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G-20: ¿Quién aportará dinero para ayudar al euro?

Brasil aconsejó aportar US$ 10.000 millones por país para Europa. La Argentina todavía está en default con el Club de París. Sin duda una arista interesante para el encuentro del G-20.

 

El presidente de México, Felipe Calderón, con su mandato a punto de expirar, es anfitrión del G-20.
 
Tuvo que adelantar el encuentro para sortear el parón administrativo inevitable tras las inminentes elecciones en su país. El proselitismo tuvo en vilo a México y podía provocar que muchos de los informes que los líderes del G-20 encargan para tomar decisiones, no llegaran a tiempo.
 
El encuentro es en el paraje semidesértico de Los Cabos, a orillas del Pacífico, donde se levanta el complejo turístico de lujo para alojar a los participantes.
 
Cita a cita, el foro que se reúne desde el estallido de la Gran Recesión, convocando a los líderes de las principales economías avanzadas y emergentes (bueno, la Argentina está en el G-20 no porque sea una economía emergente sino porque en su momento lo aceptó George Bush, quien le tenía confianza a Carlos Menem. Los Kirchner nunca lo hubiesen podido lograr) ha ampliado su radio de acción hasta sobrepasar el límite de lo manejable.
 
La reunión de Los Cabos está muy condicionada por otras citas electorales:
 
> USA vive ya su proselitismo rumbo a noviembre próximo, lo que implica que cualquier gesto de la Administración de Barack Obama se quede en eso, en gesto.
 
> Grecia, donde acaba de ganar Nueva Democracia, partido de centro-derecha y pro-Euro pero que deberá formar gobierno en esa democracia parlamentaria.
 
Desde San José del Cabo, Calderón dijo que las mayores economías del mundo deben comprometerse por una Europa más fuerte y reforzar la capacidad del Fondo Monetario Internacional (FMI) para contener los efectos de la crisis de deuda en ese continente.
 
El anfitrión de la cumbre agregó a periodistas de agencias internacionales que, aunque él no cree probable que se alcancen acuerdos específicos sobre Europa, piensa que es posible “un lenguaje y un compromiso mucho más orientado a una Europa fortalecida”.
 
El mandatario no quiso comentar acerca del monto específico de la contribución mexicana, que debería ser de al menos US$ 8.000 millones, dada la participación de México en el capital del FMI, y agregó que es lamentable que Canadá y USA no quieran aportar más dinero.
 
Calderón comentó que el monto superará los US$ 1.000 millones aunque Brasil ha mencionado los US$ 10.000 millones como un referente para la contribución. Todo un tema para la Argentina...
 
Durante la inauguración del Centro de Convenciones, donde este lunes 18/06 y martes 19/06 se desarrollará la cumbre de líderes, con el muro verde más grande del mundo y una superficie de 26.000 m2, acompañado por el gobernador de Baja California Sur, Marcos Covarrubias, el jefe del Ejecutivo mexicano comentó: “Vamos a tomar las decisiones más importantes que el mundo tenga enfrente por tomar en muchos años, quizá décadas, porque nos toca enfrentar la segunda peor crisis más importante de la historia moderna de la humanidad”.
 
Luego, él le otorgó la Orden del Águila Azteca al presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick; a la directora de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan; a Rajendra Pachauri, presidente del Comité Intergubernamental de Cambio Climático; y a Nicholas Stern, presidente del Instituto Grandtham de Investigación Sobre el Cambio Climático y Medio Ambiente del Reino Unido.
 
Desde que los líderes del G-20 se reunieran en Toronto (Canadá) a mediados de 2010, cuando la crisis financiera se concentró en el mercado de deuda pública europeo, "el G-20 ha dejado de ser la instancia resolutiva que fue en 2009. Y la cuestión es que ahora la crisis está entrando en una de sus fases más profundas”, apuntó Manuel de la Rocha, coordinador de economía internacional de la española Fundación Alternativas.
 
 
"(...) Desde entonces, las soluciones europeas, siempre parciales, siempre tardías, han elevado la tensión financiera y las dudas entre los líderes mundiales. La repetición de las elecciones griegas, ante la imposibilidad de formar Gobierno en mayo, evidencian los límites de un rescate condicionado a un sinfín de medidas de ajuste, depresivas. Y el mal recibimiento de los mercados al plan para rescatar la banca española, por hacer responsable al Gobierno de Rajoy de la devolución del préstamo, avivan la exigencia de decisiones rápidas y contundentes. Una exigencia que ya solo puede concentrarse en Alemania, el catalizador de la respuesta europea a la crisis, el país que tiene la última palabra en las grandes reformas que aguardan a la zona euro.
 
“Ya saben lo que tienen que hacer para hacer funcionar la unión monetaria, deben aclararlo cuanto antes”, afirmó el miércoles el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, en referencia al debate sobre cómo articular unión bancaria y una unión fiscal en la zona euro. “Sería injusto considerar que Alemania es la única fuente de problemas”, dijo, en una de esas disculpas que suenan a acusación, antes de añadir: “Todo el mundo les está mirando”.
 
Apenas unas horas después, ante los parlamentarios alemanes, Merkel retomaba el hilo allí donde lo había dejado Geithner. “Todas las miradas se dirigen a Alemania”, concedió la canciller, “pero no tenemos un poder infinito, nuestra responsabilidad como primera economía europea es desplegar nuestra fortaleza de forma creíble”. La dirigente conservadora fue explícita al fijar los límites de la cumbre del G-20. “A todos aquellos en Los Cabos que esperan de Alemania una solución milagrosa, ya sea eurobonos, cambios en los fondos de rescates, un mecanismo europeo para garantizar depósitos, miles de millones y otras muchas cosas”, advirtió: “Todos los planes, todas las medidas, serán una mera ilusión si van más allá de la capacidad de Alemania”.
 
En las últimas semanas, el Ejecutivo de Merkel se ha resistido a lo que tilda de soluciones milagrosas: todo aquello que eleve, aún más, la implicación alemana en el apoyo a otros socios en problemas sin que la zona euro se haya dotado del poder suficiente para evitar que los Estados vuelvan a desviarse (en el déficit, en la deuda privada, en la competitividad) de las políticas que Berlín considera virtuosas. El Gobierno alemán cree que la necesaria cesión de soberanía apenas ha comenzado. Y que, hasta entonces, cualquiera de las propuestas que se baraja —inyectar dinero en la banca sin pasar por los Estados, impulsar una intervención directa en los mercados del Banco Central Europeo, asumir de forma conjunta el riesgo de parte de la deuda pública de los Estados del euro— pondría en riesgo la credibilidad de Alemania, algo que empujaría la crisis del euro a otra dimensión.
 
“En Los Cabos habrá mucha presión, pero dudo que Alemania cambie de posición, está muy cerrada a las influencias externas. Solo EE UU tiene capacidad para hacerse oír”, opina el investigador Steinberg, también profesor en la Autónoma de Madrid. Conforme se acerca la cumbre, el coro de reclamaciones sube de tono. Y no todos han sido tan sutiles como el secretario del Tesoro de EE UU.
 
“Ya no sé si el Gobierno alemán necesita que Grecia se vaya del euro para poder explicar a sus ciudadanos por qué necesitan hacer cosas como la unión bancaria o los eurobonos”, disparó George Osborne, ministro de Hacienda británico. “Yo rogaría a los dirigentes europeos que actúen, como les ha pedido EE UU”, planteó el ministro de Finanzas japonés, Jun Azumi. Su homólogo australiano, Wayne Swan, reprochó que la zona euro “haya echado a perder varios meses de calma relativa”, tras las dos inyecciones multimillonarias de liquidez que practicó el BCE en diciembre y febrero."