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SALUD Y ÉTICA

Aislamiento por gripe y otros virus, ¿legado de la pandemia?

Aunque muchos la experimentan como una infección leve, el virus de la gripe mata a 650.000 personas al año. ¿Debemos aprender a convivir con esas muertes?

Muchas empresas han comenzado a aplicar la política de aislamiento cuando sus empleados están enfermos. Pero hizo falta una pandemia para aprender esta norma ética: una persona debería tomar la responsabilidad de reducir el riesgo de transmitir los patógenos que contrae.

De hecho, una de las lecciones de la pandemia del COVID-19 es que la salud pública es responsabilidad de todos, o al menos debería serlo, escribe Jonathan Goodman para New Scientist.

El autor cuenta su experiencia, “hace varios años, cuando estaba trabajando en un hospital en investigación de salud, atrapé uno de los microbios que invariablemente se transmitían en el edificio. Decidí no asistir, pero no estaba tan mal como para no poder trabajar desde casa”.

No obstante, el gerente le informó que, como sucede en la lamentable mayoría de los casos, el hospital tenía una política: “si estás demasiado enfermo para ir a trabajar, estás demasiado enfermo para trabajar desde casa”.

El razonamiento de esta regla es sólido, pero sus efectos pudieron haber sido peligrosos. En situaciones similares, para evitar tomarse un día por enfermedad y atrasarse en el trabajo, muchas personas evitan el aislamiento e irían a la oficina, arriesgando a los demás de trasmitirles el virus.

Aislamiento tras contraer un virus

Las personas sienten mucha presión para ir trabajar, independientemente de cómo se sienten. Los datos lo corroboran.

Por ejemplo, un informe de 2021 del Chartered Institute of Personnel and Development encontró que el 75% de los empleados encuestados en el Reino Unido reportaron que continuaban trabajando cuando estaban enfermos o lesionados.

Diversas leyes y normas éticas en todo el mundo prohíben infectar a otra persona de forma intencional o imprudente, ya sea la COVID-19, otros virus y hasta infecciones de transmisión sexual.

Sin embargo, muchas personas no acceden al aislamiento, continúan trabajando y exponen a los demás cuando están enfermas, sin consecuencias legales explícitas.

“¿Deberían estos países considerar enjuiciar a la mayoría de los adultos que trabajan por infringir la ley? ¿O decidir que este comportamiento no es evidentemente imprudente? Ninguno, por supuesto, es agradable”, reflexiona el artículo en New Scientist.

Necesitamos un cambio cultural, no un marco legal, para alentar a los empleados, familiares y amigos a recuperarse de la enfermedad antes de regresar a su vida diaria. Las empresas también deben desempeñar un papel: la licencia por enfermedad debe ampliarse para proteger a otros empleados y al público, en lugar de verse como un beneficio exclusivo del empleado enfermo. Necesitamos un cambio cultural, no un marco legal, para alentar a los empleados, familiares y amigos a recuperarse de la enfermedad antes de regresar a su vida diaria. Las empresas también deben desempeñar un papel: la licencia por enfermedad debe ampliarse para proteger a otros empleados y al público, en lugar de verse como un beneficio exclusivo del empleado enfermo.

Aislamiento por gripe

La obligatoriedad del presentismo permite y perpetúa la transmisión de las enfermedades que infectan a cientos de miles cada año.

Un ejemplo claro es lo que sucede con la gripe. A pesar de que muchos la experimentan como una infección leve, la gripe estacional mata hasta 650.000 personas al año.

Esto significa 6.5 millones de muertes en una década, 2 millones más de las que han muerto debido a la COVID-19 en su corta historia.

Entonces, cuando los políticos dicen que se debería vivir con el coronavirus de la misma manera que con la gripe, están pidiendo que se acepten las millones de muertes evitables.

Por supuesto, el debate no es meramente sanitario. También es legal, ético y principalmente filosófico.

En un artículo publicado a principios de este año en Public Health Ethics, los filósofos Neil Levy y Julian Savulescu, ambos de la Universidad de Oxford, argumentaron que la COVID-19 pone en relevancia las normas sociales que debemos cambiar, no solo cuando enfrentemos futuras pandemias, sino con cualquier patógeno que represente una amenaza para la salud pública.

Si el coronavirus llegó para quedarse, entonces sumará argumentos a favor del aislamiento por otros tipos de virus.

Entre otros coronavirus, la gripe y los cientos de patógenos infecciosos que los humanos portan con implicancias desconocidas para la salud, se pueden evitar limitando el contacto con otros mientras se cursan los síntomas.

En lugar de tratar a la COVID-19 como la gripe, deberíamos tratar los brotes anuales de gripe y otros patógenos más como la COVID-19. La comodidad con la propagación de virus que no consideramos mortales es, en sí misma, una falla ética.

En la medida en que no se cambien las normas sobre el contagio, no se respetarán los millones de vidas que hemos perdido en los últimos 18 meses y que se pierden cada año por otras enfermedades.

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