ANÁLISIS Axel Kicillof > Victoria Villarruel > Javier Milei

PANORAMA

El delgado hilo que une a Axel Kicillof y Victoria Villarruel

El gobernador y la Vice se dedican a construir proyectos que tienen como obstáculos a los líderes que los colocaron en lugares de privilegio de política.

Hay un delgado hilo que une a Axel Kicillof y Victoria Villarruel. Ambos, con experiencias, estilos y pensamientos distintos, están dedicados a la construcción de proyectos políticos muy visibles que tienen como principales obstáculos a los líderes que los colocaron en lugares de privilegio de la escena política. Cristina Kirchner, en el caso del gobernador bonaerense; y Javier Milei, en el de la Vicepresidente. Tanto Kicillof como Villarruel intentan recortarse dentro del escenario para procurarse un futuro político, utilizando como principal herramienta puntos de diferenciación más o menos sutiles de aquellos que los convirtieron en lo que son.

Villarruel ha realizado una serie de gestos para desmarcarse de Milei, quien ha puesto una distancia con su Vice. Los viajes al interior del país con postales con poncho y sombrero son la contracara de la opción del Presidente por los viajes internacionales. Varias de esas gestualidades causaron bastante revuelo y algún pase de factura interno. Fue la voz más notoria en la oposición a la postulación de Ariel Lijo como integrante de la Corte Suprema. También disparó una contradicción dentro del oficialismo cuando salió a bancar un canto xenofóbico de jugadores de la Selección argentina de fútbol contra sus pares de la de Francia. Fue en este episodio donde de forma más palpable se traslució el enfrentamiento de la Vice con Karina Milei. La hermana funcionaria del Presidente primero fue a la embajada gala a “pedir disculpas” por el comportamiento de Villarruel y luego mandó a incluir en el comunicado sobre el encuentro entre Milei y Emmanuel Macron en París que el presidente francés “le agradeció” el gesto por el “desafortunado” comentario de la Vice.

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Victoria Villerruel en Salta.

Victoria Villerruel en Salta.

La más reciente y sonora diferenciación con el Ejecutivo fue el reproche que Villarruel hizo por el acuerdo con el gobierno británico para la reposición de un vuelo desde Córdoba hacia las Islas Malvinas. “Nos ofrecen migajas”, fue una de sus contundentes definiciones al indicar que el beneficio en realidad lo conseguía la “ocupación” británica del archipiélago. El posicionamiento de Villarruel responde a su pertenencia a la familia militar (su padre, Eduardo Villarruel, combatió en la guerra de Malvinas), de la que heredó su perfil de derecha nacionalista y católico (que lleva al extremo con la reivindicación de la última dictadura), bien diferenciado de la caracterización de “liberal libertario” con la que Milei se reconoce.

Y es desde ese espectro ideológico que la Vicepresidente hace su juego de construcción política. La complicidad que mostró con el papa Francisco en su visita al Vaticano es una que Milei difícilmente logre luego del destrato que le aplicó al Sumo Pontífice, cuando lo llamó “enviado del maligno” antes de convertirse en Presidente. Jorge Mario Bergoglio no olvida y ha devuelto gentilezas. El nacionalismo conservador de Villarruel también despertó interés en sectores más tradicionalistas del peronismo, como lo han expresado Guillermo Moreno o Sergio Berni. Para el historiador Hernán Brienza, quien fuera en su momento uno de los ideólogos del kirchnerismo duro, existe un “diálogo posible” entre el peronismo y un “nacionalismo de derecha” como el que expresa la Vicepresidente. "Hay un diálogo posible sobre cosas que no habría que transar. Que se vacíe el Estado, que las Malvinas deban ser enajenadas, que la plataforma marítima sea un queso gruyere para que las grandes potencias hagan sus negocios y a nosotros nos dejen pobres; yo no transo que la Argentina tenga que ser sólo exportadora de materias primas. Todo aquel que no transe en esas cosas tiene un nivel de diálogo mayor (con el peronismo) que aquel que cree que la Patria no existe", fue el reconocimiento que Brienza le hizo a Villarruel en un diálogo con Daniel Tognetti.

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Villarruel es consciente de ese capital político. Y lo explota. Durante la gira que la llevó a España, la Vice publicó una foto con el rey Felipe IV, pero se guardó para el 17/10, fecha conmemorativa de la “lealtad peronista” un retrato junto a María Estela Martínez de Perón, viuda de Juan Domingo Perón y expresidente derrocada por el golpe del 24 de Marzo de 1976. “Isabelita” recibió a la Vice en su residencia en Madrid, donde vive desde hace décadas con extremo bajo perfil. Ese mismo día Villarruel descubrió en el Senado un busto de Martínez por haber sido Vicepresidente (de Juan Perón) y además la reivindicó por haber “combatido” a las organizaciones armadas, de las que dijo que fue víctima. Qué tan cara a los sentimientos de los peronistas es la figura de ‘Isabel’ seguramente es algo debatible. Pero está claro que Villarruel, al destacarla como un símbolo de la conmemorada “lealtad”, la escogió como puente hacia el peronismo más tradicionalista y nostálgico que no se siente representado en su versión dominada por Cristina Kirchner.

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Villarruel y su guiño al peronismo con la visita a María Estela Martínez de Perón.

Villarruel y su guiño al peronismo con la visita a María Estela Martínez de Perón.

Pero la resistencia a la exPresidente también se encuentra puertas adentro. Axel Kicillof busca la emancipación de su mentora como paso necesario para la construcción de su proyecto presidencial. Trata de esquivar un destino en el que, como otros, su candidatura sea decidida en el Instituto Patria y con los mismos resultados. Kicillof mantenía hasta aquí un enfrentamiento con Máximo Kirchner que de a poco se transformó en uno con la propia CFK. Kicillof quiere esa autonomía pero sin romper, un equilibrio de muy difícil concreción cuando está más que claro que la familia Kirchner no tolera otra cosa que la sumisión. Y Kicillof está dando muestras de rebeldía, a pesar de su discurso conciliador. No le ha dado a Cristina el endorsement a su postulación a conducir el PJ, algo que para la exVice es inconcebible. Luego, en el acto del 17 de Octubre en Berisso, Kicillof trazó una línea entre el pasado y el futuro en el que dejó a CFK en el primero de esos extremos. “Los mejores días siempre fueron con Cristina, los días mejores que se vienen tienen que estar en el futuro", dijo, frase a la que le extirparon la última parte en un spot oficial compartido por el gobernador, como para no agitar más las aguas.

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En Berisso, ciudad de fuerte contenido simbólico para la historia del peronismo, Kicillof hizo una demostración de poder de convocatoria del aparato partidario. Sindicatos, intendentes y organizaciones sociales movilizaron unas 40 mil personas, según un conteo parcial. Kicillof quiso centrar su discurso en una oposición a Milei, pero el marco de la pelea con Cristina tiñó por completo el acto con la interna kirchnerista. El martes Kicillof y CFK se vieron cara a cara. Que en ambos sectores no confirmaran la reunión (en el axelismo directamente la negaron) se volvía una prueba cabal de que no había resultado bien. Dicen que la exPresidente le reclamó al gobernador que suspendiera su acto del jueves siguiente y que bajara la postulación como rival por la conducción partidaria del riojano Ricardo Quintela, quien contaba con el guiño de Kicillof para seguir en carrera. Ninguna ocurrió.

En Berisso, Kicillof apoyó la unidad del PJ que CFK propuso en su último documento, pero evitó otra vez apoyar su candidatura, algo que los más leales a la exPresidente le reclamaron en la previa al acto. Y también después. Cuentan que Kicillof le anticipó a Quintela que en caso de que se mantuviera la disputa, él optaría abiertamente por Cristina. Pero el discurso que la exvice de Alberto Fernández dio ante dirigentes en el Smata -donde lo comparó con Poncio Pilatos y Judas-. convenció al gobernador -sostiene esa versión- de mantener una postura neutral. En las horas previas al cierre de listas este sábado, Kicillof emitió un documento en el que dijo que Quintela no era su candidato, no tanto para despegarse del riojano como para aclarar que, por ese motivo, él no podía bajarlo.

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En el mismo documento, Kicillof también reprochó las agresiones de Máximo y La Cámpora (sin nombrarlos), pero sobre todo denunció “los signos de traición” que los cristinistas colocan sobre los disidentes como “mecanismos equivocados”. "La lógica del sometido o el traidor es una lógica que entró en crisis y que viene dando malos resultados", dijo Kicillof sobre el proceder histórico de su propio espacio. Hablaba en defensa de Quintela, pero más parecía una defensa propia.

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