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ZEBALLOS, DE AFUERA HACIA DENTRO

Punto de inflexión en el gol de Boca vs. Newell's: el mensaje para Úbeda

El primer gol de Boca en la victoria sobre Newell's tuvo a dos protagonistas: Lautaro Blanco y Exequiel Zeballos. La posición del Changuito que se impone.

Blanco interceptó, Zeballos condujo y Blanco finalizó: el contragolpe letal de Boca

El gol -el primero para Boca, luego vendría el segundo, en los pies de Leandro Paredes-, fue promediando el minuto 40 del primer tiempo. Todo ocurrió en cuestión de segundos. Instantes antes de enviarla a la red, el propio Lautaro Blanco roba la pelota en la mitad de la cancha, interpretando muy bien el pase que llegaba para Guch, de Newell's. Esa lectura le permitió anticipar al rival, trabar y lograr que la pelota le quede al Changuito Zeballos para iniciar el contragolpe ante un rival mal parado.

La pelota a Zeballos le quedó exactamente a la altura del centro del campo. El delantero estaba retrocediendo por esa zona y fue ahí que se encontró con el balón que había recuperado su compañero.

El Changuito condujo hasta la medialuna del área, con Gelini y Zufiaurre como opciones por derecha y Blanco como opción por izquierda. Eligió esta última, para que el ex Rosario Central defina ante la salida de Arias.

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La buena definición de Blanco hizo pasar desapercibida su acción inicial, la de anticiparse al futbolista de la Lepra. Ese es el primer aspecto destacable: ahí hubo una buena lectura producto de la intuición, de un lateral que no suele transitar carriles internos de la cancha pero que se atrevió a cerrarse con la velocidad necesaria para robar y contraatacar.

Pero hubo una secuencia más destacable aun, que puede significar un cambio importante en la estructura de Boca pero que lógicamente quedará determinada por la decisión que tome el entrenador: tener Zeballos por dentro.

Zeballos por dentro

Era Diego Martínez quien, durante su etapa como DT en 2024, hacía malabares con un plantel escueto y, ante la falta de alternativas, ubicaba al Changuito por zonas interiores y lo corría de la banda. Duró apenas un puñado de partidos, pero fue tal vez una de las incursiones más enriquecedoras para la carrera del incipiente delantero.

Pasaron los entrenadores, entre Fernando Gago, Miguel Ángel Russo y Claudio Úbeda, y el jugador nunca volvió a repetirlo, salvo alguna ocasión puntal con Úbeda. Sino, la elección siempre fue colocarlo sobre la raya; de extremo.

Pero así como los contextos cambian, los futbolistas también maduran sus cualidades, pulen sus aptitudes y completan sus características. En ese sentido, el desarrollo de Zeballos a lo largo de estos años lo coloca hoy ante la oportunidad de manejarse en otras zonas de la cancha.

Dado el contexto de este Boca, lo del delantero de Santiago del Estero no es solo una oportunidad sino también una necesidad. Para él y para el equipo.

En este 4-3-3 por el que se inclina Úbeda, Changuito funciona dentro de su zona más recurrente: la de extremo, pegado a la banda, preparado para recibir y regatear en el 1vs.1.

Las sensaciones no podrían ser más contradictorias. A pesar de haber jugado históricamente en esa posición, las cualidades de Zeballos parecen perder fuerza cada vez que le llega la pelota en esa situación. Recibe ahí, contra la raya, en situación de ataque, pero el contexto no lo ayuda. Sin intención de un desmarque al espacio o de pararse más adentro, a eso se suma que tampoco tiene compañeros que se asocien con él de manera tal que la jugada progrese favorablemente.

La imagen es repetida: Un Zeballos -y, consecuentemente, también un equipo-, sin sorpresa, que pide la pelota pegado a la línea del lateral y que, cuando quiere encarar el 1vs.1 ante a su marcador, termina por tener que enfrentar no solo a un rival sino a dos, porque entre ellos doblegan la marca para detenerlo. Con poco apoyo y un regate muy anunciado, la jugada tiende a diluirse.

Un contexto más asociativo para el Changuito

¿Pero qué pasaría si, en vez de estancarse sobre la raya, Zeballos se moviera más cerca del centro? ¿Si pisara zonas del campo en las que pudiese entrar más en contacto con la pelota en lugar de esperar a recibirla? "Los buenos siempre terminan jugando por dentro", reza una frase popular dentro del inagotable folklore del fútbol.

La frase hace referencia a las condiciones de un futbolista de moverse por el centro del campo, en zonas de gestación y creación. Zonas neurálgicas, con muchos jugadores propios y rivales, donde se incuban los ataques de un equipo. Zonas de mayor incidencia con la pelota.

Incorporar al Changuito a ese circuito pareciera ser una idea con el peso suficiente como para darle la oportunidad. No necesariamente como volante, claro. Podría jugar como un segunda punta, en ese clásico lugar del "7". Algo más retrasado que el "9", pero lo suficientemente cerca de él como de los mediocampistas, como para asociarse con todos ellos.

De eso se trata: de rodearlo de un contexto más asociativo. Sus cualidades técnicas se lo permiten. Y sus compañeros se lo agradecerían: puede ser una opción entrelíneas para los pases puntillosos de Paredes, una opción para las lecturas de Herrera o una opción para combinar con Ascacíbar. Y más cerca del centrodelantero, para tenerlo siempre en su radar.

Además, en esa posición de segundo punta también está más cerca del área, otra necesidad de Boca; delanteros que pisen el área.

El complemento, mientras tanto, también es por fuera. Un Lautaro Blanco proyectándose por fuera, generando amplitud en el ataque y siendo fundamental para estirar la defensa rival. Un ataque Xeneize que se complejizaría y generaría muchas más dudas y complicaciones a la defensa contraria.

El gol de esta tarde ante Newell's fue un muestreo de esa potencial estructura. Zeballos por dentro, cerca de la pelota, más influyente. Y Blanco por fuera. Pero sobre todo Zeballos por dentro.

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