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CUMBRE VIEJA

La lava del volcán de La Palma llega al océano: Los efectos

La lava del volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma llegó al Atlántico y supone riesgos para la salud de las personas y el ecosistema acuático.

Después de que el volcán Cumbre Vieja de la isla canaria de La Palma entrara en erupción el pasado domingo (19/9), finalmente la lava de la colada más avanzada llegó a las aguas del océano Atlántico en la zona de la playa de Los Guirres. El choque térmico entre la colada de lava y las aguas del océano provocan la ascensión de enormes columnas de vapor con partículas que pueden afectar la salud humana.

El magma del nuevo volcán está creando un delta de lava, sobre el que ha erigido una especie de pirámide de más de 50 metros de alto y más de 500 de ancho. Las aguas cercanas han cambiado de tonalidad por los efectos del material volcánico.

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El contacto de la lava (a una temperatura superior a 1.000 ºC) con el agua del océano (a unos 24 ºC en esa zona) produce un imponente choque térmico cuya consecuencia más visible es la ascensión de columnas de vapor, también llamadas penachos. Ese vapor de agua está cargado de ácido clorhídrico (HCl), dada la composición salina el agua del mar, que contiene hasta 35 gramos de cloruros y otras sales por kilogramo. Los penachos también portan micropartículas de vidrio.

Las autoridades aconsejan alejarse de la zona y permanecer a una distancia de 3,5 kilómetros, debido al carácter nocivo que es para la salud el vapor de agua de los penachos. Para la flora y fauna marina del fondo donde se deposita el flujo de lava, su llegada supone su destrucción total en un principio, pero una esplendorosa regeneración al final.

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Los efectos en la salud de las personas

Al contacto con el agua, la lava provoca una reacción química que intensifica la humareda producida por la propia colada. Es el instante en que se emiten a la atmósfera millones de finísimas partículas de vidrio volcánico y de HCl. Las primeras capas de lava se enfrían, y la diferencia de temperatura provoca explosiones que lanzan los gases y los cristales de lava incluso a varios kilómetros.

El principal peligro de inhalar o entrar en contacto con estas nubes de vapor lo representan los gases y líquidos ácidos, así como las diminutas partículas de vidrio. Irritan el tracto respiratorio, la piel y los ojos. Las dificultades para respirar son mayores en personas con enfermedades respiratorias preexistentes.

Las consecuencias en el ecosistema

La lava sepulta a todos los organismos que habitan en el ecosistema subacuático, lo que se denomina comunidad bentónica. Algas y moluscos como las lapas mueren, incapaces de desplazarse, también por el efecto de los gases emanados. Algunos peces logran huir, pero otros no.

El flujo de lava enterrará las formas de vida. Pero la subida de temperatura del agua generará otras. En cierto sentido, esa lava vertida al mar actúa indirectamente como fertilizante, pues favorecerá la creación de nuevas algas y nutrientes. Y las cenizas también colaborarán en el proceso. El resultado es que se podrá crear un ecosistema aún más rico.

Por contradictorio que parezca, el volcán de Cumbre Vieja es también fuente de vida y tras su acción la naturaleza desencadena sus propios mecanismos de regeneración.

Las pérdidas materiales

Esta mañana (29/9), el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, dijo en una entrevista radiofónica en la COPE que espera que a partir de ahora, una vez que la lava ha encontrado una vía hacia el mar, se detenga el ensanchamiento de las coladas en tierra, de manera que se contengan los daños que se están produciendo en la isla.

De acuerdo con el diario español La Vanguardia, la lava ha arrasado ya más de 260 hectáreas de tierra en la isla de La Palma. En su paso también ha destruido casi 700 edificaciones, entre las que se encuentran mayoritariamente viviendas, pero también comercios, industrias, plataneras, un colegio o una iglesia. Igualmente han sido dañadas infraestructuras de todo tipo, incluyendo la destrucción de 22 kilómetros de carreteras.

Además, alrededor de 6.000 personas han tenido que ser evacuadas, muchas de ellas han perdido su residencia y otros su trabajo. Para aliviar la situación el Consejo de Ministros de España aprobó ayer (28/9) un decreto que declara a La Palma como "zona gravemente afectada por emergencia de protección civil", también conocida como zona catastrófica.

El decreto incluye una ayuda de 10,5 millones de euros para atención directa a los afectados. Más de la mitad, 5,5 millones, se otorgarán al Ejecutivo canario para la adquisición inmediata de 107 viviendas destinadas a las familias que han perdido su primera residencia. Otros 5 millones tienen como objeto que estas personas puedan adquirir enseres de primera necesidad.

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