abogados, sobornos, fianzas, armas y cualquier necesidad de los miembros del grupo.De la «obschak» también se retiraba el dinero de navidad (2000 euros) destinado a cada uno de los capos de la organización criminal que se encontraran cumpliendo condena en Europa.
La organización de la caja común muestra una estructura de cohesión jerarquizada: un recaudador por ciudad y otro a nivel nacional. «Kakha» y Lasha Shushanasvili mantenían un férreo control de la caja a nivel continental e internacional, respectivamente. La transnacionalidad de la organización económica de la mafia rusa implicaba la realización continuada de envíos de dinero desde distintos países a través de personas o empresas como «Moneygram» y «Moneytransfer».
Casinos y Mercedes Benz
A la vista de los vecinos de la calle Marina, de Barcelona, Kakhaber Shushanasvili no levantaba sospechas. El «vor v zokone» se había casado con una española para regularizar su situación (a la que nunca más volvió a ver) y llevaba una vida «normal» con su mujer y sus dos pequeños hijos. El «jefe» y la mayoría de su grupo vivían en España sin grandes ostentaciones, a excepción de esos gustos tan comunes a los mafiosos: casinos, coches caros (Mercedes y BMW), mujeres y comilonas. El nivel de lujo era llamativamente menor a las mansiones «kitsch» de la costa mediterránea de los miembros de la mafia rusa detenidos en las operaciones «Avispa» o «Troika».
«Todo los mafiosos georgianos y rusos sueñan con irse a vivir a España. Les encanta su clima. Aspiran a una vida tranquila junto al mar», señaló sin ironías Roman Shelymov, periodista ruso experto en grupos mafiosos de la ex Unión Soviética. «Pueden comprar sin dar explicaciones propiedades inmobiliarias; además, corromper a sus políticos es más fácil que con franceses y británicos», añadió.
La costa mediterránea española se ha convertido en refugio de los «capos» de la mafia rusa y georgiana desde finales de los '90.







