La tranquilidad de una noche dominical se transformó en pesadilla para una familia rosarina cuando lo que debería haber sido un trayecto rutinario derivó en una experiencia que evidencia las grietas del sistema de seguridad en las plataformas digitales de transporte. Luciana jamás imaginó que solicitar un servicio de Uber para que su hija de 22 años regresara a casa desencadenaría en lo que ella considera un intento de secuestro.
"TENÍA UN MACHETE Y SOGAS EN EL BAÚL"
Escalofriante: El viaje en Uber que dejó aterrada a una joven
Usuarios en redes destacaron cómo la aplicación Uber permitió rastrear el viaje, aunque cuestionaron la respuesta policial ante el riesgo.
La madrugada del domingo 10 de agosto se convirtió en el epicentro de una situación que pone en jaque la confianza depositada en estas aplicaciones. Mientras monitoreaba desde su hogar el recorrido que debía llevar a su hija directamente a casa, Luciana detectó una anomalía que activó todas las alarmas familiares: el vehículo había tomado rumbo hacia la autopista Rosario-Córdoba, alejándose considerablemente del destino pactado.
La comunicación entre madre e hija se volvió el único hilo conductor de una trama que escalaba peligrosamente. "Le mandé un mensaje a mi hija preguntándole si estaba todo bien y me respondió que estaba asustada", reveló Luciana durante su testimonio en el programa "Siempre Juntos" de Cadena 3 Rosario. La respuesta confirmó los peores temores maternos y desató una carrera contrarreloj para evitar lo impensable.
Un viaje en Uber que parecía rutinario cambió de rumbo y generó alerta
El conductor no solo mantenía un rumbo errático, sino que intentaba aislar completamente a la joven de su entorno de contención. "Él le quería sacar el teléfono, diciéndole que él me iba a contestar", describió Luciana, detallando cómo el chofer buscaba controlar la comunicación.
La geolocalización se transformó en el elemento salvador de esta historia. Mientras la joven lograba enviar su ubicación exacta, Luciana y su esposo emprendían una búsqueda desesperada que los llevó hasta encontrar un patrullero policial en la zona. "La policía actuó muy rápido", reconoció la madre, aunque esta colaboración inicial contrasta dramáticamente con lo que ocurriría minutos después.
El desenlace inmediato de la situación revela aspectos aún más escalofriantes. Cuando el conductor percibió la llegada inminente de la policía, su comportamiento cambió radicalmente, frenando abruptamente el auto. Sin embargo, la revisión del vehículo expuso elementos que confirman las sospechas más siniestras: "Él tenía un machete en el baúl y sogas", detalló Luciana, objetos que difícilmente puedan justificarse como herramientas de trabajo para un conductor de aplicación.
No obstante, es allí donde radica uno de los puntos más controvertidos del episodio. A pesar de los elementos encontrados y la clara desviación del recorrido, la respuesta institucional resultó desconcertante. "El oficial me dijo que no le podían hacer nada porque mi hija no había sido agredida", explicó Luciana. Esta postura oficial llevó a que el conductor recuperara su libertad, generando indignación en la familia y cuestionamientos sobre la efectividad del sistema judicial.
"Esto debería ser considerado un intento de secuestro", sostuvo Luciana, y las redes la apoyaron.
Redes cuestionan la respuesta policial
Las redes sociales amplificaron inmediatamente el caso, generando un debate que expone diferentes aristas del problema. "Después tratan de loca a una mina por asustarse con una llamada o por tirarse del auto cuando cambian de ruta. Cuando confían pasan estas cosas", expresó un usuario en X, visibilizando cómo las mujeres enfrentan constantemente el dilema entre seguridad personal y normalización social de situaciones potencialmente peligrosas.
"El policía del patrullero debería tener alguna causa por mala ejecución de las tareas. ¿Cómo vas a dejar ir a un tipo que claramente iba a secuestrar?", cuestionó otro cibernauta, apuntando directamente contra la respuesta policial.
El contraste tecnológico también emergió en los comentarios: "Menos mal que fue un Uber en dónde podés seguir el viaje y tenés todos los datos del auto y conductor. Si hubiese sido un taxi, no hubieran podido hacer nada". Esta observación destaca cómo las herramientas digitales pueden funcionar como mecanismos de protección, aunque claramente insuficientes cuando fallan los controles previos sobre quién accede a conducir.
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