La finitud del sistema de energía global actual en la Tierra, basado en la combustión de materiales fósiles para generar calor, motivó a las empresas energéticas a invertir cada vez más en la búsqueda de alternativas. Desde la energía solar, pasando por la hídrica y la eólica, hasta opciones prometedoras como las baterías de hidrógeno.
Sin embargo, una de esas alternativas ha pasado por debajo del radar para el público en general. Se trata de la geotermia, la energía en forma de calor generada por la actividad en el núcleo de la Tierra.
Esta alternativa cuenta con casi todas las ventajas que proponen otras versiones de energía renovable. Su fuente es prácticamente inagotable a escala humana (unos 20 millones de años de energía asegurada), no produce emisiones que contribuyen al efecto invernadero y se encuentra dentro del planeta, entre otros aspectos positivos.
No obstante, la geotermia representa un desafío mayúsculo en lo que respecta a su explotación. Al encontrarse en las profundidades de las capas terrestres, su extracción se vuelve especialmente compleja, poniendo en jaque las técnicas convencionales que sirven al sector petrolero en todo el mundo.
De allí deriva su “poco ruido” por fuera del ámbito energético. El costo actual de producir geotermia ronda los 180 dólares por megavatio hora, valor ampliamente mayor que la misma unidad proveniente de otras fuentes.
La energía de adentro
Además de los costos, también hay desafíos científicos y técnicos. Las técnicas generalizadas de penetración terrestres no han dado, hasta aquí, la posibilidad de acceder a niveles industriales a la energía geotérmica.
En ese sentido, el pozo más profundo jamás cavado por la humanidad es el superprofundo Kola, de unos 12.289 metros de profundidad. Se trató de un proyecto científico auspiciado por la ex Unión Soviética (actual Rusia) en 1989.
Para encontrar fuentes geotérmicas considerables, la humanidad debería alcanzar profundidades que sólo se encuentran penetrando en el lecho marino inexplorado. Además, las técnicas no podrían basarse exclusivamente en la excavación mecánica dada la dureza de ciertos materiales de profundidad, demandando otras opciones más rápidas y efectivas como la excavación láser.
Ahora bien, todos esos obstáculos no echan por tierra el interés de las energéticas para generar una vía potable hacia la geotermia. Al respecto, un artículo del sitio especializado Oil Price dio cuenta de inversiones de hasta 95 millones de dólares en proyectos de desarrollo de técnicas de excavación profunda, como el de Quaise Energy (MIT), que se basa en la fusión nuclear para generar una alternativa que permite avanzar hasta 20 metros de profundidad por hora y superar a Kola en tan solo 25 días.
China se puso a cavar
Coincidencia o no, China lanzó en los últimos meses diversos proyectos de pozos superprofundos. Los proyectos, que al mismo tiempo exploran opciones petroleras en diversos sitios, están apuntados a conocer las dinámicas geotérmicas.
Además, China completó recientemente el "Shenditake 1", el pozo más profundo de Asia. Se trata de un hueco de más de 10.000 metros de profundidad.
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