“Seguimos por televisión la visita del Presidente Trump a la Argentina por el G-20 y nos dejó impresionados con mi esposa. A partir de ahí buscamos bien la forma para llegar, las costumbres, el cambio y acá estamos”, decía George E., un turista de los tantos de habla inglesa que esperaba el pedido hecho en un snack bar de plaza San Martín.
UNA DE CAL Y UNA DE ARENA
El G-20 atrajo al turismo gringo, la inseguridad lo acecha
¡Ojo Rodríguez Larreta-Santilli con las agresiones a turistas extranjeros en la zona céntrica! A pocas cuadras donde a un visitante sueco le costó una pierna amputada la visita a Buenos Aires le tocó a un canadiense que lo apuñalaran. La inseguridad en CABA podría poner en jaque el efecto G-20 en la afluencia de turismo internacional al país que se hizo notoria desde los primeros días de enero. Es frecuente ver y escuchar en las calles de la parte norte de la Capital Federal a norteamericanos, europeos y asiáticos que alternan con los brasileños de costumbre en la recorrida por la gastronomía y las tiendas. Los números del año pasado que surgen del Balance Cambiario del Banco Central indican que el gap entre el 20% menos de salidas al exterior y el 12,3% de alza en los arribos de extranjeros registrado en noviembre aplicó un torniquete del 25% en el drenaje por diferencia neta en contra en los servicios turísticos, que incluyen, viajes, pasajes y consumos: de perder US$10.662 millones retornó al escalón de los US$8.000 que traía desde 2015. Es un buen indicio de que podría afianzarse la curva ascendente receptiva que pronostica la Organización Internacional del Turismo. El repunte de la última parte de 2018 redondearía un ingreso por tal concepto de US$ 5.400 millones, o sea, 7,7% del platillo exportador de la balanza comercial, detrás de oleaginosas y automotores (18.000 y 6.000 respectivamente). Pero la tendencia en movimiento turístico global viene en ascenso y abarca también a estas latitudes. Ya en medio del atraso cambiario de 2017, las visitas internacionales habían ascendido a 6,720 millones cuando en el inicio del milenio habían sido de 2,620 millones, según las estadísticas del Banco Mundial.
Otro matrimonio que venía de Shangai, de paso por Buenos Aires, adonde recaló para seguir rumbo a las Cataratas, asentía sonriente y preguntaba por el Citytour para aprovechar el día de llegada en recorrer la ciudad.
En las calles porteñas donde se concentra la hotelería que suele atender el turismo del exterior se ven racimos de contingentes de extranjeros provenientes del Hemisferio Norte, fácilmente identificables su acento y por estar ataviados como tales: el sombrero blanco de alas, las gafas oscuras, camisas coloridas y bermudas, en el caso de los hombres, y shorts o soleras con blusa corta y hasta pareos, en el de las mujeres.
Constituyen la postal de la reversión del flujo turístico que campeaba hasta la primera parte de 2018, ya esbozada en los números del último reporte oficial que publicó el INdEC desde que el dólar se fue a $40 y, a noviembre, se incrementaron 12,3% los arribos de extranjeros, con 274,6 mil contabilizados.
En 11 meses, el acumulado daba casi 2,5 millones de no residentes ingresados, un 6,9% más que en el mismo período de 2017.
La presencia de visitantes que hablan en otras lenguas, que no sea el portugués, durante la primera parte del verano fue recibida con euforia en la cartera de Turismo, ya que USA y Europa representan el 16 y 13%, respectivamente del tráfico aéreo internacional a la Argentina.
El radical Gustavo Santos, que se encuentra al frente de la cartera nacional, fijó un ambicioso objetivo: llegar este año a los 9 millones de turistas extranjeros, que dejarían muy atrás el récord de 2014, cuando se registraron 6 millones.
Con esa premisa le apuntó todos los cañones a la Feria Internacional de Turismo (FITUR), en España, adonde concurrió en la penúltima semana de enero con una nutrida delegación compuesta por los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti; de Mendoza, Alfredo Cornejo; y Misiones, Hugo Passalacqua; el embajador en España, Ramón Puerta; el secretario de Gestión Institucional de la Secretaría General de la Presidencia, Jesús Acevedo, y autoridades públicas y privadas del área.
Santos le puso fichas a la rebaja del 21% por devolución de IVA que realiza la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) desde comienzos de año a los turistas no residentes que cancelan con tarjeta de crédito la factura de hotel u otro tipo de hospedaje responsables Inscriptos.
En un descuento no menor en el marco de la competencia por atraer turismo que libran los emergentes australes.
Alboroto en el vecindario
Los que más rápido se hicieron notar por estos lares como reacción a la nueva paridad cambiaria, según el movimiento registrado en los aeropuertos, fueron los que venían del otoño europeo, con un 16,4% de aumento respecto del año pasado. En total entraron 41,3 mil.
Desembarcaron 9,2% más de chilenos (33,3 mil) y el resto de América, excepto Brasil, aportó 39,8 mil, una mejora del 4,6%.
No se vio más cantidad de brasileños, aunque el atractivo de Cataratas activa un miniturismo regional directo, del que muchos no se apartan para hacer una escapada a Buenos Aires. El registro da cuenta que ingresaron 64,2 mil por los aeropuertos metropolitanos, una leve baja interanual de 0,2%.
Ezeiza y Aeroparque concentraron el 89,5% de las llegadas de turistas no residentes durante los 11 meses del año, con un incremento interanual de 3,9%.
En el resto de las estaciones aéreas, la afluencia del turismo receptivo registró un aumento de 17,1%, respecto del mismo mes del año anterior; los principales países emisores fueron Chile, Brasil y el grupo de países de “Resto de América”.
En participación porcentual, los turistas no residentes arribados al aeropuerto internacional de Ezeiza y al aeroparque Jorge Newbery provinieron, principalmente, de Brasil, 27,4%; seguido por Europa, 18,4%; y el grupo de países de “Resto de América”, 16,4%.
Hubo 10,4% más de pernoctaciones que el año pasado, con una estadía promedio de 11,4, dentro de la cual los visitantes del Resto de América tuvieron 16,3, seguidos por los europeos, con 15,8.
Los que se movilizan en avión son los que más gastan: US$1600 por persona. Totalizaron el año pasado 2,6 millones de arribos, contra 1 millón que entró por agua y 3,1 millones por tierra.
Pese a que el golpe inflacionario y la devaluación desincentivaron los viajes de argentinos al exterior, continúo el saldo negativo en la balanza turística, aunque 25% menor al año precedente.
En diciembre, aún con una mayor presencia extranjera y con una retracción de viajeros compatriotas al exterior, el déficit turístico fue de US$291 millones, el más reducido desde mayo de 2014 si se lo compara mensualmente.
Las ‘Personas humanas’, como califica el Banco Central a este renglón de demanda de moneda extranjera, básicamente para atesoramiento y viajes al exterior, compraron de forma neta unos US$800 millones”, 70%menos que los US$2.700 adquiridos en el mismo mes de 2017.
Los aguinaldos explicaron en parte esos posicionamientos en divisas y otro tanto fueron los tarjetazos que se hicieron en el exterior.
La salida de divisas por turismo y consumos en el exterior estuvo atenuada por la macrodevaluación desatada entre fines de abril y fines de septiembre. Hasta ese momento, en 12 meses había alcanzado un récord de casi US$11.000 millones que se desinfló con la retracción de la última parte del año.




