POLÍTICA

¿Cristina tiene algo más que Lescano?

Oscar Lescano no es suficiente para bajar a Hugo Moyano. Si Cristina Fernández solo tiene esa voluntad presionando en la CGT tendrá que esperar para liquidar al líder camionero, aún cuando la Casa Rosada insiste en que es impresionante la popularidad de la Presidente, ejemplificada con una encuesta de Hugo Haime. Comienza una semana muy interesante.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Intentando acercar posiciones con el Ejecutivo Nacional para obtener algún beneficio en la próxima convención colectiva de trabajo (que viene muy complicada para el sindicato Luz y Fuerza), Oscar Lescano, volvió a embestir contra Hugo Moyano pidiendo su renuncia: "Se está quedando cada vez más solo", aseguró el vocero de "los Gordos" de la CGT (Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo y algunos más).
 
"¿Dónde están los colectiveros de UTA? También se fueron. Otros se fueron colectivamente, como (Luis) Barrionuevo (jefe de la CGT Azul y Blanca) y nosotros ("los Gordos"). Su forma de ser no nos gustó y nos fuimos. Estábamos dibujados como un cuadro", aseguró Lescano a radio Mitre (Grupo Clarín). 
 
Según él, Moyano ya no puede contener ni a los gremios chicos de la central obrera porque "les roba los afiliados". 
 
"Moyano se tiene que ir ya, cumplió una etapa de su vida y políticamente fracasó, por lo que debería terminar su gestión", reclamó. 
 
"A la corta o a la larga, se tiene que ir", reiteró. 
 
Según Lescano, Moyano debe abandonar su mandato antes de junio, cuando se cumple su mandato al frente de la CGT. 
 
En cuanto a sucesores, el sindicalista planteó su preferencia por el jefe de la UOM, Antonio Caló; y el líder de SMATA, Ricardo Pignanelli, ambos con excelentes relaciones con el Ejecutivo Nacional. 
 
Sin embargo, Lescano tiene un problema: la táctica que comienza a desplegar Moyano acerca de las obras sociales y sus acreencias al Ejecutivo Nacional.
 
Durante el asado que tuvo el viernes 03/02 con otros dirigentes afines, Moyano instó a las 302 obras sociales sindicales a optar por la vía judicial para reclamar que se les abonen los $ 12.000 millones que, según los gremios, les adeuda el Estado.
 
Del dinero reclamado por la CGT, $ 10.500 millones provienen del aporte obligatorio que se les retiene a los trabajadores de sus respectivos salarios. 
 
El resto del monto surge de los reintegros de prestación de servicios de alta complejidad que se brindan a través de la Administración de Programas Especiales (APE).
 
Con ese reclamo, Moyano aspira a lograr una forzada unidad de acción en la CGT. "Hay coincidencias entre diferentes sectores en que el Gobierno no hubo respuesta alguna al asunto. La situación es grave", admitió el moyanista Omar Plaini (del gremio de los vendedores de diarios y revistas) al diario La Nación.
 
¿Y qué puede ocurrir ahora?
 
 
"Para el cristinismo puro, a estas horas, Hugo Moyano y Daniel Scioli ya son considerados dos parias: no tienen retorno. Sin embargo, peronistas al fin, ellos saben que sacar los pies del plato del PJ es un camino peligroso y, antes de dar las hurras, los dos están danzando un minué de resistencias para evitar el ostracismo.
 
El jefe de la CGT, más belicoso y de menos aceptación social, parece que ya ha roto todas las lanzas con el Gobierno y no las tiene todas consigo, en cuanto a que muchos gremialistas de a poco le van haciendo un vacío; el gobernador bonaerense, más paciente, con más de 54% de los votos él también en sus alforjas y vastos apoyos en su territorio, calcula hasta dónde puede aguantar su imagen, antes de que parte de la opinión pública lo pase definitivamente a la categoría de pelele.
[ pagebreak ]
 
Políticamente, el desborde de ambas situaciones hay que encuadrarlo en la actual preeminencia del grupo más radicalizado en el entorno presidencial, que podría estar llevando a Cristina Fernández a cierto desequilibrio de fuerzas. Las referencias a la "burocracia sindical" o el "llora, llora la derecha" que canta el cristinismo y los grupos afines para referirse respectivamente a los dos caídos en desgracia no es, ni más ni menos, que el marco conceptual que anima al actual núcleo ideológico gobernante. 
 
Sin embargo, aunque deja hacer, es posible que la Presidenta tenga algunas prevenciones, porque sabe muy bien que esas referencias peyorativas hacia los ex aliados, finalmente la rozan a ella y a su marido, ya que ambos se apoyaron en esos dirigentes durante ocho años. Pero es probable también que haya algún matiz en la evaluación de ambos personajes: lo de Moyano no tiene retorno; de Scioli, aún ella espera sumisión. (...)".
 
 
Cristina Fernández considera que cuenta con el poder suficiente, en términos de opinión pública, para llevarse por delante a Moyano, segun el relato de Raúl Kollmann en el diario Página/12, citando al sociólogo Hugo Haime:
 
"2 de cada 3 argentinos consideran que el desempeño de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es positivo, una proporción favorable exactamente igual a la que ostentaba la primera mandataria en octubre, cuando ganó las elecciones. 
 
Además, el 56% de los consultados dice que la Presidenta mantiene al país en el rumbo correcto. Estos datos sobresalen si se tiene en cuenta que se registraron después del anuncio de la quita de subsidios en los servicios de los sectores de mayores ingresos, los choques con Hugo Moyano, la enfermedad, el comienzo de los debates sobre aumentos salariales y la mayor implementación del SUBE. 
 
(...) Los datos surgen de una encuesta nacional realizada por Hugo Haime y Asociados. En total se entrevistaron a 1.100 personas en todo el país respetándose las proporciones por edad, sexo, nivel económico-social y residencia en ciudades chicas, medianas y grandes. El estudio se terminó de procesar esta semana.
 
En realidad, desde junio la imagen positiva de la Presidenta oscila entre 65% y 67%, un nivel altísimo. Los veranos suelen ser buenos para los gobiernos, por el clima, las vacaciones y el consumo instalan un ambiente un poco más optimista. En el caso argentino también suele ser así, pero en este año hubo mucho movimiento político y gremial, por lo que resulta significativa la medición de imagen de la Presidenta y los demás protagonistas de la escena política.
 
Los 20 días que Amado Boudou reemplazó a CFK le permitieron subir en su imagen. En noviembre, por ejemplo, era positiva en un 40% y en esta medición de Hugo Haime trepó al 50%. También Daniel Scioli subió del 53% al 63%, mientras que Hermes Binner bajó del 50% al 46% y Mauricio Macri del 52% al 46%. Tomada la diferencia entre imagen positiva y negativa, la Presidenta tiene +25 en tanto Binner tiene +20 y Macri +5.
 
(...) Ante la pregunta de si CFK está llevando al país en dirección correcta, el 56% dice que sí y el 25% manifiesta que el rumbo es incorrecto. Tampoco en estos índices, que reflejan más las polémicas cotidianas, hay cambios de importancia. Desde agosto, la opinión de que el rumbo es correcto se mantiene entre el 54% y el 60%. (...)".
 
 
Pero ¿es tan sencillo para Cristina llevarse por delante a Moyano?
 
 
"(...) La Presidenta fustiga a Hugo Moyano y al resto de los sindicalistas por la pretensión de fijar aumentos salariales según lo que dictan las góndolas de los supermercados y no los mentirosos números del INdEC, pero, al mismo tiempo, dice, por cadena nacional, que ella es partidaria de paritarias libres. Aunque se desmiente a sí misma, a continuación, cuando advierte que el Estado intervendrá si algo se sale de curso o si se pretende fijar aumentos salariales que después no puedan ser cumplidos
[ pagebreak ]
 
Inconsistencias del relato. De movida, esa dualidad le valió un sonoro cachetazo por parte de Moyano, quien le dijo por televisión (pocas cosas le disgustan más que alguien la corra a través de los medios) que, si va a intervenir de esa manera en la discusión entre trabajadores y empresarios, que directamente fije los salarios por decreto y que termine con la cantinela de paritarias libres.
 
Dijo, muy suelta de cuerpo, en la enésima cadena nacional que ofreció en la semana, que ella no será gendarme de la rentabilidad empresarial, pero, en el mismo acto, anunció la creación de una comisión interministerial que investigará las ganancias de los hombres de negocios, y todo luego de repetir que los aumentos salariales quedarán sujetos, vaya contradicción, ¡a la rentabilidad de las empresas! 
 
Lo mismo que cuando sostiene que le encanta que las empresas ganen plata, mientras sorprende por televisión al anunciar que Débora Giorgi y el joven camporista Axel Kicillof serán los encargados de husmear en sus sueldos y cuentas bancarias.
 
Cristina Fernández también construye su nuevo y remixado relato cuando califica a Mauricio Macri de vetador serial, sin importarle que se trate de una atribución constitucional del jefe de gobierno porteño de la que ella también puede valerse a nivel nacional. Se expuso, tal vez apurada por esa fiebre por construir las cosas según su única y exclusiva visión de las cosas, a la réplica de la vicejefa de la ciudad, María Eugenia Vidal, quien le recordó que ella fue responsable del que tal vez haya sido el peor veto de todos cuantos dispuso desde 2007 a la fecha, como fue el de la ley que restituía a los jubilados el 82% móvil, una conquista que persiguen hasta propios integrantes de su administración. 
 
Con un agregado: la Presidenta presentó el anuncio del último aumento a la clase pasiva como una dádiva de su gestión, cuando, en verdad, no hace más que cumplir con la ley de Movilidad que votaron oficialismo y oposición en el Congreso.
 
La jefa del Estado, más bien, está obligada a dar el aumento a los jubilados porque así lo manda la ley. No es una concesión graciosa de su gobierno ni tiene por qué ser utilizado políticamente mediante una transmisión en cadena nacional. Un aumento que, además, tuvo sabor a poco, más allá de la épica de la que se lo quiso rodear, proveniente de un gobierno que, en medio de la crisis y la llegada del ajuste que se hará sentir en vastos sectores sociales, gasta $ 440 millones para estatizar la transmisión televisiva del Turismo de Carretera, que ya se veía por televisión abierta sin costo adicional alguno para los usuarios. (...)".
 
 
Claudio Chiaruttini remató en Sin Saco y Sin Corbata, por Radio El Mundo:
 
"Con precisión quirúrgica, Cristina Fernández avanza en la “sintonía fina” de pseudo modelo económico autocalificado “de desarrollo con inclusión” tomando medidas que tienen tan fuerte olor a ortodoxas que el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, no dudó en compararlas con aquellas aplicadas por Carlos Saúl Menem.
 
Ocurre que en el proceso de “profundización del modelo” (anunciado profusamente por la Presidente de la Nación en la campaña electoral) y la “sintonía fina” que eso implica, según la categorización creada por la Casa Rosada para hacer desaparece la palabra “ajuste” del los medios, Cristina Fernández está realizando un profundo cambio de reglas de juego con respecto a los años de mandato de Néstor Kirchner y sus primeros 4 años en el poder. Todo, sin orden y sin negociación. (...)
 
En el comercio exterior el cambio de reglas es notable. No sólo crecen los problemas para exportar por dificultades financieras, sino también, porque los países toman represalias por el incremento de las medidas proteccionistas o la pérdida de la competitividad del peso.
[ pagebreak ]
 
(...) Pero para hacer menos atractiva a la Argentina para un inversor extranjero, el gobierno acaba de suspender el acuerdo de doble imposición con Suiza y promete hacer lo mismo con otros 17 países, lo que sería el comienzo de un proceso de derogación de todos los acuerdos de protección de inversiones que se firmaron en la década del '90.
 
La idea del gobierno es no renovar más de 40 acuerdos que le permitieron a la Argentina ser tercer destino de fondos provenientes del exterior durante 15 años, por debajo de Brasil y México, algo que se perdió en 2008. Hoy, estamos en el sexto lugar y bajando. (...)
 
Hugo Moyano puede dar muestra de las modificaciones que imprevistamente realiza Cristina Fernández. Que no tenga contacto personal con la Presidente de la Nación es un hecho menor. 
 
La realidad, es que en su discurso del miércoles, el camionero dejó de ser el negociador central de la política de salario del gobierno con los sindicatos.
 
El mecanismo que creó Néstor Kirchner era claro: en soledad, cara a cara con Hugo Moyano, establecían el nivel de aumentos que servía de base para las todas las paritarias. Por lo general, el Sindicato de Choferes de Camiones (Sichoca), o algún gremio aliado al camionero, establecían un valor de referencia que era repetido por el grueso de los gremios.
 
Ahora, Cristina Fernández se aseguró que no pondrá techo en la negociación salarial y, en sus palabras, dejó en claro que espera que se produzca una dura puja entre empresario y sindicalista y que sea la Casa Rosada la que decidirá el aumento que se aplicará.
 
Lo dijo cuando anunció la creación de una comisión que le aportará datos para que, cuando “se empantanen las negociaciones, nosotros tengamos los números para saber si la demanda salarial afecta la competitividad, o si lo que se quiere pagar supera los estándares de rentabilidad”, explicó la mandataria
 
Pese a que el tema competitividad implica condiciones macroeconómicas que no tienen relación con una negociación salarial, en la Casa Rosada explicaron que Cristina Fernández quiso hablar de productividad, por eso se medirán los niveles de rentabilidad, aumento de puestos de trabajo e inversión.
 
De esta forma, Cristina Fernández cambia el eje de discusión salarial: ya no es un porcentaje fijo, un número preestablecido, la negociación será sector por sector, según sus niveles de productividad, sacando a la inflación como la variable a tener en cuenta.
 
Con la nueva estrategia de negociación salarial anunciada, el gobierno premiará a unos empresarios y castigará a otros, al tiempo que alentará a ciertos gremios para hundir a otros, todo sin hablar de inflación. Este paso implica no sólo ignorar la principal variable de pérdida de poder adquisitivo, sino también, redefinirá el mundo empresarial y sindical.
 
Pero en política, nada es gratis. El cambio de reglas de juego hace que las alianzas también cambien. Los viejos amigos pasan a ser enemigos. Los ganadores de ayer son los perdedores de hoy. Entonces, la pregunta que se debe hacer es: ¿Cristina Fernández obtuvo 54% de votos con las reglas previas, podrá obtener su re-reelección con las nuevas? (...)".