actDiciembre suele ser, en la Argentina, un mes cargado de tensión. Es el momento del año en el que la política, los mercados y la calle miran de reojo cualquier chispa que pueda encender un estallido social. En especial, cuando gobierna un presidente no peronista. Sin embargo, Javier Milei llegó a fin de año con un dato que no pasó inadvertido: la calle estuvo en calma y la temida “explosión de diciembre” no ocurrió.
TODO BAJO CONTROL
Diciembre en calma: Milei logró llegar a fin de año sin estallido social, algo inusual en la Argentina
El Gobierno de Javier Milei logró transitar otro diciembre en calma. Llega la Navidad sin conflicto social en la calle y con apoyo popular hacia el Presidente.
No es un detalle menor. La historia reciente muestra que diciembre suele ser un terreno hostil para los gobiernos que no cuentan con el respaldo del peronismo. Mauricio Macri lo padeció en 2017, con disturbios frente al Congreso durante el debate previsional y una imagen que quedó grabada en la memoria colectiva: la del “gordo mortero”. Otros presidentes también enfrentaron protestas, saqueos o una fuerte conflictividad social en ese mes clave.
Diciembre tranquilo
Esta vez, el escenario fue distinto. A pesar del ajuste, de las reformas en discusión y del impacto económico que todavía se siente en amplios sectores de la sociedad, no hubo estallidos, ni saqueos, ni grandes protestas desbordadas. Tampoco se repitieron escenas que durante años fueron habituales: piquetes permanentes, acampes de organizaciones sociales en la 9 de Julio o marchas masivas que paralizaban la Ciudad de Buenos Aires.
Incluso la última movilización convocada por la CGT contra la reforma laboral mostró una postal inesperada. La convocatoria fue menor a la esperada, con sindicatos que movilizaron más por compromiso que por convicción, y una protesta que se desarrolló de manera pacífica y casi testimonial. Lejos quedaron las marchas multitudinarias que el sindicalismo supo exhibir en otros contextos políticos.
El dato es claro: Milei consiguió, al menos por ahora, aplacar la ebullición social y sindical. Logró transitar diciembre sin que la calle se le vaya de las manos, algo que en la Argentina no suele ser la regla.
Milei y su Gobierno, al límite
Pero esa calma no está exenta de riesgos. El propio Gobierno lo sabe. Si bien la baja de la inflación es uno de los principales logros que el oficialismo exhibe con orgullo, la economía real todavía no muestra señales claras de recuperación. El consumo sigue deprimido, muchas empresas achican personal y los despidos comienzan a sentirse en distintos sectores. Ese combo económico representa un peligro latente para la gobernabilidad, especialmente si la paciencia social empieza a agotarse.
La calma en la calle, entonces, no garantiza estabilidad a largo plazo. Es una foto del presente, no una película asegurada. La pregunta que sobrevuela es hasta cuándo podrá sostenerse ese clima si la situación económica no mejora.
Aun así, Milei conserva un activo central: el apoyo popular. Las últimas elecciones legislativas lo confirmaron. La Libertad Avanza no solo consolidó su crecimiento, sino que logró imponerse incluso en la provincia de Buenos Aires, un territorio históricamente dominado por el peronismo. Ese resultado reforzó la idea de que una parte significativa de la sociedad sigue apostando por el Presidente.
Por qué Milei sigue en pie
Ese respaldo parece explicarse menos por un entusiasmo pleno y más por un rechazo profundo a lo que quedó atrás. Rechazo a la política tradicional, al sindicalismo, al peronismo, al kirchnerismo y a las organizaciones sociales que durante años monopolizaron la calle. Frente a ese escenario, Milei sigue ocupando un lugar particular en el imaginario colectivo: el del outsider que vino a romper con el sistema.
Esa condición, que lo llevó a la Casa Rosada, también lo protege —por ahora— de una reacción social más contundente. La calma de diciembre puede leerse, entonces, como una tregua social sostenida por expectativas, cansancio y descontento acumulado con la dirigencia tradicional.
El desafío para Milei será convertir esa tregua en algo más duradero. Porque en la Argentina, la paz social en diciembre nunca es un dato definitivo, sino apenas una excepción que siempre está a prueba.
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