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¿Nos olvidamos del COVID? 5 razones para seguir usando barbijo

Por mucho que se desee, la pandemia no terminó. Aún es probable que surjan nuevas variantes y aún se necesitan las medidas de prevención como el uso de barbijo.

La obligatoriedad del barbijo o mascarilla ha desaparecido en muchos países. En Argentina, es suficiente con salir a la calle para notar que su uso tiende a disminuir con cada vez más velocidad, tanto en espacios abiertos como cerrados.

Si bien la medida de protección sigue resultando incómoda tras dos años del surgimiento del COVID-19, es vital para prevenir la enfermedad, ya que el virus se propaga a través del aire que se respira.

Algunas personas seguirán usando barbijo para mantenerse seguras y lograr una vida más normal durante la pandemia. Aquí hay cinco razones para seguir usándolo, según un artículo publicado en The Conversation:

1. Reducen la posibilidad de contraer COVID

Muchos estudios han demostrado que el barbijo protege contra del virus. Si bien los N95 ofrecen la mayor protección, incluso los de tela son beneficiosos.

Los barbijos N95 reducen las probabilidades de dar positivo por COVID en un 83%, en comparación a los de tela con un 56%.

Cuando todos los usan, la protección es mucho mayor porque reduce la probabilidad de que las personas sanas inhalen el virus y evita que las personas infectadas exhalen el virus. Si todo el mundo lleva mascarilla, la carga viral es mucho menor.

2. Es posible no saber que tengo COVID

La transmisión del virus sin síntomas es un factor importante de propagación y no se puede saber quién está infectado. Esto es especialmente cierto con Ómicron.

En general, aproximadamente una de cada cuatro infecciones son asintomáticas. Pero incluso las sintomáticas son contagiosas antes de que comiencen los síntomas.

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3. Protege a otros en riesgo

El COVID afecta de manera desproporcionada a los más vulnerables, como personas inmunodeprimidas o grupos socioeconómicos más bajos que tienen más probabilidades de trabajar en roles de servicio al cliente.

Además, las tasas de vacunación también están rezagadas en las poblaciones más desfavorecidas.

Los niños que usan máscaras también pueden proteger a sus compañeros. En los Estados Unidos, el riesgo de brotes fue casi cuatro veces mayor en las escuelas sin obligatoriedad de máscaras en comparación con aquellas que sí las exigían.

Ómicron no es una gripe ni un resfriado. A pesar de que en general causa una enfermedad menos grave que Delta, se ha cobrado más vidas debido a un número de casos mucho más alto.

También existe una creciente evidencia de que el SARS-COV-2 persiste en el cuerpo después de la infección, lo que puede provocar daños a largo plazo en el corazón, los pulmones y el cerebro.

4. Protege a los más cercanos

Muchos lugares de trabajo insisten en que las personas regresen al trabajo presencial, algunos sin proporcionar aire interior seguro y sin la obligatoriedad del barbijo.

El riesgo de transmisión de COVID es mayor cuando se está en interiores durante períodos prolongados sin un flujo de aire adecuado. Por lo tanto, sentarse en una oficina durante ocho horas sin una máscara, es un riesgo.

5. Otros podrían seguir el ejemplo

Ser una de las pocas personas que usa una máscara cuando otros no la usan, como en un supermercado, es desalentador. Pero cuanto más se normalice, mejor protegida estará la comunidad.

Por mucho que se desee, la pandemia no ha terminado y es probable que surjan nuevas variantes.

Una estrategia de múltiples frentes que incluye vacunas, barbijo, ventilación, pruebas y rastreo es la mejor manera de proteger la salud, la economía y la reanudación de las actividades normales, concluye el artículo.

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*Fuente: The Conversation