CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Diana Beatriz Conti es abogada y psicóloga, aunque en el pasado trabajó como docente, aunque le provoca más orgullo haber sido asistente, durante la Convención Constituyente de 1994, de Eugenio Raúl Zaffaroni durante un mes. En 1997 fue electa diputada por la provincia de Buenos Aires en la boleta que encabezó Graciela Fernández Meijide. En 1999 fue subsecretaria de Derechos Humanos con Fernando De la Rúa. Luego, ella fue senadora nacional por el Frepaso en representación de la Provincia de Buenos Aires para completar el mandato de Raúl Alfonsín. En diciembre de 2005, fue electa diputada por la Provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria y relecta en las elecciones legislativas de Argentina de 2009. En 2013 busca un 3er. mandato.
Conti entiende de panchos, no de votos (Massa sumaría 10 puntos en octubre)
Ya había hablado Carlos Kunkel, se esperaba la reflexión, nunca aguda, de Diana Conti. Obviamente que ella coincidió con Cristina Fernández de Kirchner: los electores se encuentran, en parte, confundidos, y eligen un candidato como si se tratara de comer un pancho. ¿Así también eligieron en 2007 y 2011 a la Presidente de la Nación? El desprecio por la supuesta soberanía popular es tan marcado en el Frente para la Victoria como la ratificación de que sus integrantes son malos perdedores. También hay otras reflexiones dominicales.
18 de agosto de 2013 - 12:16
Evidentemente, es una mujer de oportunismos antes que de convicciones.
Al diario La Nación acaba de explicarle las ventajas de voto calificado: "La mayoría de la gente, en una elección de medio término, se da permisos. Y hay un sector importante de la gente que compra a un candidato como si fuera un pancho, y el análisis debería ser más profundo".
También: "Sí, puede haber un grado de confusión, porque hay dirigentes que en fotos muy recientes estaban en el Frente para la Victoria y ahora están con (Sergio) Massa. Tenemos que dejar en claro que es la lista que inspiró las políticas de (Eduardo) Duhalde, es volver al liberalismo económico".
Pero Roberto Lavagna, quien artículo la etapa económica exitosa de Duhalde, y hoy se encuentra junto a Massa, fue ministro de Economía de Néstor Kirchner... Miguel Peirano, otro colaborador de Massa, fue ministro de Economía de Néstor Kirchner. Martín Redrado, otro colaborador de Massa, fue presidente del Banco Central con Néstor Kirchner y Cristina Fernández...
Diana Conti es más bien torpe en sus apreciaciones.
Sobre los dirigentes que estuvieron en el gobierno kirchnerista y ahora pasaron al massismo, señaló que "ahora salieron de la conducción de Cristina, y con otra conducción van a mostrar sus verdaderas representaciones, que son sectoriales. Decidieron salirse de esa conducción, porque piensan en no defender lo nacional y popular, sino intereses corporativos; se alejan porque están viendo que no hay reelección. Ellos están pensando en 2015 y mostraron la hilacha. Cuando abren la boca sobre algo más profundo, muestran su verdadera ideología, si la tienen, porque en general son pragmáticos"
Las opiniones de Conti pueden complementarse con algunas reflexiones periodísticas dominicales.
"(...) En el oficialismo, la derrota provocó reacciones disímiles, en un clima de preocupación y malestar.
Un signo de la caída del Frente para la Victoria es que, aunque algunos lograron esquivar el golpe, varios intendentes peronistas del Conurbano con caudal propio de votos vieron cómo sus listas de candidatos a concejales acompañaban a Insaurralde en la derrota.
Más temprano que tarde, se instaló así en el kirchnerismo la discusión de quién arrastró a quién a la derrota. Pero esta vez los intendentes reaccionaron antes de que desde el núcleo duro del kirchnerismo salieran a responsabilizarlos.
Entre lunes y martes, el gobernador Daniel Scioli habló telefónica o personalmente con decenas de intendentes, en especial con los que habían perdido. A todos les preguntó por los factores que, a su criterio, habían causado la derrota.
“La corrupción y la inseguridad”, resumió sin titubear el intendente ultra K de Avellaneda, Jorge Ferraresi. Con notorio poder de síntesis, el alcalde -uno de los que perdió el domingo- concentró las culpas en la Casa Rosada y la Gobernación.
Con matices, la mayoría de los intendentes adjudicó a las denuncias de los últimos meses sobre presuntos negociados con fondos públicos, y al violento accionar de la delincuencia en la Provincia, las razones centrales del vuelco mayoritario de los bonaerenses a opciones opositoras: siete de cada diez. Y rápidamente comenzaron a plantear -muy pocos en voz alta- la necesidad de definir una nueva estrategia de campaña para octubre.
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Pero pidieron algo más: participación en esa definición, que debería incluir anuncios de medidas “para la clase media”. Los intendentes saben que el peronismo no gana sin la adhesión de ese sector social.
Por eso, profundizó la preocupación en ese espacio el único mensaje que pronunció la Presidenta desde la derrota. Como si le hablara a los intendentes quejosos, dijo que no habrá anuncios ni “promesas” y barrió con las expectativas de cambios en la estrategia. (...)".
"(...) En materia electoral, para Cristina no hay más remedio que pensar en octubre, porque el Gobierno perdió en todos lados, porque donde ganó, también perdió. Y por eso los gobernadores pretenden desnacionalizar las verdaderas elecciones legislativas. No quieren saber nada de compartir una tribuna con alguno de los impresentables que pudieren llegar desde Buenos Aires. No se animan aún del todo, pero en algún momento le van a pedir a la Presidenta que ni se aparezca por sus comarcas.
Con los amanuenses del poder bastante confundidos, aunque necesitados de defender sueldos nada despreciables, con los jefes territoriales de la provincia de Buenos Aires en sus propias picardías, con los gobernadores erizados y con las arcas del Estado exhaustas, la Presidenta ha decidido jugársela a hacer más de lo mismo en materia económica o si se propone cambiar algo, que sea mínimo para que no se note el paso dado para atrás.
Alguna variante de autocrítica pareció querer deslizar cuando dijo que "cuando tomás una medida en la economía eso termina repercutiendo en todos los sectores económicos y muchas veces las buenas intenciones terminan en horribles resultados".
Si bien, la mención tendería a reconocer muchos de los desaguisados que se hicieron sin tener conciencia del efecto dominó, la Presidenta sorprendió cuando cerró la frase con un enigma: "Es más, como decía mi abuela, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. La verdad que yo tampoco creo demasiado que haya buenas intenciones. Sinceramente, sería mentirosa si lo dijera".
No resulta raro el desconcierto presidencial porque, desde lo técnico, el Gobierno sigue enlazado en su propia trampa: se ha quedado sin margen cambiario y fiscal, no sólo ya casi no tiene más dólares ni pesos genuinos que alcancen para tapar los agujeros, ni mucho menos capacidad de endeudamiento (ni siquiera con los narcolavadores), sino que cada medida que tomó de modo aislado terminó agravando los problemas. Tuvo que imponer el cepo cambiario, dosificar el pago de importaciones, emitir cada vez más pesos y redoblar la presión impositiva hasta la locura de afectar el salario.
El domingo pasado, el famoso modelo de consumo inducido y de matriz productiva diversificada terminó de deshilacharse por sus propias fallas de concepción y quedó en terapia intensiva básicamente por el pecado capital de la inflación consentida que, aunque el INDEC la esconda, ya destruyó todos los equilibrios del sistema. (...)".
"(...) Ni hablar del malestar que sienten gobernadores e intendentes, tanto los mas aliados como los que miran desde un poco mas afuera. Ninguno de ellos quiere que Cristina los arrastre en octubre a una derrota todavía más dura y lo que reclaman, o pensaban reclamar para poner las cosas en el justo término en el que ocurrieron, es conservar el poder en sus propios territorios, mantener a rienda corta la propia tropa, sin importarles demasiado lo que ocurra a nivel nacional.
De movida, todo les ha ido mal. Lo contaba no sin un arranque de furia uno de los gobernadores aliados que vinieron el miércoles a Buenos Aires convocados por Oscar Parrilli para participar del acto en Tecnópolis. Hubo rápidos contactos personales o telefónicos entre varios de ellos antes de subirse a los aviones con destino a la Ciudad Autónoma, convencidos de la necesidad de ir a ese encuentro con una agenda previa de temas.
Dos en verdad figuraron en todos los borradores o en esas charlas: de mínima querían acordar desde ahora la menor presencia posible del gobierno nacional, y de la propia figura presidencial en sus territorios, necesitados como se dijo de conservar el poder dentro de la patria chica.
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De máxima, pensaban reclamar fieles a todo buen peronista que se precie de serlo, hablar ahora mismo con Cristina de la sucesión para 2015, abortada para siempre cualquier intentona de conseguir por derecha la reforma constitucional y la re-reelección. Eso implicaba nada menos que plantear esa discusión sin esperar a los resultados de octubre. Todos esos actores saben, porque también son consumidores compulsivos de encuestas, que el resultado de las legislativas en el más idílico de los casos le dejará al oficialismo la posibilidad de conservar el quórum propio en Diputados, y la promesa de esfuerzos enconados para mantener el mismo status en la cámara de Senadores.
No pudo ser: Parrilli los encerró a todos en un corralito a un costado del palco; ella apenas si los saludó de a uno con un beso en la mejilla o una palmadita en el hombro, y de postre les entregó las llaves de una camioneta para que se lleven a sus provincias y colaboren desde allí al plan pare insertar el agro en las escuelas que la presidente lanzaba desde la feria futurista rodeada de los fanáticos y aplaudidores de siempre. "No han entendido nada, o la ceguera no los deja entender", se lamentó un gobernador mientras caminaba resignado hacia la salida, llave en mano.
El caso de Scioli, más allá de sus declaraciones de superficie, y de su asombroso intento por acomodar siempre los tantos con los mismos enemigos internos que sabe que no dudarán un instante en convertirlo otra vez en su blanco preferido, es otro motivo de preocupación, y hasta algunos dicen "de desesperación", según relatan importantes fuentes de la gobernación platense.
El gobernador ha quedado literalmente en un callejón sin salida. Eligió quedarse al lado de Cristina tras ciertos y comprobables acercamientos con Sergio Massa, convencido de que tarde o temprano ella lo va a venir a buscar para que sea, aun por descarte, su candidato para 2015.
Pero hasta en esos mismos cuarteles sciolistas lo reconocen, y el problema es si el gobernador lo alcanza a entender en su cerrazón mental para desechar uno a uno algunos consejos que le acercan desde su tropa de asesores: ya hay un plan en la Casa Rosada para convertirlo en el padre de la derrota si finalmente acontece la segunda gran debacle electoral que empezarían a avizorar los primeros sondeos que se conocen.
Uno de ellos, que fue leído en los cuarteles de Tigre pero que también aterrizó en algunos despachos de la Casa Rosada, elaborado por Federico González / Marketing Político, anticipa que el Frente Renovador podría incrementar en al menos 10 puntos la diferencia de votos de las PASO respecto de lo obtenido por Martín Insaurralde.
Para la consultora, el tigrense arranca con una intención de voto del 39,2 por ciento, algo más de cuatro puntos por encima de lo obtenido el 11 de agosto. Mientras que la intención de voto del intendente de Lomas de Zamora caería por lo menos un punto, del 29,6 al 28,8 por ciento. Respecto de los otros dos candidatos, la consultora pronostica un crecimiento de Margarita Stolbizer de cuatro puntos (de 11.1 a 15,5), y una caída de Francisco de Narváez de unos dos puntos (10,5 a 8,7), como consecuencia de un corrimiento de votos del "Colorado" hacia el massismo. (...)".






