La economía argentina atraviesa una dinámica que, a primera vista, parece contradictoria. En los últimos dos años el salario real registrado cayó entre 2% y 17% (dependiendo del sector), el desempleo mostró un alza de casi 2 puntos, pero al mismo tiempo la pobreza registró una disminución, siendo en el segundo semestre de 2025 de 28,2%, según el INDEC.
Lejos de ser un error estadístico, este fenómeno responde a una combinación de factores macroeconómicos, sociales y metodológicos que reconfiguran la lectura tradicional de los indicadores. El empeoramiento de la situación económica de gran parte de la clase media se ve compensada en las estadísticas a través de asignaciones familiares y la precarización laboral.
La caída del salario real
En primer lugar, la caída del salario real es uno de los rasgos más visibles del período. La aceleración inflacionaria erosionó el poder adquisitivo, especialmente en los sectores formales, donde las paritarias no lograron acompañar el ritmo de los precios en varios tramos. Según comunicó Nadin Argañaraz, entre noviembre de 2023 y enero 2025, los salarios privados registrados se ubican un 2,3% por debajo en términos reales, mientras que los del sector público acumulan una caída del 17,9%. Dentro de este último grupo, la contracción es mucho más pronunciada en el ámbito nacional (-35,8%) que en el provincial (-10,3%).
A esto se sumó una recomposición parcial y desigual, que dejó a muchos trabajadores por debajo de los niveles previos en términos reales.
Desempleo en alza
En paralelo, el mercado laboral también evidenció tensiones. El nivel de actividad mostró altibajos y algunas ramas intensivas en empleo redujeron personal, lo que se tradujo en un leve aumento del desempleo, de casi 2 puntos. Según Politikon Chaco, entre 2024 y 2025, cerraron sus operaciones más de 23.500 empleadores en todo el país.
Sin embargo, este dato por sí solo no refleja toda la dinámica: también creció la informalidad y el cuentapropismo, lo que permitió absorber parte de la mano de obra desplazada y precarizar a muchos trabajadores.
Entonces, ¿cómo se explica la caída de la pobreza en este contexto?
La clave está en los ingresos no laborales y en la política social. Durante este período, el Estado reforzó los mecanismos de asistencia directa, a través de transferencias, bonos y programas sociales que impactan de manera más fuerte en los sectores de menores ingresos.
Estos ingresos, aunque no siempre se reflejan en las estadísticas salariales, sí se computan al momento de medir la pobreza, ya que el indicador considera el ingreso total de los hogares.
En otras palabras, una familia puede haber perdido poder adquisitivo en términos salariales, pero compensarlo —parcial o totalmente— con ayuda estatal, o simplemente la pérdida de poder de compra no llegó al límite de no poder cubrir la canasta básica.
El ministerio de Capital Humano publicó que las asignaciones familiares alcanzaron $656.297 millones, siguiendo un camino ascendente de ayuda. En el siguiente cuadro se puede ver la aceleración de las prestaciones desde la asunción de Javier Milei.
Aunque en la serie a valores constantes hay caídas a lo largo del período Milei (la última desde que se disparó el IPC), la tendencia general sigue siendo positiva.
Sectores e ingresos
Otro factor importante es la heterogeneidad regional y sectorial. Mientras algunos segmentos —como el empleo público o sectores regulados— sufrieron caídas más marcadas, otros, vinculados a exportaciones o actividades dinámicas, lograron recomponerse con mayor rapidez. Esta dispersión genera que el promedio salarial caiga, pero que ciertos grupos mejoren su posición relativa.
Medición de pobreza por ingresos
También influye la forma en que se mide la pobreza. El indicador se basa en la comparación entre ingresos y el costo de una canasta básica, que en febrero fue de $452.321 promedio para un adulto. Si bien esta canasta sube con la inflación, lo hace con una composición específica que no siempre refleja el consumo total de los hogares. En algunos contextos, esto puede generar mejoras estadísticas aun cuando la percepción social sea diferente.
La aparente contradicción entre salarios en baja, mayor desempleo y menor pobreza se explica con los métodos estadísticos para medir las diferentes variables.
La mejora en los indicadores sociales, en este caso, no responde a un crecimiento genuino del ingreso ni mejor nivel de vida, sino a mecanismos compensatorios y a la precarización laboral, que permite un ingreso en mano mayor a costa de seguridad y aportes.
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