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LAS MADRES NO MUEREN

Mi mamá es distinta a la mamá de Javier Milei

'Bigote' Acosta: "Yo recuerdo el día que mi vieja cumplía años. Javier Milei puede ir a darle un beso. Esa diferencia es muy, muy grande. Ojalá se dé cuenta."

Javier Milei avanza hacia sus 54 años: el 22/10. Hijo de Norberto Horacio Milei y Alicia Luján Lucich. Rumores y especulaciones acerca de la relación / no relación entre Milei y sus padres. No es igual un Presidente buen hijo que un Presidente mal hijo. Tampoco es equivalente un Presidente que dialoga con sus padres -ya que los tiene con vida- que un Presidente que no mantiene relación con sus padres. Es lo que dice 'el Bigote' Raúl Acosta, que cumplió 80, otra generación. Acosta dice que su mámá es -las madres nunca mueren- distinta a la mamá de Milei:

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Javier Milei, sus padres y su hermana Karina, 47 años atrás.

Javier Milei, sus padres y su hermana Karina, 47 años atrás.

ROSARIO. “Una vez salí de la casa materna. Eso fue disparar hacia delante. Cuando se murió mi madre ya no supe adonde disparar”.

Las madres no mueren. La mía sigue viva porque hay una conexión que está fuera de toda consideración racional.

Es extraño el tema, siempre se trata con nostalgia, con el '¿te acordás?', y hay perfumes y olores que recuerdan la casa y la vida en eso que llamamos 'lugar natal', pero que es más y más difuso porque se trata de una bruma sentimental que, ay, no vuelve más.

Dos veces entrevisté a Mario Bunge. Le recordé, en la primera entrevista, una frase suya: “Un libro es un espejo para mirarse el alma”. Pregunté cuál era su libro. El tomo de la Enciclopedia Británica donde aparece la definición de 'Madre', y fíjese, me dijo, la acercan a tierra, que es femenino y no a Patria, que es Pater y es otra cosa.

Edipo

Una cuestión llevó a la otra. Bunge tenía una cercanía muy grande con Rosario, su madre había trabajado en un hospital que ya no existe del mismo modo. Era agradable escucharlo contar una infancia y esa diferencia de sustancia entre su madre y su padre.

En la memoria de aquella charla, el punto sustantivo fue cuando él sostuvo, de un modo tan serio que terminaba en tragicomedia, que la Psicología no era ciencia, porque la Ciencia reconoce el principio de falibilidad, y la Psicología parte del Complejo de Edipo, tal como un Dogma y los dogmas son los de Fe y allí no cabe la Ciencia y el reconocimiento del error y el empezar de nuevo. Me ha servido, me sirve para volver irascibles a psicólogos con TOC sobre su doctorado y el rigor… científico.

A poco que lo pienso en Mario Bunge ese asunto, de Don Edipo, era valioso (Dogma y/o Superchería) ya que recordaba al Hospital Británico y el trabajo de su madre con respeto, con admiración, lo exhibía. Su madre ya no estaba, claro, él había disparado hacia delante y ya no tenía donde disparar.

Las hermanas

Las madres, fuera de “la complejidad de los complejos”, definen, pero acaso no sea sólo la madre, tal como quiere un documento de identidad, sino cómo funciona el eje de una pequeña comunidad y quién nutre de ejemplos a los que allí crecemos.

Hay remplazos, difícilmente ausencias, en esto de crianzas sencillas o complejas pero diré algo obvio: todos crecemos y tenemos una cargazón en la espalda y esa mochila es la que lleva el peso del cómo, dónde y cuándo crecimos. El con quien, si se me permite volverme oscuro. El “con quien”, aún en la más completa soledad del abandonado en la calle, la sociedad define y no estamos solos porque – otra vez la obviedad – es comunitaria nuestra forma de ser.

Mi madre me parió siendo una muchacha grande, con 36 años. Quiso repetir el azaroso triunfo a los 40 y perdió todo su aparato reproductor y dos fetos, dos hermanas que nunca llegaron. Es diferente la vida de quien tiene y quien no tiene hermanas.

Es cierto que las primas suelen ser una muleta, pero un varoncito criado en un sitio donde nunca habrá una hermana es diferente a un lugar donde hay una hermana y, si ésta es mayor, no puedo imaginar esa vida, solo sé que entre madre y hermana (ese otro componente entrañablemente familiar) es diferente.

Tal vez no quiera decirlo quien así se encuentre ubicado, pero no hay modo de escaparse a la más visible realidad: estuve solo. Los fraternos son distintos.

Confesión: estuve encontrando (buscando) hermanos en mis amigos toda mi vida, aún hoy. Tal vez los que se crían de a muchos tienen cuestiones diferentes y dependencias inarreglables porque son de crianza. Confesión: estuve encontrando (buscando) hermanos en mis amigos toda mi vida, aún hoy. Tal vez los que se crían de a muchos tienen cuestiones diferentes y dependencias inarreglables porque son de crianza.

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Norberto Horacio Milei y Alicia Luján Lucich, padres de Javier y Karina Milei.

Norberto Horacio Milei y Alicia Luján Lucich, padres de Javier y Karina Milei.

El gen de la lectura

Mi madre era maestra, todos en esa, mi familia, tenían, teníamos padres o tíos maestros. El hábito de la lectura era casi genético, si se permite una exageración. Era un mandato familiar. De diversos modos mi madre complicaba mi vida si no leía, y la facilitaba si me convertía en un lector. Nada de látigo, si de comparaciones, sugerencias, suspiros, frases con el punto justo de sazón.

Se sabe, con los años sé a quiénes los “mandaron” a leer y tienen esa cargazón en la mochila mencionada.

También es visible el desprecio por la lectura de quienes no fueron formateados para leer por la madre, el hogar, la calle donde nos encontrábamos, la escuela donde fuimos y la sociedad que lo pedía.

El colofón es interpretar de otro modo las diferentes formas de la comunicación. Matices, posibilidades, defectos, la irrenunciable decisión sobre el futuro que la comunicación posee.

Una comunicación de 240 caracteres se recibe diferente en quien sabía leer y quien solo recibe eso: 240 caracteres. Aclaremos: leer es comprender. Ante las redes, quien no leyó se comporta diferente del que leyó… con agravantes del comportamiento si leyó mucho. Es así. Ni bien ni mal. Diferencias.

La mamá de Javier Milei

Hace pocos dìas, en una fecha de actos oficiales, vi al papá y la mamá del Presidente de los argentinos, nuestro, mi Presidente, según la Constitución Nacional.

Una señora muy seria. Un padre muy serio. No pude menos que pensar en su vida. Ha llegado a Presidente y no puede renunciar a su pasado, a todo su pasado. Lo entiendo, no se puede renunciar a la crianza porque ésta nos definió, con o sin el Dogma del Edipo, con o sin Freud o Mario Bunge. La Casa. La cuadra. El Barrio. La escuela. Los libros. Vamos…

Las madres no mueren. La mía sigue viva porque hay una conexión que está fuera de toda consideración racional.

¿Con qué libros se mira el alma Javier Milei según el criterio de Mario Bunge? (“Un libro es un espejo para mirarse el alma”).

Hay una sencilla comprobación con los hechos cotidianos del Presidente: todos crecemos y tenemos una cargazón en la espalda y esa mochila es la que lleva el peso del cómo, dónde y cuándo crecimos. El 'con quien', si se me permite volverme oscuro. El 'con quien', Milei no puede escaparse de su pasado, ni queriendo… ché.

¿Cuántos amigos tiene Milei?

Las biografías no cuentan el cotidiano. Es diferente la vida de quien tiene y quien no tiene hermanas. Es cierto que las primas suelen ser una muleta, pero un varoncito criado en un sitio donde nunca habrá una hermana es diferente a un lugar donde hay una hermana y, si ésta es mayor, no puedo imaginar esa vida, solo sé que entre madre y hermana, ese otro componente familiar, es diferente todo. Milei no puede escaparse a esa relación que Ingmar Bergman describiera hasta el fondo. La relación particularísima entre hermanos. Desconozco íntimamente, acepto que existe.

Confesión: estuve encontrando (buscando) hermanos en mis amigos toda mi vida, aún hoy. Tal vez los que se crían de a muchos tienen cuestiones diferentes y dependencias inarreglables porque son de crianza.

Milei, ¿de qué modo busca esas amistades fraternas?, ¿las tiene?… ¿le fueron dadas las armas para la confianza?… mi madre me dejaba llenar la casa de amigos que suplieran la infancia en soledad. ¿Lo dejaron a Milei tener amigos de joven, de niño?, esos que jugaron con uno a las bolitas, a las escondidas, a romper un vidrio o patear una pelota y mañana seguir y seguir en una conversación vital, vital, vital que quitaba presentaciones.

Amigos de la infancia que no tienen reveses… ¿los tuvo? ¿los conserva? Yo los tuve y los necesité… y estaban. Dan un modo de ser. Tal vez sea necesario abordar a Milei buscando cómo fue la vida de quien hoy es Presidente. No sólo la Escuela Austríaca o el relumbrón de Trump, Bolsonaro, Bukele, Meloni, Abascal, Netanyahu… y hay mas informaciones para este boletín. Tres años atrás le sumaba rating a un muchacho como Fantino. Hoy es otra cosa: es Presidente. Mi Presidente. ¿Ésa casa materna… cómo aparece? Porque estar, vamos, seguro que está.

Mi mamá es distinta

Es sorpresivo, a veces agresivo, seguramente muy Siglo XXI nuestro Presidente. También tiene formas de comportamiento, hábitos que pueden ser vicios o virtudes, según como se entiendan estos hábitos, pero hay una certeza de la que Milei no se puede escapar, por el acto elemental, la “simulación en la lucha por la vida” que pretende ejecutar día por día, hora por hora no le quita un punto original: Las madres, fuera de “la complejidad de los complejos”, definen pero acaso no sea la madre, como quiere un documento de identidad, sino cómo funciona el eje de una pequeña comunidad y quien nutre de ejemplos a los que allí crecemos.

Hay remplazos, difícilmente ausencia en esto de crianzas sencillas o complejas pero diré algo obvio: todos crecemos y tenemos una cargazón en la espalda y esa mochila es la que lleva el peso del cómo, dónde y cuándo crecimos.

Mi mamá es distinta, hasta generacionalmente, de la mamá de Milei; nos une el hecho biológico, después la crianza, pero creo que los dos rebatimos a Discépolo que, en el 1936 sentenciaba: “Oigo a mi madre aún, la oigo engañándome porque la vida me negó las esperanzas que en la cuna me cantó”…

Perdón…perdón. Encuentro, al cabo, una diferencia muy grande. Javier Milei, “el Javo”, no tiene nada de vida privada, no tiene ni corresponde que la tenga. Su madre, su barrio, sus amigos, su cuadra, su casa, todo es parte de una biografía pública. Dormimos diferente después de un domingo con sol. Yo recuerdo el día que mi vieja cumplía años. Milei puede ir a darle un beso. Esa diferencia es muy, muy grande. Ojalá se dé cuenta. Hay hasta teatro y cine sobre este punto. Muchos dicen que la vida es darse cuenta.

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