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LA TETA DEL CAMPO

Autoconvocados #23A, de Jorge Remes Lenicov a Martín Guzmán

El campo hacia Plaza de Mayo el 23/04: ¿es el espíritu de 2008 (Martín Lousteau / Los K) o el temor a 2002 (Jorge Remes Lenicov)?

Hay una variedad de consignas que productores agropecuarios varios enuncian para el sábado 23/04 cuando el campo anuncia una numerosa marcha hacia Plaza de Mayo, en Ciudad de Buenos Aires, una advertencia al ministro Martín Guzmán para que suspenda su acoso a los ingresos agropecuarios con los cuales quiere pagar más y más planes sociales que no sabe / no puede / no quiere limitar; tendencia que comenzó en 2002 cuando Jorge Remes Lenicov inició la destrucción no sólo de la convertibilidad sino de mucho más que la convertibilidad.

Remes Lenicov creyó que ganaría el reconocimiento de muchos pero él se convirtió en un paria, igual que Eduardo Duhalde, aunque el ministro terminó eyectado mucho antes que el bañero de Lomas de Zamora. Para tragedia de Remes, fue Roberto Lavagna quien se quedó con su premio, pero es José Ignacio De Mendiguren quien llegó más lejos, pese a que fue promotor de la pesificación asimétrica mucho más que Remes Lenicov.

El poder necesitaba dinero y por eso, en nombre de la emergencia, reimplantó los derechos de exportación, mal llamadas 'retenciones', en forma 'temporaria', casi 13 años después que Carlos Menem las había eliminado. Obvio que si el campo paga Impuesto a las Ganancias carecen de sentido los 'derechos de exportación' o el concepto de las 'ganancias excepcionales' (tal como si hubiese un tope o regulación a las utilidades posibles ¿?). Luego, nunca finalizó el período 'temporario'.

También por necesidad de dinero extraordinario Néstor Kirchner impuso, ya ex Presidente, otro ingreso excepcional en 2008, que Martín Lousteau convirtió en la Resolución 125, que detonó una crisis político-social que realineó los planetas en la Argentina, una conmoción durante la que 'el campo' no se hizo cargo del Gobierno nacional sólo porque no quiso el mote de 'golpista', tal como sí le quedó para siempre a Duhalde.

En 2022, ante otra urgencia de ingresos, el campo decide ir hasta Plaza de Mayo, autoconvocado, en parte porque nunca hubo legislación de consenso sobre un programa agroindustrial prometido, y porque los políticos no merecen mucha credibilidad (¡ni Mauricio Macri eliminó las 'retenciones' pese a lo mucho que se había comprometido con ese desmonte).

Importante: las 'retenciones' resultan, antes que nada, una mentira: no son retenciones porque no se devuelven ni se pagan a cuenta de nada sino que son una imposición al exportador, quien debe pagarla antes de realizar la exportación, y que obviamente traslada al productor.

https://twitter.com/64Elcira/status/1516412912050573320
https://twitter.com/CampoMasCiudad/status/1516008696945557506
https://twitter.com/AGROAREA/status/1516482482522177545
https://twitter.com/CampoMasCiudad/status/1516205020106178560

De pronto, está claro que el #23A no es sólo contra las 'retenciones' sino contra el gasto público que quienes marcharán consideran excesivo, en especial en su capítulo de carga 'permanente' a los contribuyentes, una extorsión porque se las justifica en que, de lo contrario, los asistidos por el Estado serían ingobernables: ¿?

En verdad, muchos economistas -tanto del FdT como de JxC- se niegan a renunciar a las 'retenciones' y, cada vez que son consultados en privado por políticos, les dicen que aún 'hay margen' para o mantenerlas o aumentarlas, provocando un enojo en los productores agrícolas tanto con el FdT como JxC.

Es cierto lo que manifestó Iván Ordóñez en la revista digital Seúl:

"(...) el aporte de las retenciones a los cereales a las arcas estatales es relativamente bajo, mientras que el daño que producen en la rentabilidad de los cultivos es muy alto y reducen fuertemente la inversión tecnológica en ellos. (...)

Los impuestos a la propiedad de la tierra ya existen y, si bien aumentarlos vía alícuotas o valuación de los campos es mejor que tener impuestos a las exportaciones, todos los actores están acostumbrados a ver impuestos que sólo suben; la confianza en que la suba de uno eliminará al otro de manera permanente está demasiado dañada. Por otro lado, el impuesto inmobiliario rural es recaudación provincial que la Nación debería relegar y bienes personales impacta en otros activos.

Finalmente, vale la pena estudiar la idea de generar un bono que cotice en el mercado a cambio del pago de retenciones, lo que eventualmente generaría un mercado secundario que le permitiría al productor agropecuario en el corto plazo recuperar algo del valor, mientras que en el largo devolvería el cuantioso financiamiento que este otorga al Estado. Claro que a un ritmo de emisión de US$ 6.000 millones anuales se haría insostenible en pocos años.

Todas estas iniciativas tienen la complejidad de tener que identificar a quién impactó la retención, ya que quien las paga (el exportador) las traslada al productor en general en su totalidad. No es imposible, pero tampoco es fácil. Si las opciones presentadas para eliminarlas parecen insuficientes es porque en verdad lo son, por lo que vale la pena pensarlas entonces como una batería de herramientas para reducir parcialmente sus efectos más nocivos. Ninguna de estas medidas podría reemplazar totalmente a las retenciones y todas deberían aplicarse en forma relativamente gradual. (...)".

Esta última concesión al esquema de retenciones que firma Ordóñez en Seúl es una contradicción típicamente macrista pero se la cita porque hay quienes la repiten.

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