El 2026 cierra como un año de consolidación política para Javier Milei. El Presidente no solo logró imponerse en las elecciones de octubre en todo el país, sino que también renovó su equipo de ministros, superó sin mayores costos los escándalos de LIBRA y ANDIS, y consiguió cerrar el año con dos leyes clave aprobadas en el Congreso: el Presupuesto y la Ley de Inocencia Fiscal. En un escenario que hace apenas un año parecía improbable, Milei termina el calendario con la iniciativa política intacta y más poder.
BUEN AÑO PARA EL PRESI
Poder, fe y aislamiento: Victoria Villarruel se repliega en la Iglesia y Milei amplía su base
La vicepresidente Victoria Villarruel quedó fuera de todo esquema de poder y ese es uno de los logros del 2025 que en la Rosada festejan.
Sin embargo, entre esas victorias hay una que no figura en ningún boletín oficial, pero que en la Casa Rosada consideran central: el progresivo desplazamiento de Victoria Villarruel de los principales espacios de poder. La vicepresidenta, que supo ser una figura gravitante durante los primeros meses de gestión, hoy quedó relegada a un rol estrictamente protocolar y administrativo en el Senado. La interlocución política, las negociaciones sensibles y el vínculo con los bloques parlamentarios pasaron a manos de Patricia Bullrich, convertida en una pieza clave del engranaje libertario.
Victoria Villarruel aislada y sin poder
El corrimiento de Villarruel no fue abrupto, sino gradual. A lo largo del año se profundizaron las diferencias con el Presidente, tanto en términos de agenda como de posicionamiento público. Mientras Milei consolidaba su liderazgo y avanzaba con una reconfiguración del poder interno, la vicepresidenta fue perdiendo centralidad en las decisiones estratégicas. Hoy, en el oficialismo admiten que su margen de influencia es mínimo.
En ese contexto de aislamiento político, Villarruel comenzó a fortalecer un perfil alternativo: el religioso. Lejos de la mesa chica del poder, la vicepresidenta encontró en la Iglesia Católica un espacio de respaldo simbólico y de construcción de vínculos. En las últimas semanas, encabezó actividades de fuerte contenido institucional junto a representantes del catolicismo, incluida la inauguración de un oratorio en el Senado, bendecido por altas autoridades eclesiásticas.
La vice se refugia en la fe y la Iglesia Católica la recibe
El gesto no pasó inadvertido. Menos aún si se lo observa en contraste con el recorrido de Milei, que viene profundizando su acercamiento a la comunidad evangélica. A lo largo del año, el Presidente recibió en varias oportunidades a pastores en la Casa Rosada, participó de encuentros de oración y mantuvo diálogo fluido con referentes del evangelismo local e internacional. Un vínculo que, en el Gobierno, explican por afinidad ideológica y por la ausencia de cuestionamientos públicos a la política económica y social del Ejecutivo.
La relación con la Iglesia Católica, en cambio, es más distante. Si bien Milei mantiene gestos de respeto institucional, el contacto directo con la cúpula eclesiástica fue escaso. Incluso, pedidos formales de audiencia quedaron sin respuesta durante meses, lo que generó incomodidad entre algunos sectores del Episcopado. Las diferencias no son nuevas: los obispos suelen expresar reparos sobre el impacto social del ajuste y la situación de los sectores más vulnerables, un tono crítico que incomoda al oficialismo.
En este escenario, la figura de Villarruel aparece como un puente posible entre la política y el catolicismo tradicional. Cerca de la vicepresidenta sostienen que su acercamiento a la Iglesia no responde a una estrategia coyuntural, sino a una convicción personal y a una lectura institucional: el Senado, como representación de las provincias, refleja una Argentina donde la tradición católica sigue teniendo un peso central.
Milei prefiere a los evangélicos
Mientras tanto, Milei avanza por otro carril. Su creciente inserción en el mundo evangélico le permite sumar apoyos en un sector en expansión, con fuerte presencia territorial y capacidad de movilización social. En un país donde la religión también juega en clave política, el Presidente y su vice parecen transitar caminos cada vez más separados.
Así, el cierre de 2026 deja una postal elocuente: Milei fortalecido, con control del poder político y legislativo; Villarruel desplazada de la toma de decisiones, pero activa en un terreno simbólico y cultural que también tiene peso en la Argentina. Dos liderazgos, dos estrategias y una distancia que ya no es solo política, sino también espiritual.
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