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Los préstamos estudiantiles ¿los subprime del futuro?

En USA -país que exporta educación atrayendo estudiantes de todo el mundo-, continúan aumentando los costes de la educación en un contexto de salarios fijos para sus nacionales, mayor morosidad y un desempleo que se ensaña con los jóvenes. Ante ese escenario, lo que hoy se presenta como un problema incipiente, tiene potencialidad de crisis.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El problema es incipiente pero tiene potencialidad de crisis. 
 
Cualquiera que haya vivido la experiencia de estudiar en USA habrá notado como los estudiantes locales conviven con una realidad que nos es ajena a la mayoría de los argentinos y, por extensión, a los latinoamericanos y, en cierta medida a los europeos: los estudiantes estadounidenses son, en mayor o menos medida, sujetos de crédito, lo que es decir, deudores presentes y futuros por su educación actual.
 
En America Latina la práctica no está tan arraigada ya que el crédito es más bien escaso por estos pagos y las prioridades son, guste o no, otras. Europa, con los recortes actuales, fundamenta más las facilidades crediticias en el rendimiento académico (mediante sistemas de becas) que en las posibilidades de recupero.  
 
Sin duda, el fenómeno de la necesidad de financiar la educación es algo que poco común por estos pagos pero moneda corriente en el país del norte. En mayor o menos medida, dependiendo de la institución a la que se acuda (no es lo mismo una universidad pública -que no por eso gratuita- que una perteneciente a la Ivy League) y de que familia se proceda, casi la totalidad de los estudiantes universitarios estadounidenses se encuentran endeudados. 
 
Ahora bien, con una situación económica general que no termina de repuntar tras largos años de estancamiento y recesión, y frente a una mayor morosidad, no son pocos los que señalan la potencialidad de una nueva crisis. 
 
El combo es explosivo: por un lado tenemos unos costos de la educación que exceden los salarios por lo que la demanda de esos créditos es mayor -agotando stock-. Por otro lado, tenemos una tasa de desempleo juvenil que dificulta el repago de esos créditos a futuro, por lo que las instituciones financieras se muestran muy cautelosas, muy remisas, o muy onerosas a la hora de conceder este tipo de préstamos. 
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El tema del desempleo juvenil es especialmente preocupante ya que para los jóvenes entre 25 y 34 años es mayor que el promedio para los adultos (8,7% versus 8,3% en febrero de 2012, según la Oficina de Estadísticas Laborales de USA).
 
Y claro está, la incapacidad para poder repagar afectan tanto a prestamista como a prestatario quien queda “hipotecado” a futuro. De más esta decir que en ese escenario, la economía en general también se reciente. 
 
En los últimos años, la situación no ha hecho sino profundizarse a punto tal que a estas alturas, es más el dinero que se debe por estos préstamos que financian programas educativos que lo que se debe por consumo con las tarjetas de crédito, según surge de la información provista recientemente por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y el Departamento de Educación de USA.
 
"Gracias a que la deuda por préstamos estudiantiles es mayor que la deuda por tarjetas de crédito en USA, y que los prestatarios afligidos tienen pocas posibilidades o ninguna, USA enfrenta la posibilidad muy real de otra amenaza económica importante a la par de la devastadora crisis de las hipotecas", señaló un informe de febrero producido por la Asociación Nacional de Abogados de Bancarrota Personal (Nacba, por sus siglas en inglés).
 
Según estadísticas reveladas en 2011, el número de préstamos estudiantiles otorgados en 2010 superó la marca simbólica de los US$ 100.000 millones. Además, en ese momento se informó que el total de deudas pendientes pasaría la barrera del US$ 1 billón por primera vez.
 
El aumento en el número de préstamos va de la mano de otra cifra que el departamento de Educación de USA presentó en septiembre y que indica que la tasa de mora para quienes tienen un préstamo educativo pasó del 7% en el año fiscal 2008 al 8,8% en 2009, la cifra más alta desde 1997.
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En otras palabras, de los 3,6 millones de personas que empezaron a pagar sus préstamos entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009, unas 320.000 entraron en cesación de pagos el 30/09/10.
 
En ese sentido, el informe de la Nacba mostró que el 81% de los abogados especializados en quiebras estima que los clientes potenciales con deudas por préstamos estudiantiles aumentaron "significativamente" o "algo" en los últimos 3 o 4 años.
 
Sin embargo, el pesimismo se cuenta con gotero. Por lo menos en lo inmediato, no se avecina nada grave. Pero que no sea urgente no significa que no sea importante y, probablemente trascendental en términos tanto económicos como educativos. 
 
Mark Kantrowitz, autor de 3 libros sobre ayuda financiera para estudiantes, explica que él no cree que estemos cerca de una burbuja de deuda estudiantil y califica la encuesta de Nacba como una serie de "afirmaciones aproximadas" e "impresiones".
 
Kantrowitz dice que lo que sí cree que estamos viendo es "un periodo de una caída severa en la asequibilidad estudiantil".
 
Según el centro Pew, una cifra récord de estudiantes está egresando o incluso abandonando la universidad con una significativa deuda sobre sus espaldas y un cronograma de pagos que es tanto pesada como extendida en el tiempo. A más de otros efectos, estos estudiantes salen al mercado laboral con una obsesión en su cabeza: repagar lo que se debe. La vocación y el entusiasmo por la realización propia y profesional queda, lamentablemente, relegada a la satisfacción en primer término del prestamista. Eso a la economía tampoco puede ayudarle demasiado, especialmente para una economía que se fundamenta, entre otras cosas, en su capacidad de innovación. 
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Para argumentar su posición, el escritor explica que la gran mayoría de los préstamos estudiantiles están garantizados por el gobierno federal y que sólo un porcentaje ínfimo de los estudiantes no puede pagar sus préstamos.
 
La probabilidad de una crisis similar a la de las hipotecas se reduce si se tiene en cuenta, además, que el mercado de préstamos estudiantiles es 10 veces más pequeño que el mercado de hipotecas residenciales. ¿Se tardará 10 veces más antes de que esta burbuja explote? ¿Serán sus efectos 10 veces más suaves? Difícil -si no imposible- anticiparlo. 
 
Kantrowitz, de hecho, no descarta del todo que el panorama actual pueda desencadenar a largo plazo una crisis de mayores proporciones.
 
"Si continúan las tendencias actuales en la misma dirección en que se dirigen desde hace 4 décadas, entonces probablemente entre 2020 y 2030 podremos hablar más de una crisis".
 
"Ahora no hay una burbuja universal de los préstamos estudiantiles. Puede haber microburbujas en instituciones particulares o áreas de estudio. Pero todavía no es una situación penetrante", dice.
 
"Tendrán que pasar décadas antes de que se vuelva penetrante, pero siempre y cuando se reduzca el crecimiento anémico actual de las becas y continúen aumentando los costos", concluye.
 
¿Y no es eso lo que está pasando?