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INFAMIA ETERNA

Las ardientes memorias de Lord Byron, el "mayor crimen en la historia de la literatura"

Antes de morir Lord Byron dejó tras de sí unas memorias que habrían dañado su reputación. Sus allegados las quemaron en lo que se considera un crimen literario.

Lord Byron, el excéntrico poeta y aristócrata británico del siglo XIX, sigue siendo una figura controversial de la literatura, mezcla de su genio creativo con una turbulenta vida personal, marcada por los escándalos y el exilio. Pero un aspecto de su legado permanece envuelto en misterio: sus memorias, destruidas poco después de su muerte en 1824.

Lord Byron: sus últimos días y un debate ardiente

Lord Byron había pasado los últimos años de su vida lejos de su hogar en Inglaterra, recorriendo países como Suiza e Italia, perseguido por el escándalo de su divorcio y deudas que lo obligaron a vender hasta su biblioteca. Tan aburrido estaba que cuando le propusieron apoyar a Grecia en su guerra de independencia contra el imperio otomano, envió dinero para preparar la flota griega y se estableció en Grecia, aunque poco después contrajo una horrible fiebre que finalmente terminó con su vida el 19 de abril de 1824, a los 36 años.

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Los griegos recibieron a Lord Byron con mucha calidez después de que él contribuyera con su capital a la creación de una flota para combatir al imperio otomano.

Los griegos recibieron a Lord Byron con mucha calidez después de que él contribuyera con su capital a la creación de una flota para combatir al imperio otomano.

Además de sus tan famosos poemas, como "Horas de ocio" o "La peregrinación de Childe Harold", Byron había escrito sus memorias a lo largo de su vida y se las confió a su amigo, el poeta Thomas Moore, a quien le pidió que las publique en cuanto él haya muerto. Sin embargo, el destino de este manuscrito tendría un giro trágico contrario a los deseos del poeta, lo que supuso para la literatura una de sus mayores pérdidas.

Y es que poco después del fallecimiento de Byron, un grupo conformado por su viuda, Augusta Leigh, su editor John Murray II, su amigo John Cam Hobhouse y el propio Thomas Moore se reunieron en la oficina de Murray en Londres. El tema que los convocaba era qué hacer con las memorias del poeta. Aunque nunca se supo en detalle lo que decía el manuscrito (que se rumoreaba revelaba detalles íntimos de la vida personal de Byron con diversas figuras de la sociedad), lo cierto es que los presentes temían que su contenido pudiera dañar la reputación del poeta y de aquellos mencionados en él.

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Reunidos en la oficina de John Murray en Londres, un grupo de los más cercanos a Lord Byron se reunieron para discutir qué hacer con las memorias del poeta. La chimenea de la oficina se convirtió en la tumba de esos manuscritos luego de que se decidiera quemarlos.

Reunidos en la oficina de John Murray en Londres, un grupo de los más cercanos a Lord Byron se reunieron para discutir qué hacer con las memorias del poeta. La chimenea de la oficina se convirtió en la tumba de esos manuscritos luego de que se decidiera quemarlos.

Las opiniones alrededor de estas memorias estaban divididas: Lady Caroline Lamb, ex amante de Byron, las consideraba de poco valor, mientras que William Gifford, el editor de Murray, tenía una postura más radical y las calificó como "aptas para un burdel" y capaces de condenar a Byron a la "infamia eterna". Byron, en vida, aseguró que sus memorias eran "muy entretenidas e instructivas".

El debate escaló y alcanzó un tono más acalorado hasta que, presionado por Murray y Hobhouse, Moore finalmente cedió y accedió a quemar las memorias. Así, el 17 de mayo de 1824, en la chimenea de la oficina de Murray, el manuscrito original y la única copia de la intimidad de Lord Byron fueron reducidos a cenizas.

Un misterio literario sin solución

Calificada como "el mayor crimen de la historia literaria", la decisión de destruir las memorias de Lord Byron no tardó en llegarle las repercusiones. Thomas Moore, al que se había culpado inicialmente por destruirlas, se vio envuelto en una campaña de desprestigio orquestada por John Cam Hobhouse, que buscaba acusarlo como el autor intelectual de este hecho escandaloso.

Sin embargo, tras encontrar evidencias que permitieron despejar dudas alrededor del acto, el peso de las pruebas hizo surgir a Hobhouse como el principal responsable de la decisión. Poco después de la quema de las memorias, quizá como un modo de justificar sus acciones, Hobhouse reunió una serie de cartas y recortes de periódicos que le restaban valor o las consideraban perjudiciales para la reputación de Byron.

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Durante mucho tiempo, la oscuridad rodeó el misterio sobre quién ideó la quema de las memorias de Byron. Pero una serie de cartas y publicaciones que John Cam Hobhouse había reunido lo hacen encabezar la lista de responsables de aquel crimen.

Durante mucho tiempo, la oscuridad rodeó el misterio sobre quién ideó la quema de las memorias de Byron. Pero una serie de cartas y publicaciones que John Cam Hobhouse había reunido lo hacen encabezar la lista de responsables de aquel crimen.

"Si en verdad fue él, ¿por qué habría insistido en destruir esos manuscritos?", es una pregunta que los estudiosos se siguen haciendo hasta el día de hoy. ¿Fue porque tenía miedo de que expusieran sus propias relaciones con Byron? ¿O quería proteger la imagen pública de las familias aristocráticas que se mencionaban? Nunca se sabrá, salvo por los presentes en esa reunión y, quizás, otros escritores famosos que lograron leerlas, como Washington Irving y Mary Shelley.

Sea cual sea la razón, la pérdida de las memorias de Byron nos priva de una perspectiva íntima sobre su vida personal, sus relaciones y sus opiniones, y nos impide conocer a fondo al hombre detrás del mito. Lo que es seguro es que, si su figura sigue cautivando hasta el día de hoy con lo que ya conocemos de él, qué decir del misterio que rodea a sus memorias perdidas, que lo convierten en un personaje todavía más enigmático.

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