Hoy se cumplen 22 años de la Masacre de Avellaneda, un fatídico hecho en el que dos jóvenes militantes sociales, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, fueron asesinados por la policía bonaerense durante una protesta en el Puente Pueyrredón, en Avellaneda. Un crimen de Estado que dejó al país en shock y aceleró la caída del gobierno interino de Eduardo Duhalde.
LO PEOR DE LA REPRESIÓN
A 22 años de la Masacre de Avellaneda: Dos jóvenes muertos en una Argentina en llamas
La Masacre de Avellaneda en 2002 dejó dos jóvenes muertos, Kosteki y Santillán, tras brutal represión policial, acelerando la salida del presidente Duhalde.
La Masacre de Avellaneda: el contexto de una crisis
No puede entenderse la Masacre de Avellaneda sin remontarse a la profunda crisis económica y social que sacudía a Argentina desde diciembre de 2001. La renuncia del presidente Fernando de la Rúa, seguida por la breve presidencia de Adolfo Rodríguez Saá y la llegada de Eduardo Duhalde al poder, sólo agravaron la situación. En enero de 2002, el Senado aprobó la devaluación del peso argentino, lo que exacerbó la pobreza y la indigencia en el país.
En este clima de desesperación, las organizaciones piqueteras cobraron fuerza, luchando por la distribución de ayudas sociales y demandando mejores condiciones de vida. Fue en este marco que diversas agrupaciones planearon una movilización masiva para el 26 de junio de 2002, reclamando un aumento general de salarios, mayor ayuda para los comedores populares y apoyo a la fábrica ceramista Zanón.
Cuando los manifestantes intentaron cortar el Puente Pueyrredón, se encontraron con un operativo policial desmesurado que incluyó efectivos de la Policía Federal, la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval. La represión consecuente, ordenada por el gobernador Felipe Solá, fue brutal: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán -de 22 y 21 años, respectivamente- ambos miembros de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, fueron asesinados a escopetazos por la policía.
Las consecuencias y la búsqueda de justicia
Las imágenes y grabaciones de la represión, capturadas por los fotógrafos y las cámaras de televisión presentes en ese momento, fueron esenciales para que se pudiera desentrañar la verdad. Pese a que la policía intentó encubrir los hechos o tergiversarlos, las pruebas mostraron que los disparos letales provenían de corta distancia, desmintiendo la versión oficial que alegaba el uso exclusivo de balas de goma.
El caso fue investigado por el fiscal Juan José González, quien solicitó la requisión de las armas de los 120 policías presentes. La autopsia reveló que tanto Kosteki como Santillán fueron asesinados con perdigones de plomo disparados desde escopetas Ithaca calibre 12.70, armas que estaban en manos del comisario Alfredo Fanchiotti y sus subordinados.
El juicio comenzó tres años después, el 27 de mayo de 2005, y culminó el 9 de enero de 2006 con la condena a cadena perpetua de Fanchiotti y el cabo Alejandro Acosta por doble homicidio. Otros oficiales también recibieron penas menores por encubrimiento, un veredicto que representó un pequeño respiro de justicia en medio del dolor y la indignación.
La Masacre de Avellaneda aceleró la salida de Duhalde y el adelanto de las elecciones presidenciales (en las que salió triunfador Néstor Kirchner), pero también dejó marcada para siempre la memoria colectiva de Argentina. A 22 años de aquel trágico día, las figuras de Kosteki y Santillán permanecen simbolizando la lucha y la resistencia en un país que sigue buscando justicia y dignidad para sus ciudadanos.
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