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Los planes y el abuso de la pobreza... en democracia

Un análisis de la proliferación de planes asistenciales muestra que tienen poco de solidaridad social y mucho de uso de la pobreza para acumular poder político.

En su 20° aniversario, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) realizó un informe sobre la proliferación en esos años de los planes asistenciales, los cuales incluyen 2 tipos de beneficios para quienes no tienen un empleo formal:

- los que tienen condiciones de elegibilidad reguladas objetivamente y son administrados por ANSES: la AUH, las moratorias previsionales y el Progresar.

- los que se reparten desde el Ministerio de Desarrollo Social bajo reglas subjetivas que dan pie a la discrecionalidad. Funcionan básicamente en respuesta a presiones e intereses políticos: los planes alimentarios y el plan Potenciar Trabajo. Las pensiones no contributivas por invalidez son un caso especial. Proliferaron discrecionalmente desde el Ministerio de Desarrollo Social y luego fueron traspasadas a la ANSES.

Para conocer la evolución de estos beneficios en las últimas 2 décadas, toma datos de los Presupuestos Nacionales y observa que:

- En el 2002 había 2,9 millones de beneficios no contributivos concentrados en el plan alimentario y el Plan Jefas y Jefes de Hogar.

- En el 2012 había 9,4 millones de beneficios no contributivos porque se sumaron la AUH, las moratorias previsionales y pensiones no contributivas por invalidez.

- En el 2022 se llega a unos 14,1 millones de beneficios no contributivos fundamentalmente impulsados por el Progresar y el Potenciar Trabajo.

Con los datos, demuestra fácilmente la gran expansión de beneficios no contributivos tanto en momentos de crecimiento económico (entre los años 2002 y 2012, el PBI per cápita aumentó un 58%), como con estancamiento (entre los años 2012 y el 2022 el PBI per cápita se contrajo un -5%).

"Lo cierto es que, desde la crisis del 2002, los beneficios no contributivos prácticamente se quintuplicaron. Llama la atención que la expansión se dio con la economía en crecimiento y en contracción y con diferentes gobiernos. Sugiere que se trata de otra 'política de Estado' no explícita, pero ampliamente compartida", afirma IDESA.

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En los últimos 20 años, la cantidad de planes asistenciales prácticamente se quintuplicaron.

En los últimos 20 años, la cantidad de planes asistenciales prácticamente se quintuplicaron.

Recuerda el instituto que en medio de la crisis del 2002 "se justificó la distribución de 2 millones de Planes Jefas y Jefes de Hogar, y su masividad se presentó como transitoria. La crisis económica se superó más rápido de lo previsto gracias a la bonanza internacional, pero la crisis laboral no se revirtió. Si bien le siguió una década en la que el empleo formal aumentó, la cantidad de personas con trabajos informales (asalariados no registrados y cuentapropistas informales) nunca disminuyó de los 7,5 millones. Esto demostró que la insuficiente generación de empleos de calidad trasciende los ciclos económicos. Con el estancamiento que se inicia en el 2012, la proliferación del asistencialismo se potenció.

De ello se deduce que el asistencialismo es voluntarista. Su existencia y multiplicación, más allá de los intereses espurios que se filtran en su gestión, se fundamenta en la falta de buenas oportunidades de trabajo De ello se deduce que el asistencialismo es voluntarista. Su existencia y multiplicación, más allá de los intereses espurios que se filtran en su gestión, se fundamenta en la falta de buenas oportunidades de trabajo

¿Cómo salir de esta proliferación de asistencialismo?

Según IDESA, ello requiere ordenar la economía para impulsar un masivo proceso de inversión productiva, actualizar Ley de Contrato de Trabajo y los convenios colectivos de trabajo y, como el máximo desafío, recuperar la calidad educativa en las escuelas de gestión pública y privada ya que la degradación educativa es transversal Según IDESA, ello requiere ordenar la economía para impulsar un masivo proceso de inversión productiva, actualizar Ley de Contrato de Trabajo y los convenios colectivos de trabajo y, como el máximo desafío, recuperar la calidad educativa en las escuelas de gestión pública y privada ya que la degradación educativa es transversal

Y concluye que en 2023, año en que la democracia argentina cumple 40 años, debemos hacer una autocrítica por haber naturalizado el uso de los pobres para "hacer política" con el asistencialismo.

Llegando al extremo de degradación con el hecho de que la gente sea obligada a participar de un acto, marcha o publicidad para recibir algo del Estado.

Finalmente, recuerda que un componente esencial de la democracia es que la gente sea artífice de su propio progreso en base a su trabajo y no de la "generosidad" de un dirigente que le regala algo. Por eso, las soluciones no pasan por reformular el asistencialismo sino por ordenar el Estado para que sea posible una masiva y sostenida generación de empleos de calidad.

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