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DOS VIRUS

La llamativa similitud entre un coronavirus del cerdo y Ómicron

La historia de un virus detectado el siglo pasado en cerdos arroja una hipótesis sobre el futuro del coronavirus que causa COVID-19 en humanos.

Mucho antes del coronavirus que causa COVID-19, en 1946 investigadores veterinarios informaron que algo que invadía las entrañas de los cerdos estaba causando diarrea, vómitos, pérdida de peso y matando a la mayoría de ellos.

Con el tiempo, resultó ser un coronavirus al que se denominó virus de la gastroenteritis transmisible (TGEV).

Hasta el día de hoy, TGEV no dañó a un ser humano y su relación con el SARS-CoV-2 es distante. Pero después de extenderse por todo el mundo en la década de 1970 tomó un giro extraño.

La enfermedad desapareció cuando una variante más transmisible, pero menos dañina, inmunizó a los cerdos contra el virus original.

“La mejor vacuna contra el coronavirus fue creada por la naturaleza”, comentó Stanley Perlman, un investigador de coronavirus de la Universidad de Iowa a Science.

El destino de TGEV se resolvió hace años, pero recientemente algunos investigadores se preguntaron si la última variante preocupante del SARS-CoV-2, Ómicron, podría dar un giro similar en la trama de la pandemia.

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¿Una vacuna natural?

Ómicron está causando demasiadas enfermedades graves y muertes como para celebrarlo como el fin de la pandemia. De hecho, la semana pasada provocó un mayor número de muertes diarias en Estados Unidos que la variante Delta en su apogeo.

Algunos sospechan que también resultará ser una “vacuna natural” contra cepas más patógenas.

A diferencia de las vacunas COVID-19, las vacunas veterinarias para TGEV tuvieron poco impacto y no pudieron contener las pérdidas masivas.

Pero a fines de la década de 1970, los agricultores experimentaron un alivio inesperado: la enfermedad causada por el virus comenzó a desvanecerse y desaparecer.

Los animales continuaron dando positivo para TGEV en las pruebas estándar, “pero el porcentaje de cerdos con anticuerpos fue muy alto”, recuerda Maurice Pensaert, pionero en estudiar este virus.

El científico pensó que tal vez algún otro virus relacionado estaba desencadenando la producción de anticuerpos, protegiendo a los ejemplares. En 1984 confirmaron la hipótesis y denominaron al nuevo virus como coronavirus respiratorio porcino (PRCV).

Así como Ómicron es significativamente diferente al SARS-CoV-2 original, ya que se dirige a los bronquios en el tracto respiratorio superior en lugar de a los pulmones, la variante TGEV atacó diferentes tejidos del cerdo.

Cuando surgió PRCV, "de repente tuvimos una infección respiratoria leve, se desarrolló una inmunidad colectiva generalizada y ese virus pudo superar a algunas de las otras cepas", explicó la viróloga especialista en coronavirus, Linda Saif.

A medida que se propagaba, las granjas aumentaron sus medidas para proteger a los animales de todos los patógenos, por lo que es difícil atribuir la desaparición de TGEV por completo a aquella vacuna natural.

“La esperanza de todos es que ese sea el caso con Ómicron”, reflexionó Saif.

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Fin de la pandemia

Los paralelos entre Ómicron y PRCV se quiebran considerando que la variante SARS-CoV-2 todavía está causando muchos casos de enfermedad grave en no vacunados.

Saif y Pensaert enfatizan que aún no sabemos si una infección por Ómicron protege a las personas de otras variantes que causan enfermedades graves más fácilmente.

A algunos les preocupa que Ómicron y Delta intercambien material genético para producir una variante con las peores características de ambos: la alta transmisibilidad de la primera y la severidad de la segunda.

Pero hay un escenario optimista sugerido por TGEV y PRCV: eventualmente se recombinaron en una nueva variante dominante en los Estados Unidos que se propagó más fácilmente, no causa enfermedades graves y pudo obstaculizar más las enfermedades graves.

Pero esta historia tiene un gran asterisco al final. En 2010, otro coronavirus de la familia comenzó a arrasar con los animales. El patógeno había circulado entre los cerdos durante décadas sin causar una enfermedad grave, pero luego apareció una cepa altamente virulenta en China.

Si la saga del virus de los cerdos tiene una moraleja, es que posiblemente Ómicron u otra variante posterior no proteja contra el próximo gran coronavirus.

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*Fuente: "A coronavirus variant once helped the global pork industry. Could one protect us?" de Jon Cohen para Science.

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