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NO TIENEN IDEA

La incapacidad política argentina para ejercer el soft power

Sin tecnología militar sofísticada ni capacidad económica, el soft power toma importancia en Argentina pero, ¿la elite política sabrá, al menos, qué significa?

Desde que el politólogo estadounidenses Joseph S Nye Jr. introdujo el término soft power (poder blando) en el discurso de las relaciones internacionales en la década de 1980, países de todo el mundo adoptaron esta idea para aumentar su posicionamiento e influencia. Sin embargo, este no es el caso de Argentina, para quien esto es esencial pero no sabe cómo hacerlo.

¿Qué es el soft power? Según el politólogo de Harvard, que acuñó el término, el poder blando es la capacidad de un país para persuadir a otros para que hagan lo que quiere sin recurrir a la fuerza o la coacción. El soft power, dijo, radica en el atractivo de un país y proviene de 3 recursos: su cultura (en lugares donde es atractivo para otros), sus valores políticos (cuando está a la altura de ellos en casa y en el extranjero) y sus políticas exteriores (cuando son vistos como legítimos y con autoridad moral). Aunque más lento para producir resultados, el poder blando es un medio menos costoso que la fuerza militar o la influencia económica para conseguir que otros hagan lo que queremos (lo que se denomina como "hard power").

Uno de los mayores reflejos de soft power es China, el cual estuvo especialmente presente durante la pandemia por coronavirus en lo que denominó como "la diplomacia de las mascarillas" y, luego, de las vacunas. Pero más allá de lo sanitario, el gigante asiático se destaca en el comercio, la ayuda financiera y en infraestructura, también presente en el proyecto "La Nueva Ruta de la Seda".

Otro país que predica el poder blando con el ejemplo es India que, a diferencia de China, su poder blando se basa en su herencia civilizatoria y su destreza cultural. Como estado civilizatorio, el poder blando de la India se manifiesta en sus tradiciones milenarias y en su sabiduría, que aún tienen relevancia en la actualidad. Los sistemas de conocimiento de la India (IKS) no solo son extremadamente científicos, sino que también están intrincadamente entrelazados con la estética y la lingüística.

La profundidad de IKS se refleja en los aspectos tangibles e intangibles de la vida, desde la ciencia hasta la cocina y la arquitectura. Los templos de 5.000 años que continúan realzando su grandeza arquitectónica o la estatua de Nataraja (Shiva danzante) que adorna las instalaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) en Suiza transmiten la conexión universal entre los humanos y el cosmos que se defiende en IKS.

Otra herramienta del poder blando es la religión. Y así como India tiene el hinduismo, los países de Medio Oriente predican el Islam. Por ejemplo, cuando el ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, el jeque Mohammed Abdulrahman Al-Thani, describió las políticas represivas de los talibanes hacia las mujeres y la brutal administración de justicia como "muy decepcionantes" y dan a Afganistán "un paso atrás", estaba haciendo más que poner a Qatar como modelo de gobernanza islámica y ofrecer cobertura a los militantes para moderar sus caminos.

El esfuerzo del jeque Al-Thani para posicionar a su país como un modelo de gobierno islámico no solo fue un esfuerzo para ofrecer a los talibanes una alternativa, sino también un intento de ganar puntos en una competencia con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por el poder blando religioso en el mundo musulmán y el reconocimiento internacional como un icono de una interpretación autocrática, aunque "moderada" del Islam.

¿Y Argentina?

En el caso argentino, nuestro país no puede, y en un futuro próximo tampoco, tener militares equipados como se debe o proveerse de armamento de última generación. Recordemos que el brazo militar es una de las herramientas del hard power que utilizan los países para influir, la otra es su capacidad económica (bloqueos económicos, por ejemplo). Argentina ha tenido durante al menos una década uno de los presupuestos de Defensa más bajos de la región.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) presentó una vez más este año el Military Balance, donde se menciona el presupuesto de defensa argentino en comparación con el resto de los países de la región, además de un análisis de las capacidades militares del país.

La publicación muestra un balance del gasto militar para el año 2020 de la región latinoamericana y el caribe, ubicando a Argentina en un gasto de USD 2.9 por debajo de Chile con USD 4, México con USD 5.3, Colombia con USD 9.4 y Brasil con USD 22.1.

Sobre personal activo dentro de la fuerzas, Argentina se ubica en el puesto 7 del top 10, con 72.100 soldados en actividad, también por debajo de Chile. Brasil se encuentra en el puesto primero con 366.500 soldados en activo.

Además, afirma que el gasto en la región continúa languideciendo con bajos niveles de inversión debido a "un desempeño económico mediocre, desafíos sociales y la ausencia de importantes amenazas a la seguridad".

En conclusión, la publicación sostiene que las Fuerzas Armadas de Argentina cuentan con entrenamiento y equipo suficiente para cumplir con las tareas de adiestramiento, y misiones secundarias, pero que "cualquier ambición de proyección de poder se ve limitada por la escasez de fondos".

Entonces, ¿Qué nos queda?

Si no podemos tener un armamento de última generación ni personal adiestrado y equipado como se debe, y claramente la otra herramienta que es la económica ni siquiera está en nuestra perspectiva, lo único que nos queda es el soft power pero, al parecer, nuestra élite política no sabe cómo llevarlo a la práctica.

Ni siquiera podemos ejercer ese poder blando en la región latinoamericana. Aunque geográficamente hablando Argentina es el segundo país más grande, en términos económicos se encuentra tercero, por debajo de Brasil y México.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, el grado de concreción de las iniciativas argentinas o acciones de protagonismo para asistir a la resolución de las crisis política en la región fue sumamente limitado.

Su capacidad de influir para desenvolver poder convenciendo a otros actores, o bien negociando de la mejor forma posible sus iniciativas o acciones, estuvo disociada de la capacidad de atracción.

En esos momentos, aún siendo potencia media y uno de los principales países de Latinoamérica, renunció a desarrollar influencia contradiciendo lo realizado en otras épocas.

Justamente en las crisis políticas latinoamericanas, el ejercicio de poder blando era una opción cierta para cooperar en las respectivas soluciones institucionales, y sin embargo Argentina, en la mayor parte de estas crisis, no supo encauzar su participación activa detrás de tal opción, o bien no quiso investirse de potencia media.

Durante la presidencia de Mauricio Macri, Argentina, lugar del G20, regresó a estar presente en el informe de The Soft Power 30, el cual se basa en un ranking de países, de los cuales se selecciona los 30 primeros para ubicar la importancia de su poder blando. En el texto se destacó los "fuertes vínculos con Europa y con profundas raíces latinas, Argentina casa la pasión sudamericana y el cosmopolitismo europeo para posicionarse globalmente como un semillero cultural". Sin embargo, el préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) jugó muy en contra y se señaló como una debilidad.

Con la llegada de Alberto Fernández al poder, de la mano de CFK, se volvieron a ver las debilidades y la incapacidad del gobierno, sobre todo en el manejo de la pandemia y el complicado acceso a las vacunas contra el coronavirus; además del complejo proceso de reestructuración de la deuda y la relación con el FMI.

Pero no solo a nivel mundial, sino, también, regional. La chicanas hacia Brasil y Uruguay derivadas de las internas de apertura y flexibilización del Mercosur, el problema de la plataforma continental con Chile, hicieron que Argentina quede aislada incluso en su propia región.

El soft power no es una política de gobierno, es una política de Estado y ya sabemos cuánto le cuesta entender y diferenciar estos términos a la elite política de nuestro país.

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