El gobierno de Javier Milei atraviesa una zona de fuertes turbulencias, con un horizonte cada vez más oscuro. Lo que sacude a la administración libertaria es una combinación de variables de la economía real, sumadas a escándalos de corrupción, internas que avanzan y un humor social que ya no perdona.
La economía no despega
La inflación dejó de ser un incendio descontrolado. El fogonazo se moderó, las tasas bajaron de intensidad y el discurso oficial insiste en que lo peor ya pasó. Sin embargo, la gran pregunta sigue flotando en el aire: si la inflación desaceleró, ¿por qué la economía no despega?
En la calle, en las pymes y en el comercio, la sensación es otra: la actividad sigue en modo defensivo.
Hay un termómetro que suele proyectar lo que ocurre en la economía real: la recaudación. Y ese termómetro hoy marca frío. En febrero cayó 9,7 % en términos reales interanuales y ya suma siete meses consecutivos en baja.
La industria tampoco da señales contundentes de recuperación. Según datos del INDEC, la capacidad instalada ociosa sigue siendo muy elevada —en varios sectores supera el 40 %—, lo que indica que hay máquinas paradas antes que proyectos nuevos. De ahí a pensar en invertir hay un largo trecho. La construcción, por su parte, continúa lejos de los niveles que había alcanzado en años recientes. La macro todavía genera dudas y el financiamiento sigue siendo caro y escaso. En ese contexto, las empresas prefieren esperar antes que arriesgar.









Deja tu comentario