MUNDO ALCA > Argentina > Política exterior argentina

A 16 AÑOS

En Argentina, el ALCA no fue lo único que se fue al carajo

A 16 años del "ALCA, ALCA, al carajo", el hastío de George Bush y el mito de la integración regional.

"Vamos a decirlo: ALCA, ALCA, al carajo… ¿Quién enterró al ALCA? Los pueblos de América enterramos al ALCA, hoy, aquí en Mar del Plata". Esa fue la frase con la que hace 16 años el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, sentenció a muerte al proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsado por USA.

Para algunos fue un acierto y una reivindicación de la soberanía regional y nacional pero para otros fue un error más en la política exterior Argentina y hasta el día de hoy seguimos viendo el mismo patrón cíclico y las consecuencias de aquel "no al ALCA".

Chávez hablaba ante miles de militantes de izquierda y del movimiento antiglobalización. También estaban Diego Armando Maradona y el entonces líder cocalero boliviano Evo Morales, el brasilero Inácio Lula da Silva, el entonces presidente argentino Néstor Kirchner y el uruguayo Tabaré Vázquez.

Se habían concentrado en un estadio en Mar del Plata para mostrar su rechazo a la IV Cumbre de las Américas. La cara del presidente estadounidense George Bush, quien se encontraba presente, nos hizo sentir incomodidad y, hasta a algunos, vergüenza ajena de lo que en ese momento estábamos escuchando. Es que cuando de trata de diplomacia y política exterior no somo el mejor ejemplo.

La escena pasó a la historia no sólo por la frase del mandatario venezolano, sino porque efectivamente a partir de esa fecha el proyecto del ALCA virtualmente desapareció en la práctica de la agenda política regional.

La propuesta del ALCA surgió durante la primera Cumbre de las Américas, realizada en Miami en 1994 con el objetivo de integrar todos los países del continente, con excepción de Cuba, en la que iba a ser la mayor área de libre comercio del mundo.

Sin embargo, no fue sino hasta la Cumbre de las Américas de Quebec en 2001 cuando la idea entró con fuerza en el debate político regional, tras la realización de protestas masivas organizadas por los grupos antiglobalización.

"Patotear con una simple mayoría, ideas que tienen tanto que ver con la vida de nuestros pueblos, ayuda muy poco a la convivencia de los pueblos" lanzó Kirchner ante la mirada furiosa del presidente de México, Vicente Fox y el gesto de hastío de Bush. El presidente argentino fue tajante. Lula y Hugo Chávez lo miraban con sonrisas cómplices y Tabaré Vázquez permanecía pensativo: como titular del Mercosur tendría que negociar el texto de la Cumbre de las Américas.

Néstor Kirchner en el No al ALCA en Mar del Plata

En conmemoración de los 16 años del "no al ALCA", el presidente Alberto Fernández se encontrará entre hoy (3/11) y mañana (4/11) con Morales y Rafael Correa los que comparte el objetivo de impulsar la denominada "Patria Grande".

Ese miso día Morales y Correa participarán de la reunión virtual "Hermanos de la Patria Grande", organizado por el diputado kirchnerista del Parlasur Oscar Laborde y al que se conectarán otros exmandatarios progresistas como la brasileña Dilma Rousseff, el colombiano Ernesto Samper y el paraguayo Fernando Lugo. También se sumarán otros argentinos como el diputado Eduardo Valdés y el senador cristinista Oscar Parrilli.

El error argentino

Las dinámicas políticas de la región latinoamericana están fragmentadas a lo largo de dos ejes: Norte-Sur y Atlántico Pacífico, explica el politólogo Andrés Malamud. El primer eje es estructural, casi inevitable. Mientras los latinoamericanos del Norte (México, América Central y El Caribe) profundizan su integración socioeconómica con USA, Sudamérica dependía en ese momento cada vez más del mercado chino.

El segundo eje es político y depende de decisiones domésticas. Usamos los océanos como referencia, pero lo fundamental es distinguir entre políticas públicas. ¿Cómo reaccionan los Estados ante la ola que viene de afuera? Algunos se cierran y otros se abren. El proteccionismo se dio mejor en mercados grandes y geográficamente distantes, como Brasil y Argentina, que casualmente se recuestan sobre el Atlántico. Mientras que la apertura más eficiente se da en mercados pequeños o demasiado interdependientes con el centro de la economía internacional, como Chile o México, que está geográficamente vinculados al Pacífico.

Durante la primera década del siglo XXI se produjo un fenómeno que cambio el mundo: el ascenso de China al palco económico global. Aunque la subida venía de antes, a partir del año 2000 se aceleró raudamente. Entre 1980 y 2015, el PBI chino pasó de ser un noveno del estadounidense a igualarlo.

El contraste norte-sur sólo se profundizó con la emergencia china. Cada vez son más los países sudamericanos para los que China es el principal socio comercial. Y acá es en donde Argentina encuentra su error.

El "no al ALCA" se dio en un contexto del boom de commodities y ascenso del mercado chino. Argentina, priorizó a China a USA. A la larga, los cambios de precios internacionales de las materias primas afectaron gravemente a nuestro país.

"No se puede estar bien con Dios y con el Diablo" resume la política exterior argentina. Nuestra elite política, hasta el día de hoy, no termina de entender cómo es el sistema internacional y cómo se manejan los Estados dentro de él. Nuestra política exterior está regida por la ideología y es justamente en eso en lo que vivimos equivocados. En el tablero internacional priman los intereses de los actores, no nuestra posición ideológica.

Ya lo dijo el analista internacional y presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico (IPE), Jorge Castro, a Urgente24. En el contexto actual del conflicto entre USA y China, estos dos países nunca dejaron de comerciar. Es más, su comercio bilateral se encuentra en niveles récords históricos y ha aumentado un 61%. En el momento más álgido de la Guerra Fría, en donde el mundo estaba divido en capitalismo-comunismo, el comercio bilateral entre USA y la URSS era de 2.000 millones de dólares por año. En este momento, el comercio bilateral entre USA y República Popular China es de 2.000 millones de dólares por día, detalla Castro.

Otro error, además de concentrase solo en China, fue el dejar en ridículo a George Bush, presidente de USA, país sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, organismos a los que siempre recurrimos para pedir préstamos. Y no se trata de una cuestión de "chupamedias", se trata de una cuestión de política diplomática.

En ese momento, Argentina le debía plata al FMI y a acreedores privados. En 2005, el año del "ALCA al carajo", nuestro país estaba tratando de reestructurar la deuda con los privados y recién en 2006 Néstor Kirchner anuncia que terminó con la deuda con el FMI (Fondos Buitres, tema aparte).

El mito de la integración latinoamericana

El rechazo al ALCA se escondía bajo la bandera de "integración latinoamericana". Alejar la influencia de USA de América Latina suponía una mayor soberanía regional y una mayor integración de las políticas y economías de los países de la región. Ya no hace falta advertir del fracaso, ya dejó de ser un "spoiler alert", sólo hace falta mirar la Unión de Naciones Suramericana (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Sin ir muy lejos de nuestros días: el fracaso de esta integración también se refleja en el Mercosur. Brasil, Uruguay y Paraguay defendiendo una mayor apertura económica y Argentina aferrado a un proteccionismo con un spot de unión latinoamericana.

El naufragio del proyecto de libre comercio también marcó el nacimiento de un nuevo proyecto integrador al que se le denominó como Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA), surgido del pensamiento bolivariano de integración.

El entonces presidente venezolano cuestionó abiertamente el camino del ALCA, al afirmar que se trataba de una opción, pero no de un destino que debía transitar obligatoriamente el continente.

En este sentido, Chávez planteó que la integración que América Latina y el Caribe debía surgir de la interpelación de los pueblos, de lo que querían y necesitaban realmente y reafirmar, primero, que la integración era un acto político y, por tanto, tenía que ver directamente con la voluntad y los polos de poder; y segundo, que eran los pueblos quienes debían decidir si el continente se integraba al ALCA o no.

Pero la decadencia de la integración se esconde bajo pilas de eufemismos, sostiene Malamud. El primero es la institucionalización: cada vez que surge un problema, los líderes regionales le echan encima una nueva institución.

El regionalismo latinoamericano es un enano cada vez más gordo: en lugar de crecer en profundidad, crece hacia los lados El regionalismo latinoamericano es un enano cada vez más gordo: en lugar de crecer en profundidad, crece hacia los lados

El segundo eufemismo son "las nuevas agendas": como estos bloques no formulan ni implementan políticas, sus funcionarios se dedican a discutir temas. Hagamos como que trabajamos o como Malamud dice: "el Versosur".

La integración requiere condiciones materiales como la complementariedad de las economías y, además, sujetos sociales capaces de llevar adelante las transformaciones requeridas. Pero las economías latinoamericanas, si bien ya no son competitivas entre sí porque el mundo post-hegemónico ofrece lugar para todos, tampoco son complementarias, porque el mundo tira para afuera más que para adentro dela región. Esto Argentina parece no entenderlo.

Hoy, como hace 16 años atrás, seguimos tapando apertura económica y libre comercio con la bandera de soberanía y unidad regional.

Enterate de todas las últimas noticias desde donde estés, gratis.

Suscribite para recibir nuestro newsletter.

REGISTRATE

Dejá tu comentario