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HITO CIENTÍFICO

Logran tratar la depresión severa con un implante cerebral

Científicos probaron con éxito un implante que combate la depresión severa en pacientes que no han respondido a otros tratamientos. ¿Cómo funciona?

Científicos lograron tratar la depresión severa con un implante en el cerebro que “combate” los pensamientos negativos mediante estimulación eléctrica. Se trata de un nuevo enfoque de medicina de precisión.

La depresión severa o grave incapacita a la persona para trabajar, dormir, estudiar, alimentarse y desenvolverse con normalidad. Suele ser resistente a los tratamientos disponibles.

El caso de una de las participantes del ensayo del implante se convirtió en el primer testigo del éxito.

Sarah tiene 43 años y sufre depresión severa resistente a los tratamientos desde su infancia. Hace quince meses que lleva el implante en el cerebro.

Al principio, la mejora de la depresión "fue muy brusca”, tal como explicaron los científicos de la Universidad de California San Francisco (UCSF) en un comunicado.

La paciente temía que el efecto no durara, pero aún permanece en buen estado gracias al implante.

El equipo de advirtió que hay que seguir probando la técnica con otros pacientes, pero este estudio "señala el camino hacia un nuevo paradigma”.

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Sarah, la paciente de éxito del implante. [Fotografía de John Lok para la UCSF]

Sarah, la paciente de éxito del implante. [Fotografía de John Lok para la UCSF]

¿Cómo funciona el implante en el cerebro?

La estimulación cerebral profunda es un procedimiento médico en el que los electrodos del implante envían impulsos eléctricos a estructuras específicas del cerebro.

Ensayos clínicos previos habían mostrado un éxito limitado del enfoque, dado que muchos dispositivos solo daban estimulación eléctrica constante y centrada en una única zona del cerebro.

Pero el nuevo implante podría responder a la variabilidad de los síntomas del paciente estimulando regiones del cerebro diferentes para aliviar la depresión.

Los investigadores descubrieron patrones de actividad eléctrica cerebral relacionados con los estados ánimo e identificaron nuevas regiones del cerebro que podían ser estimuladas para aliviar la depresión.

Además, encontraron un biomarcador neuronal que indica el inicio de los síntomas.

En un primer paso, mapearon los circuitos cerebrales de depresión de la paciente. Después caracterizaron el biomarcador.

En junio de 2020, implantaron a la paciente un dispositivo de neuroestimulación que ya había usado con éxito en el tratamiento de la epilepsia.

Para personalizar la terapia, uno de los electrodos del aparato se puso en la zona del cerebro donde el equipo había encontrado el biomarcador y el otro en la región del cerebro del circuito de la depresión.

El primer electrodo controlaba constantemente la actividad y cuando detectaba el biomarcador señalaba al otro electrodo que administrase una pequeña dosis de electricidad durante seis segundos, lo que hacía cambiar la actividad neuronal.

Este enfoque personalizado alivió los síntomas de depresión, a diferencia del retraso de cuatro a ocho semanas de los tratamientos estándar.

Sarah explicó que, aunque los pensamientos irracionales con los que solía obsesionarse siguen apareciendo, el implante le permite detenerlos y continuar con su vida.

De confirmar la efectividad del enfoque, el implante podría significar una nueva vía terapéutica para el 5% de los adultos de todo el mundo que padecen depresión severa (cifras de la OMS).

Por otro lado, resta solucionar el dilema ético que plantea el dispositivo, ya que interferir en los procesos del cerebro podría impedir que la persona experimente episodios depresivos cuando es normal que aparezcan, como por ejemplo en procesos de duelo.

Personalized Deep Brain Stimulation Therapy (DBS)

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