Argentina contrajo a mediados de 2018 obligaciones de pagos para con el FMI por un total de 57 mil millones de dólares, esto fue durante la crisis económica que sufrió el gobierno de Macri, la cual nació el 28 de diciembre cuando Marcos Peña decidió intervenir en la política monetaria del BCRA, causando una corrida contra el peso que luego se profundizaría una vez legislado el impuesto a la renta. En este contexto, el gobierno argentino tuvo que recurrir a la entidad internacional para lograr un salvataje que lo salve del default hacia el año 2019. Las propias autoridades consideraron que el préstamo stand-by no cumplió con ninguna de las expectativas generadas, y, en pocas palabras, omitió decir que fue un fracaso.
Ya han pasado más de tres años desde el inicio de la decadencia financiera del gobierno de Mauricio Macri, contexto que lo llevó a anunciar que recurriría al FMI para poder hacer frente a las obligaciones de pago de la Argentina. Así, la institución monetaria, impulsada por motivos políticos, accedió a prestarle al país fondos por un total de 57 millones de dólares, cifra que excede en más de un 1000% la cuota que aporta el país a la institución. Pero esta vez, las condiciones diferían. El propio FMI intentaba darse un lavado de cara para con la población, y sugería que gran parte del préstamo se destine a ayuda social, luego, a contener la crisis financiera del país, aunque en agosto de 2019, el plan ya había fracasado.
Luego se sucedió el kirchnerismo, histórico adversario del FMI por motivos ideológicos, pero sólo en lo que respecta a los discursos demagógicos. En la realidad, el kirchnerismo nunca enfrentó a la institución internacional, ni siquiera lo hizo con el Fondo de París, por el contrario, siempre otorgaron concesiones y cumplieron los pagos ocultándolo a la militancia, y con esta última institución incluso ha llegado a cancelar deudas de contado sin ningún tipo de quita de interés punitorios, algo que no parece razonable, y mucho menos revolucionario.
Con lo que respecta al FMI, si bien una buena parte de su portfolio de activos es justamente la deuda que contrajo Argentina, también hay otros países que tienen obligaciones para con la institución internacional. No es sensato esperar que estas negociaciones produzcan grandes sorpresas, por el contrario, la entidad no tiene interés en concederle muchas ventajas a Argentina, ya que los otros deudores podrían intentar negociar mejores plazos de deuda, tasas más bajas e incluso quitas si así lo hicieran con nuestro país. Por lo cual, esperar un triunfo de Argentina en estas negociaciones va en contra de lo más elemental de nuestra realidad.
Ahora, tanto Argentina como el FMI no tienen nada que perder ni que ganar. Argentina no dejará de ser un país de frontera por haber refinanciado sus obligaciones de pago con la entidad internacional, aun si no llegara a un acuerdo para el mes de marzo, la economía seguirá marchando impulsada por la inercia de los argentinos que han de trabajar para poder poner un plato de comida en la mesa. El campo seguirá produciendo, y seguirá siendo saqueado para abastecer a la economía de los dólares suficientes para subsidiar las importaciones.
Y es que no hay intención por parte del gobierno nacional por corregir ninguno de los desequilibrios macroeconómicos severos que tiene el país, aún peor, al momento de tratar la ley de presupuesto, añadieron gastos por miles de millones de pesos sin siquiera explicar de dónde sacarían el dinero para financiarlo siendo que el presupuesto ya era deficitario, y necesitaba de 12 mil millones de dólares para cubrir el rojo fiscal. Entonces, ¿a qué apuesta el gobierno nacional? Por lo pronto, a lo único que se apuesta es a patear la deuda hacia delante. Lo interesante, es que las obligaciones de pago inician en 2024, primer año del segundo término presidencial de Alberto Fernández de volver a ser elegido, ¿pero cómo habrían él y su gobierno de pagar la deuda? Una pregunta sin respuesta. Pero surge otra suspicacia, y es que de no ser relectos en 2023, para el año 2024 habrá otro gobierno con otro color político, que deberá de hacerse cargo de un total anual de deuda a pagar hasta 2034 de 18 mil millones de dólares por año, tal como lo hemos comunicado en Urgente24 hace algunas semanas.
En definitiva, el acuerdo con el FMI y lo que prometa el gobierno nacional es irrelevante. Patear hacia delante los pagos de la deuda no solucionaran ninguno de los problemas estructurales que sufre el país, y sin tales soluciones, no podrán crearse los empleos necesarios y bien remunerados para reducir no sólo el desempleo sino también la pobreza en el mediano y largo plazo. Argentina necesita reformas estructurales que ataquen el enorme impacto que le genera a la economía un estado deficitario, sobredimensionado, que pone trabas a la producción y sólo se ocupa de licuar salarios y espantar inversiones. No es casualidad que hoy Argentina tenga su presión impositiva más alta de la historia, el tamaño de estado más alto de la historia, y la pobreza estructural llegue casi a los niveles del 40% de la población, en el cual el segmento más comprometido y damnificado sean los niños y adolescentes de 0 a 17 años de edad, los cuales el 65% de ellos viven bajo el nivel de pobreza. Argentina ha hecho todo mal, y hacia futuro, sólo promete profundizar sus malas decisiones políticas y económicas.















