Un estudio reciente basado en datos de la misión Magallanes de la NASA revela extrañas formaciones circulares en Venus que podrían estar relacionadas con actividad geológica interna. Estas estructuras, llamadas coronas, despiertan nuevas preguntas sobre qué procesos podrían estar moldeando la superficie del planeta. ¿Qué secretos guarda el interior de Venus bajo su densa atmósfera?
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La NASA vuelve a Venus y encuentra nuevas señales de vida... en su interior
Venus podría no estar tan dormido como creíamos. La NASA vuelve a mirar datos del pasado con ojos nuevos y se prepara para una misión que puede cambiarlo todo.
Huellas calientes bajo la superficie venusina
Cuando Magallanes sobrevoló Venus en los '90, usó radar para atravesar la densa atmósfera y conseguir mapas detallados de la topografía y gravedad del planeta. Entre todas las formaciones geológicas, las coronas (unas estructuras ovaladas que pueden tener cientos de kilómetros de diámetro) fueron las más misteriosas: están rodeadas por fracturas y signos de tensión en la superficie que sugieren fuerzas internas potentes.
Gael Cascioli, autor principal del estudio y científico de la Universidad de Maryland y la NASA, explica: "Las coronas no existen hoy en la Tierra, pero pueden haber estado presentes en nuestro planeta cuando era joven, antes de que la tectónica de placas se estableciera." Detalle no menor porque Venus no tiene placas tectónicas como la Tierra, donde las placas se mueven, chocan y reciclan la corteza. Más bien, su corteza es una sola pieza, con un grosor de entre 40 y 65 km según modelos de Justin Filiberto, del Centro Johnson de la NASA.
Lo interesante es que, aunque no tenga placas móviles, la corteza venusina parece romperse y fundirse por efecto de la presión y el calor, un proceso llamado metamorfismo, produciendo que partes de la corteza se "desprendan" y se hundan en el manto, o que el material caliente ascienda en forma de plumas que empujan hacia arriba la superficie, formando las coronas. En total, se identificaron 75 coronas con signos claros de estas plumas calientes, un fenómeno que también podría explicar erupciones volcánicas activas en Venus, un dato que ya empezó a confirmarse con observaciones recientes.
VERITAS, la nave que nos va a sacar las dudas
Para estudiar todo esto con lujo de detalle, la NASA está armando la misión VERITAS, que debería despegar no antes de 2031. Este satélite tendrá tecnología de radar súper avanzada capaz de generar mapas 3D de Venus con una resolución hasta cuatro veces mejor que la de Magallanes, además de un espectrómetro infrarrojo para analizar la composición química de la superficie.
VERITAS también va a usar radio para medir el campo gravitatorio del planeta, lo cual va a permitir entender mejor qué pasa debajo de la corteza y detectar plumas calientes con precisión. Suzanne Smrekar, la científica que lidera VERITAS, dice: "Los nuevos mapas podrían revolucionar nuestro entendimiento de Venus, y también de cómo se formaron y evolucionaron planetas rocosos como la Tierra."
Este nivel de detalle ayudaría confirmar si las coronas siguen activas, si hay volcanes funcionando, y cómo interactúan la corteza, el manto y la atmósfera venusina. Los datos que lleguen de VERITAS podrían redefinir la geología planetaria y también aportar a la búsqueda de vida en otros mundos, entendiendo mejor cómo los planetas pueden cambiar con el tiempo.
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