Un 27 de enero de 2002, el estadio José María Minella fue testigo de un Superclásico que contrastaba la euforia en la cancha con la violencia en las tribunas. Boca Juniors, liderado por jóvenes talentosos, dominaba a River 3 a 0 cuando Ariel Carreño corrió a abrazar al juez de línea, un momento que quedó para la historia.
emotivo contraste
El gol del abrazo: el festejo de Carreño en mitad de la violencia
En medio de una aplastante victoria de Boca sobre River 4-0, Ariel Carreño celebra su segundo gol abrazando al juez de línea Ernesto Taibi.
Piñas en las tribunas, inusual abrazo en la cancha
Mientras los juveniles de Boca encantaban con su fútbol, las tribunas del estadio se sumergían en un caos de violencia. Héctor Baldassi, el árbitro, observaba la situación con la suspensión del partido en el horizonte. Boca, ya con ventaja, no aflojaba el ritmo, y los juveniles buscaban aprovechar al máximo la oportunidad.
El momento culminante se dio a los 15 minutos del segundo tiempo, cuando Walter Gaitán habilitó a Ariel Carreño para marcar su segundo gol. La euforia desató una celebración inusual: con un gesto impensado, el joven cordobés se sacó la camiseta y corrió a abrazar al línea Ernesto Taibi. Un abrazo afectuoso que marcó un instante surrealista en la historia del fútbol argentino.
La simpática celebración de Ariel Carreño
Aunque la victoria de Boca por 4-0 selló el destino del Superclásico, el peculiar festejo de Carreño acaparó la atención. “Fue mi primer Boca-River oficial y lo recordaré por siempre. Pero lo más lindo es que mi mamá, Amalia, cumplió años y me pidió que hiciera un gol. Pero como la quiero un montonazo decidí regalarle dos”, confesaría el jugador más tarde. Sin embargo, lo extraordinario fue el abrazo a Taibi, gesto que generó ciertas controversias y críticas.
En defensa de su acto, Carreño explicó que decidió regalarle su camiseta a Taibi por ser también cordobés. Por su parte, el ex juez de línea encontró el gesto simpático y lo recordó entre risas. “Me sorprendió muchísimo cuando se paró enfrente y me abrazó. Le salió de adentro. Mientras me abrazaba, repetía a cada momento ‘¡qué golazo, qué golazo!’ y me besaba en la mejilla“.
A pesar de las polémicas, el festejo no desencadenó los incidentes en las tribunas, según aclaró Taibi, mientras Baldassi decidía poner fin al partido.









