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INSTITUCIONALIDAD AL PALO

Debate entre gobernadores: ¿Ir o no ir a escuchar a Javier Milei?

Los gobernadores debaten si es necesario asistir a escuchar las críticas de Javier Milei. Sin embargo, sería un error renunciar a la institucionalidad.

Las provincias son territorios y la Nación es la institucionalidad de los territorios preexistentes. No hay Nación sin provincias. Cuando un gobernador conoce su mandato y su identidad, no debe temer ni dudar frente a un Presidente de la Nación surgido de convenciones muy polémicas: el texto de 1853 no fue el de 1860 y menos el de 1866 y ocurrieron otros cambios hasta 1994. Los gobernadores no deben faltar a la cita. Javier Milei no debería tener el monopolio de la escena.

Es importante recordarlo porque fue suspendida la videoconferencia entre gobernadores, espacio en el que uno de los temas a tratar era, precisamente, definir qué harían ante el evento del viernes 01/03, inauguración del período ordinario de sesiones del Legislativo. En Yankilandia tienen un mejor título: 'El estado de la Unión', así se conoce el discurso presidencial para la ocasión. Sin duda un evento político muy importante.

Los gobernadores no deberían ceder el protagonismo al Presidente. Su sola presencia obliga a acotar el maltrato, y permite la respuesta inmediata.

La Gran Tentación

Algunos gobernadores sostienen que lo mejor sería ausentarse de la sesión. Así se demostraría el enojo, casi el desprecio hacia Javier Milei, el temporario Presidente de la Nación que cree que llegó para siempre. Al menos así se comporta él, se quejan los gobernadores.

Estos gobernadores agregan que han sido vapuleados injustamente por el Jefe de Estado, y están hartos de la extorsión con el dinero de Nación. No desean asistir a una sesión pública de escarnio en el 'prime time' de la TV argenta. Sería masoquismo, concretan.

Sin embargo, cree Urgente24, el error sería mayúsculo porque resultaría en un abandono de la institución llamada República -de la que ellos son coprotagonistas- y una renuncia a las posibilidades de rebatir el oprobio en el lugar donde sucede.

En el pasado, la Argentina padeció años de guerra civil porque se rompieron los puentes y se decidió ubicar a los hombres por encima de las instituciones. La vanidad siempre es mala consejera. En especial en los conflictos. Los representantes no pueden ni deben abandonar a los representados.

Hacer lo correcto

El Presidente de la Nación es un invitado del Congreso de la Nación. No es el propietario ni el jefe. En la República de poderes tripartitos, el Legislativo tiene un rol y una autonomía. Que en la Argentina no siempre se haya ejercido su derecho tiene que ver con otras cuestiones. Quizás con una falta de reforma política que introduzca la meritocracia en lugar de la pobreza de la 'lista sábana', por ejemplo. Pero Javier Milei no es más que los gobernadores en la Casa de los Legisladores.

Luego, las provincias son protagonistas directas de una de las Cámaras, el Senado de la Nación. En el marco de la Constitución Nacional vigente, la Cámara Alta representa a los territorios preexistentes, y es donde los gobernadores pueden hacerse fuertes si hubiera que responder al Presidente, en caso de que éste vulnere la paciencia o abuse de la verborragia o falte a la verdad.

Buscar el equilibrio fiscal es diferente a agredir o mentir.

Esto es muy importante: si el Presidente de la Nación asiste con su plan de guerra política elaborado en la pereza gubernamental que padece la Casa Rosada, cada gobernador también debería tener su estrategia de respuesta preparada. Es evidente que el Presidente pretende apoderarse del 'relato', tal como lo hacía Cristina Fernández de Kirchner, y permanecer con la iniciativa durante el fin de semana. Los gobernadores no deberían temer al debate político porque tienen más experiencia en esas lides que el propio Presidente, y pueden instalar ellos el 'relato' que prevalezca.

Además, son ellos quienes buscaron el diálogo, una y otra vez, pidiendo reuniones al Presidente, que éste les negó.

Además, los gobernadores tienen una enorme posibilidad por delante: los acuerdos entre provincias, y la aglutinación en regiones, tal como lo habían propuesto los constituyentes de 1994.

La Nación no es imprescindible para la existencia de la República. Es hora de madurar, de dar un salto de calidad. Es la Argentina que viene,, quizás una oportunidad para mejorar el país presente.

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