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Habrá menos dinero para los emergentes

El FMI exhortó a la Reserva Federal de USA (FED) a no precipitarse en el retiro de los estímulos monetarios. Las proyecciones de actividad del FMI no vieron mayores cambios respecto al último World Economic Outlook (abril), ya que mantuvo inalteradas sus estimaciones de crecimiento mundial en 3,3% para 2013. Bajo este nuevo escenario, las economías emergentes comienzan a acomodar sus políticas de manera de amortiguar el efecto de los eventuales cambios de política monetaria de los países desarrollados.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Ecolatina). Sin demasiadas novedades respecto a las perspectivas de crecimiento mundial, las miradas se enfocan ahora en las decisiones de política monetaria de los bancos centrales, que si bien en muchos casos aún no implementaron medidas concretas, empiezan a ser monitoreadas más atentamente por el mercado a la espera de movimientos tácticos.
 
En EE.UU., si bien se instaló un consenso generalizado respecto a la incipiente recuperación de la actividad (de la mano de un crecimiento sostenido en el sector inmobiliario y el automotor), el mercado aún no se pone de acuerdo respecto al timing preciso en el que la FED comenzará a retirar los estímulos monetarios. 
 
En este sentido, estamos ante un “mercado dividido” a partir de lecturas diferentes del reciente reporte del mercado laboral. Aunque hay acuerdo en que los resultados fueron positivos (e incluso mejores a lo esperado), están quienes interpretan esta información como “insuficiente” para asegurar que la FED empezará a reducir el volumen de compra de bonos. 
 
Específicamente, el reporte muestra que se crearon 175.000 puestos de trabajo en mayo contra 157.000 en abril; sin embargo, la tasa de desempleo subió una décima a 7,6%, dada una mayor alza de la fuerza laboral respecto a la suba de los ocupados.
 
Quienes realizan una lectura más cautelosa de estos datos, interpretan que la economía, si bien continúa en un sendero positivo, se ubica aún por debajo de su potencial, a la vez que sostienen la idea de que la creación de empleo se debe sostener por varios meses más para que sea justificable un giro en la política de la FED.
 
Ésta parece ser la postura del FMI, que en un reciente comunicado consideró que la FED no debe precipitarse a retirar los estímulos monetarios, dado la todavía amplia brecha del producto. De todos modos, evaluó que debe llevar adelante un plan de normalización gradual y ordenada de las condiciones monetarias, a la vez que ponderó el daño que podría infringirle a la economía norteamericana aplicar de manera demasiado apresurada el recorte fiscal. 
 
Por otro lado, están quienes interpretan la información de los últimos indicadores como más concluyente y avizoran que la performance general de la economía (sumado a estos últimos datos) hacen prever que el cambio de estrategia de la Reserva Federal está más cerca que lejos, basándose también en las declaraciones (ya sean explícitas o por omisión) de los miembros del Comité de Política Monetaria.
 
Con un mercado data-dependiente y una lectura aún “ambigua” respecto a qué significan en términos de implementación de política monetaria los últimos datos, creemos que las posturas dividas tenderán a converger a partir de las próximos reportes, tanto de actividad como del mercado laboral. Por lo pronto, la postura es de “esperar y ver”, en un contexto donde la inflación parece controlada, desactivando la necesidad por parte de la FED de actuar inmediatamente.
 
En Europa, por el contrario, la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) aparece como mucho más previsible: la tasa de interés de referencia se mantuvo en 0,5%, convalidando las expectativas del mercado y el tono de la minuta dio cuenta de una autoridad monetaria poco proclive a cambios en el corto plazo. Si bien el comunicado sugiere que todavía hay espacio para mantener un sesgo bajista en la tasa. 
 
Por su parte, el Banco Central de Brasil (BCB) volvió a subir la tasa SELIC a 8,00% (+50 p.p.) en mayo, estableciendo un alza incluso mayor a la de abril (+25 p.p.), en línea con el objetivo de contener las presiones inflacionarias. Sin embargo, el ajuste estuvo pero por encima de las expectativas de mercado, que descontaban un alza equivalente a la de abril.
 
Por último, en Japón el Banco Central (BoJ) mantuvo sin cambios su política monetaria en la reunión de junio. Recordemos que en abril el BoJ decidió duplicar la base monetaria en los próximos años a través de la compra de bonos soberanos de largo plazo, como vía de combate del proceso deflacionario de larga data que enfrenta el país (las autoridades apuntan a lograr una inflación del 2% anual). Sin embargo, el mercado esperaba que en la última reunión se extendiera la duración del programa, pero dicho anunció no se materializó.
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El mercado empieza a descontar el impacto de la futura política monetaria 
 
La eventual moderación (o retiro) de los estímulos monetarios de la FED (QE3), sumado a una posterior suba de tasas, plantea a futuro un aumento en los costos de financiamiento de los países en desarrollo, aumentando también la vulnerabilidad de aquellas naciones que se endeudaron fuertemente durante el período de tasas bajas. 
 
Adicionalmente, esperamos que amainen los influjos de divisas hacia los países emergentes. De hecho, según estimaciones del Banco Mundial, los flujos de capital internacional hacia América Latina y el Caribe se reducirán desde 6,4% del PIB en 2012 a 5,9% del PIB en 2013.
 
Justamente, Brasil anunció la eliminación del impuesto del 6% a las inversiones extranjeras en deuda doméstica (el  impuesto se había establecido en su momento por el exceso de liquidez internacional). Si bien el dato de influjos de capitales en la primera semana de junio fue positivo (US$ 1.568 millones vs un déficit de US$ 76 millones en la semana previa), el tipo de cambio se encuentra bajo presión por la expectativa bajista respecto al ingreso de divisas en el corto plazo como consecuencia del deterioro de las perspectivas domésticas (déficit de cuenta corriente, actividad débil y presiones inflacionarias) y los menores estímulos monetarios que parecen avecinarse en EE.UU.
 
Esto se produce en el contexto de una moneda brasileña que se devaluó 6% en el último mes, ante la necesidad de aumentar la competitividad de la industria local para reactivar la actividad. Si bien esto puede poner presiones inflacionarias adicionales, el BCB está utilizando la herramienta de tasas como ancla para minimizar el impacto.
 
De hecho, en América Latina se observó una tendencia general de devaluación de las monedas a partir de la declaración de Bernanke del 22 de mayo, cuando afirmó que de continuar la mejoría de los indicadores económicos, en las próximas reuniones se podría moderar el ritmo de inyección monetaria. Desde entonces, el peso mejicano y el sol peruano se depreciaron 3%, mientras que el peso chileno y el peso colombiano hicieron lo propio un 2%.
 
Por su parte, la postura neutral del BoJ exacerbó la caída en la cotización del oro, que alcanzó su mínimo en dos meses (aunque recuperó cierto terreno en las últimas jornadas). De hecho, en 2013 se ve una intensificación del debilitamiento en el precio de los metales y minerales. De exacerbarse este proceso, los países en desarrollo que exportan estos commodities sufrirían el impacto fiscal (y en la actividad) de la caída en las cotizaciones.
 
Más aún, la caída en el precio del oro fue uno de los factores de deterioro de las reservas internacionales de Argentina (en el último mes y medio se retrajeron en casi US$ 400 millones por este motivo).
 
Si bien estos precios responden a una multiplicidad de factores que van más allá de las decisiones de los bancos centrales (el fuerte aumento de la capacidad de oferta operó en este sentido), la política monetaria tiene la capacidad de profundizar la tendencia en la medida en que tasas de interés más elevadas disminuyan el apetito inversor en instrumentos financieros derivados de commodities.
 
Así, mientras que el flujo de noticias estuvo centrado en el accionar de las autoridades monetarias, en lo que respecta a las proyecciones de crecimiento mundiales para 2013 no se han visto modificaciones significativas respecto al World Economic Outllok (WEO) del FMI de abril pasado.
 
El organismo mantiene su estimación de crecimiento mundial en 3,3% en 2013, aunque revisando levemente a la baja la proyección de PBI de China, desde el anterior 8,0% al actual 7,75%. Asimismo, al cierre de este informe el FMI reafirmó su proyección de PBI de EE.UU. en 1,9% para este año, pero redujo la estimación de 2014 de 3,0% a 2,7%, al considerar el potencial impacto de los recortes fiscales a aplicarse.
 
Por otra parte, Japón revisó al alza las cifras de crecimiento del PBI del primer trimestre, informando un crecimiento de 4,1% (en el reporte preliminar daba cuenta de una suba de 3,5%). En este sentido, los próximos datos de actividad permitirán definir si las proyecciones de crecimiento de Japón también son objeto de revisión al alza. 
 
De hecho, actualmente el FMI pronostica que el PBI del país asiático se expandirá en 1,6% para el corriente año, ubicándolo –junto a la zona euro- entre el grupo de países más rezagados, en la consabida división del mundo “a tres velocidades”.
 
Sin embargo, ya antes de la revisión al alza del dato del primer trimestre, la Directora del FMI, Christine Lagarde, había declarado que de continuar llegando buenas noticias de la evolución de la actividad en Japón, pasaría a formar parte del segundo grupo, junto a EE.UU. (y por detrás del grupo de más rápido crecimiento, compuesto por las economías emergentes y los países en desarrollo).
 
Por otra parte, las proyecciones del BCE de crecimiento en la zona euro para 2013 fueron revisadas a la baja (desde -0,5% a -0,6%). Sin embargo, las referidas a 2014 fueron corregidas hacia arriba en igual cuantía (desde +1,0% a +1,1%), manteniendo las perspectivas generales inalteradas.
 
En conclusión, al consenso sobre las perspectivas de crecimiento mundial se le contrapone un mercado que todavía está incorporando a sus estrategias de inversión financiera los potenciales impactos de los cambios en las políticas monetarias de los países desarrollados.
 
Así, las autoridades de estas economías comienzan a evaluar el momento óptimo para el cambio de dirección monetaria de manera de no minar la incipiente recuperación de la actividad ni incrementar de manera riesgosa la carga de la deuda pública a partir de tasas más elevadas.
 
Mientras tanto, las economías en desarrollo comienzan a acomodar sus políticas de manera de amortiguar el efecto de los eventuales cambios de política monetaria de los países desarrollados sobre los influjos de capitales y la cotización de sus divisas y commodities, de manera de seguir erigiéndose como el motor del crecimiento de la economía mundial.