La paralización de una obra clave sobre la Ruta Nacional 40 volvió a encender las alarmas en el sector de la construcción. El freno de los trabajos en el tramo sur de esta vía, que conecta Cochagual con Tres Esquinas en San Juan, dejó como saldo inmediato el despido de 95 trabajadores y profundizó el impacto del ajuste.
CRISIS DE EMPLEO
Ruta 40 en pausa: el ajuste en la obra pública deja otros 95 despidos
La paralización de la obra en la Ruta 40 por falta de pagos de Nación golpea al empleo y expone el impacto del freno a la obra pública.
La decisión se produjo luego de que la Unión Transitoria de Empresas (UTE) encargada del proyecto resolviera suspender las tareas ante la falta de pagos por parte del Gobierno nacional. Según confirmaron desde el gremio de la construcción a El Destape, los certificados de obra adeudados se arrastran desde septiembre del año pasado, lo que terminó rompiendo la cadena de financiamiento necesaria para sostener los trabajos.
El impacto social fue inmediato. Los 95 obreros que trabajaban en el proyecto recibieron la notificación de despido tras una asamblea entre las empresas y los representantes sindicales.
Desde la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) en San Juan señalaron que la paralización deja a casi un centenar de familias sin su principal fuente de ingresos en un contexto económico complejo para el empleo en el sector.
Detalles de la obra en la Ruta 40
La obra en cuestión forma parte de un proyecto de ampliación de la Ruta 40, uno de los corredores viales más extensos e importantes del país. La intervención busca mejorar la seguridad y la conectividad entre San Juan y Mendoza mediante la transformación de 27 kilómetros de ruta en una autopista de mayor capacidad.
Sin embargo, el avance del proyecto está lejos de lo previsto. A más de dos años y medio del inicio formal de las obras, el nivel de ejecución apenas alcanza cerca del 8% del total planificado, muy por debajo del cronograma original que preveía un desarrollo significativamente mayor para esta etapa.
Desde el sector sindical advierten que las dificultades financieras no son nuevas. La obra ya había sufrido interrupciones previas debido a demoras en los pagos y a la incertidumbre sobre la continuidad de los fondos. En esta ocasión, la interrupción volvió a ser detonada por la falta de transferencias desde la administración nacional, lo que dejó a las empresas constructoras sin margen operativo para continuar.
El conflicto de la obra
El proyecto cuenta con financiamiento aprobado a través de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero la ejecución depende de la transferencia regular de los recursos para cubrir certificados de avance y sostener el ritmo de obra. La interrupción de esos pagos fue lo que terminó provocando la nueva paralización.
La construcción es uno de los sectores con mayor efecto multiplicador en la economía: cada obra moviliza empleo directo, demanda de materiales, transporte y servicios vinculados.
Cuando esos proyectos se detienen, el efecto se traslada rápidamente al empleo y a la actividad local. En el caso de la Ruta 40, la paralización no solo afecta a los trabajadores despedidos, sino también a proveedores, comercios y empresas que dependen de la obra para sostener su actividad.
Mientras continúan las negociaciones políticas y gremiales, las máquinas permanecen detenidas y el futuro del proyecto vuelve a quedar en suspenso, reflejando las tensiones entre el ajuste fiscal y las necesidades de infraestructura del país.
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