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UNA VERGÜENZA

No cabe otra posibilidad: Alberto F. tiene que vetar la ley de teletrabajo

Jue, 06/08/2020 - 2:16pm
Enviado en:
Por Urgente24

El papelón que cometieron tanto los diputados como los senadores debería ser saldado con un veto presidencial que evite una situación aún más problemática para el mercado laboral.

Cuestionan los excesivos avances de Alberto Fernández.
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Alberto Fernández tiene la decisión de evitar un gravísimo error de la política que sólo atenta contra el empleo registrado.
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La ley del teletrabajo sancionada la semana pasada por el Congreso Nacional impone tantas restricciones que lo único que hará es favorecer el empleo informal.

No es un debate sobre si ocurrirá o no. Si el presidente la Nación Alberto Fernández decide publicarla en el Boletín Oficial, no entrará en vigencia la ley sino la excusa perfecta para que los empleadores decidan contratar en negro o no contratar. Es decir, no cierra por ningún lado. No le conviene ni al empleador ni al empleado ni al Estado. Una verdadera vergüenza.

Todos los legisladores demostraron un importante desconocimiento sobre lo que pasa en la actividad privada. Básicamente, no se entiende a quién quiere beneficiar.

Tampoco se entiende el apuro, teniendo en cuenta que la normativa entraría en vigencia 90 días después de decretado el final del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO). A su vez, las cámaras representantes de los sectores que utilizan esta modalidad sólo tuvieron unos pocos minutos para cumplir con la idea de que se escuchó a todos y enriqueció el debate.

Advierten absolutamente todos los involucrados en la actividad privada que el problema no es la ley sino cómo salió. Bien diseñada, insisten, sería una muy buena herramienta para generar empleo.

"Por ejemplo, cuando el proyecto dice que el teletrabajador tiene que tener una jornada que debe respetarse. Estamos de acuerdo, pero se equivoca en el mecanismo para garantizar que eso suceda. El proyecto dice que el empleador no puede contactar de ninguna forma al trabajador fuera de su horario. Entonces la empresa para la que trabajo prácticamente tendría que bloquearme el WhatsApp y el mail laboral. Como teletrabajadora me viene bien poder organizar mi día. Ahora estoy hablando con usted dentro de mi horario de trabajo, pero quizá después termino mis tareas fuera de mi horario específico. Quiero esa flexibilidad. Si quiero trabajar, déjenme. Y si esto se hiciera tan estricto, nunca podía tener derecho a cobrar horas extra porque esta regulación lo impide", advirtió Brenda Puig, líder de la Red de Abogados de IDEA.

"A priori parece tener sentido común que alguien que teletrabaja pueda volver a la forma presencial si no le resulta hacerlo a distancia, en la medida en que sea aplicable. Pero la reversibilidad está planteada de manera unilateral, sólo lo puede decidir el trabajador sin consentimiento del empleador y sin plazo de adecuación. Y, además, sólo se aplica este beneficio a los que hoy son presenciales y van a teletrabajar. Entonces, algunas empresas podrían decidir que nadie haga teletrabajo para no arriesgarse a que se aplique este artículo y contratar directamente teletrabajadores. Ni hablar de lo que representará para una pyme que para poder subsistir tenga que achicar su oficina y la solución sea que ocho de sus 15 empleados hagan teletrabajo. Si los los ocho quieren volver a la oficina y no tienen espacio se pueden considerar despedidos, y con ocho juicios laborales mandás a la quiebra a una pyme", agregó.

En diálogo para Infobae, siguió: "El artículo 2 dice que se aplicarán las regulaciones al que teletrabaje en forma total o parcial, pero no pone ningún límite. Una cosa es aquel que teletrabaja el 100% de su horario, pero cuando la ley dice parcialmente puede ser un día en el año o una vez por mes. Sugerimos que en lugar de decir “total o parcialmente” figure “total y mayoritariamente”. No sé si el trabajador presencial que cumple sus tareas en su casa un solo día puede ser considerado teletrabajador. Sería bueno discriminar esto".

Consultada por el artículo que contempla a quienes hacen tareas de cuidado, dijo: "Es otro punto muy cuestionable: por proteger tanto, la ley va a terminar destruyendo el sistema de teletrabajo. El proyecto dice que si hay un teletrabajador que tiene personas a su cargo como menores, discapacitados o adultos mayores, el empleador tiene que acomodarse a los horarios que aquel necesite para ejercer las tareas de cuidado. La forma de regular no es la mejor porque se discrimina a los trabajadores esenciales, que también tienen hijos y necesitan acomodar los horarios. ¿Por qué si esta es una modalidad de las tantas que existen en la Ley de Contrato de Trabajo le daríamos este beneficio sólo al teletrabajador? Además, operativamente, la empresa no puede acomodarse a los horarios de cierta cantidad de personas. Que trate de hacerlo está muy bien, pero que sea mandatorio puede determinar que cuando una empresa tenga que cubrir una posición de un teletrabajador y tenga dos candidatos igualmente calificados, uno con gente para cuidar y el otro no, tal vez sea se vea tentado de contratar al que no tiene a nadie a cargo. Es lo mismo que pasaba con las madres porque algunas empresas se preguntaban para qué a contratar a una mujer si se embaraza y tiene licencias, protección. Esto es lo mismo. Querés proteger tanto que los sacás del sistema".

- ¿Qué piensan del artículo que contempla que el empleador se haga cargo de algunos gastos y herramientas de trabajo de quien cumple tareas en forma remota?

-Es del más puro sentido común que se brinden las herramientas para hacer el trabajo. Si voy a una fabrica y me dan el casco y los zapatos de seguridad que corresponden, ¿por qué no me van a dar la computadora si es mi herramienta para trabajar desde mi casa? Nadie cuestiona eso, pero sí decimos que, para evitar el fantasma de contingencias que pueda desalentar a las empresas para instrumentar el teletrabajo, es importante que la ley aclare que esto es no remunerativo. No es parte del sueldo, es una herramienta de trabajo. Tal como está, no va faltar una interpretación judicial que considere que es parte del salario y se incluya en la base de cálculo para indemnizaciones o vacaciones.

El vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, consideró que la norma “tiene que ser una ley marco, lo suficientemente como para no entrar en contradicciones con la realidad y, además, para permitir que los propios convenios o contratos generen los espacios concretos”.

Además de sugerir un cambio en la definición de teletrabajo, opinó que “no es buena la prohibición de remitir comunicaciones fuera de la jornada, así como también suprimir la obligación de contar con un mecanismo que permita contactar” al empleado, porque esto es algo “impracticable y difícil de verificar” e “incompatible con diferentes usos horarios”, en caso que el empleado trabaje para un empresa en el exterior.

Funes de Rioja señaló que la reversibilidad deber ser “en común” y advirtió sobre el punto relacionado a las tareas de cuidado, evitando “obligaciones u obstáculos de funcionamiento operativo del teletrabajo, que terminen haciéndolo incumpible”. También expresó reparos sobre “la limitación de contratación de trabajadores extranjeros” y el plazo de adaptación de 90 días después de que finalice el aislamiento.

Otro de los invitados fue Luis Galeazzi, director ejecutivo de Argencon -entidad que reúne a las empresas prestadoras de servicios basados en el conocimiento-, que expresó: “Nuestra seria preocupación es que esta ley, tal como fue escrita en Diputados, genera condiciones que no son realizables, no son practicables. Y al no ser practicables, estas normas generan contradicciones, que en lugar de favorecer el teletrabajo, lo van a entorpecer”.

“La reversibilidad tiene que ser de común acuerdo, es de sentido común que así sea”, coincidió y cuestionó el hecho de “discriminar al trabajo extranjero”, cuando desde este sector exportan “teletrabajo al mundo, cientos de miles de horas anuales de teletrabajo, son seis mil millones de dólares, la tercera fuente de exportación argentina”.

Galeazzi sentenció que “esta ley no da ventajas, no da beneficios. No beneficia al trabajador, a las empresas y a los sindicatos; y va a generar una industria del litigio”.

Ninguna de estas críticas constructivas fueron tenidas en cuenta y alguien lo tiene que hacer. El presidente Alberto Fernández tiene que tener esto en cuenta, vetar esta ley y enviar un nuevo proyecto al Congreso Nacional para evitar el mamarracho que impulsaron los diputados oficialistas desde la Cámara baja.
 

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