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CHILE 2021

La verdad sobre Augusto Pinochet y Salvador Allende

La izquierda chilena presenta un relato generacional, limitado y muy subjetivo sobre Augusto Pinochet y Salvador Allende para explicar a José Antonio Kast.

Cuando la izquierda chilena se muestra entre melancólica y reivindicativa con Salvador Allende ¿qué es lo que rescata de él? ¿Su personalidad? No se trata de eso la elección de un Presidente, procedimiento por el cual una sociedad delega su gestión colectiva en un Ejecutivo principal. Por lo tanto, la sociedad debería considerar

  • la capacidad de una persona para administrar, y
  • cuál es el proyecto a mediano y largo plazo que elaboró para ese universo plural, heterogéneo y dinámico de individuos.

Aquel Chile que surge de la Unidad Popular y Salvador Allende se identificaba con Cuba, que en días de Guerra Fría

  • adhería a la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS),
  • alentaba a la lucha de clases,
  • condenaba y limitaba el derecho de propiedad,
  • y cuestionaba el capitalismo.

Mal que le pese a la izquierda chilena, el fundador del Chile moderno, con sus aciertos y sus fracasos, fue Augusto Pinochet, quien ejecutó un golpe cívico-militar contra Allende y la Unidad Popular, con el apoyo explícito de Estados Unidos, realizó una modernización socioeconómica y, al final, terminó restituyendo, a su pesar, a esa sociedad la libre elección de gobernantes.

La historia es la que fue. Sin mitos ni pruritos. ¿Hubo presos políticos, detenidos y hasta ejecutados en forma ilegal? Sí, es cierto. A la vez hubo una sociedad mucho más exitosa que la de Cuba y en tiempo mucho menor a la que lleva en el poder el fracasado Partido Comunista con la mentira de que asegura la educación, la salud y el trabajo para todos.

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Salvador Allende / Augusto Pinochet: una tontería plantearlo así pero es lo que eligió la izquierda ante el balotaje de Gabriel Boric (izq.) vs. José Antonio Kast: Chile frente a algo más que una elección presidencial.

Salvador Allende / Augusto Pinochet: una tontería plantearlo así pero es lo que eligió la izquierda ante el balotaje de Gabriel Boric (izq.) vs. José Antonio Kast: Chile frente a algo más que una elección presidencial.

El miedo

Uno de los problemas que tienen los extremos, en general, deviene de que creer que no existe el otro. O porque lo subestiman o porque lo ignoran. Pinochet decidió desconocer que su poder dependía de la legitimidad que le conceden los ciudadanos y no sólo de la verticalidad de los mandos militares (texto antiguo, de 1962, de Samuel Edward Biner, 'El hombre a caballo: el papel de los militares en la política'). Y la izquierda chilena decidió omitir que el miedo es una poderosa herramienta de convergencia sociocultural, casi tan eficiente como el hastío.

La izquierda tiene un grave problema, en todas las latitudes, con

  • el crecimiento del narcotráfico,
  • la delincuencia,
  • la violencia,
  • los homicidios.

Si el bienestar colectivo es una ilusión, por lo menos es imprescindible vivir en paz.

Al igual que la derecha promete rectificaciones que no concreta, y así sólo recicla incertidumbres y erosión de la credibilidad. Si, para colmo, la economía 'no derrama' según las expectativas de los electores, tiene un problema serio. (Y no vengan conque el inútil hijo de Franco es de derecha cuando Jaime Durán Barba siempre apostó por la impronta socialdemócrata. El último Presidente de derecha en la Argentina fue Carlos Saúl Menem).

Ha menudo sucede que la gente que tiene miedo no sale a las calles a manifestarse porque, precisamente, el temor es una de sus características. Pero sí sufraga. Creer que el ruido en las calles es sinónimo de movilización o, peor aún, de participación popular -interpretada como condescendencia o aval de las masas-, es un error gravísimo.

Imaginar que mucha gente en las calles permite controlar el humor popular puede provocar grandes errores de percepción.

En Chile puede ser que alguna manifestación haya convocado un millón y medio de personas -indemostrable el número aunque supongamos que fue cierto-, pero votan muchas más personas, intranquilas, nerviosas, temerosas por ese millón y medio del que alardeó la izquierda.

El siquiatra León Cohen se lo dijo, muy docente, a Valentina Campos, de TheClinic.cl/, explicando la atracción por José Antonio Kast:

"Cuando alguien, con un lenguaje muy concreto, muy simple y no ideológico, le dice “no se preocupe, atrévase a un cambio, yo voy a hacer que usted esté bien”, uno dice “¿qué es eso?”. Sin embargo, la gente dice “eso es lo que yo quiero”. La gente piensa que ese señor rubio que está ahí debe saber, seguramente, porque el otro que está allá “es un cabro chico (N. de la R.: joven), los mismos de la revuelta (N. de la R.: la manifestación del millón y medio, 18/10/2019)”. La principal preocupación de las personas es la seguridad, después el tema de los sueldos, después la salud y después las pensiones. La gente de clase media baja o de sectores proletarios está votando por Kast. ¿Eso es nuevo? No, históricamente los fascismos se han alimentado de las insatisfacciones de la gente que no es ideologizada, que no tiene cultura intelectual para identificarse con estos universitarios que están en el Frente Amplio."

Aquí aparece otro fenómeno: la creencia de muchos jóvenes de que el mundo no existía hasta que llegaron ellos. Error porque muchos sí conocieron un Chile mejor.

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Famosa manifestación de 2019 en Chile: ¿Fue una generación que se movilizó o fue todo Chile? La respuesta explicará el resultado en el balotaje.

Famosa manifestación de 2019 en Chile: ¿Fue una generación que se movilizó o fue todo Chile? La respuesta explicará el resultado en el balotaje.

El error

El filósofo Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, coincide en que un error grave fue creer que ese millón y medio representaba a Chile y no a una generación de chilenos.

Hay una frase de Peña sobre la que vale la pena reflexionar:

Sucedió en el '68 en Francia con (Charles) de Gaulle, donde acabó ganando la derecha con (Georges) Pompidou. (N. de la R.: la película en cartel 'La Crónica Francesa' tiene una deliciosa historia acerca de esa falsa revolución de mayo). En la memoria de todos está lo que le ocurrió a José Luis Rodríguez Zapatero con los indignados en España, y acabó ganando Mariano Rajoy. Entonces, pensar que lo que había ocurrido en Chile era un rechazo radical de la modernización en vez de una expresión de la misma, y con un fuerte acento generacional, siempre me pareció exagerado. Lo dije en su momento y recibí varios insultos… Sucedió en el '68 en Francia con (Charles) de Gaulle, donde acabó ganando la derecha con (Georges) Pompidou. (N. de la R.: la película en cartel 'La Crónica Francesa' tiene una deliciosa historia acerca de esa falsa revolución de mayo). En la memoria de todos está lo que le ocurrió a José Luis Rodríguez Zapatero con los indignados en España, y acabó ganando Mariano Rajoy. Entonces, pensar que lo que había ocurrido en Chile era un rechazo radical de la modernización en vez de una expresión de la misma, y con un fuerte acento generacional, siempre me pareció exagerado. Lo dije en su momento y recibí varios insultos…

La gran pregunta que provoca enojo en la izquierda con sólo escucharla pero que no ofrece un respuesta sólida es: Si bien la modernización la hicieron los chilenos, ¿quién aportó más a esa modernización, Pinochet o Allende?

El pasado debe servir de pilar del presente, sin el cual no hay futuro. Ni Cuba ni la URSS eran una posibilidad para Chile y fue un error plantear esa opción cuando había otras disponibles. Es posible que alguno se encuentre repitiendo el error conceptual. Pero más grave aún es reivindicar el pasado tal como si fuese verdadero.

Mientras no resuelvan el intríngulis, el resultado del balotaje parece previsible en Chile.

La izquierda chilena quiere fundamentar su apetencia de poder en una revolución moral que sólo puede construirse sobre una estabilidad económica, sin preguntarse cómo se construye ni lo uno ni lo otro. Es repetir el error de presentar un Salvador Allende que nunca existió.

Para llegar al poder debería ser más rigurosa en su análisis de los acontecimientos y no dejar de lado los miedos, expectativas y anhelos de las otras generaciones. Las elecciones las ganan mayorías, no minorías.

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