En el Día de la Tierra, el discurso ambiental suele quedar atrapado en consignas morales o simbólicas. Sin embargo, cada vez más evidencia muestra que el deterioro del planeta no es solo un problema ecológico. Es, ante todo, un riesgo económico concreto. Ignorar esta dimensión implica subestimar uno de los factores que condicionarán el crecimiento global en las próximas décadas.
CUIDAR EL AMBIENTE
Día de la Tierra: La economía mundial en riesgo por la degradación ambiental
En este Día de la Tierra 2026, cuidar el ambiente es fundamental para la sustentabilidad económica. El impacto de no hacerlo genera presión infllacionaria.
Según el Banco Mundial, la degradación ambiental podría reducir el Producto Bruto Interno global en hasta un 7% hacia 2050 si no se adoptan medidas correctivas.
Este impacto se explica, entre otros factores, por la pérdida de productividad agrícola, el aumento de costos sanitarios y la mayor frecuencia de desastres naturales. En otras palabras, cuidar la Tierra es preservar las condiciones básicas de producción.
El impacto del agro en la economía
Uno de los canales más evidentes es el agro. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que cerca del 33% de los suelos del mundo ya están degradados.
Esto afecta directamente los rendimientos y encarece los alimentos, generando presiones inflacionarias y tensiones sociales. En economías como la argentina, altamente dependientes del sector primario, este deterioro implica además una pérdida de divisas y competitividad.
El cambio climático profundiza estas tensiones. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los eventos climáticos extremos —sequías, inundaciones, olas de calor— tienen efectos fiscales directos, ya que obligan a mayores niveles de gasto público en asistencia y reconstrucción. Ya se ha visto en las recientes inundaciones en Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco que las consecuencias sobre la vida humana y la economía fueron notables.
Al mismo tiempo, estos eventos erosionan la base tributaria al afectar la actividad económica. El resultado es un doble impacto: más gasto y menos ingresos.
Cuidar la tierra es clave para el desarrollo económico
A pesar de esta evidencia, persiste una desconexión entre la retórica y la acción. Muchas economías continúan subsidiando actividades altamente contaminantes. La Agencia Internacional de Energía estimó que los subsidios a combustibles fósiles superaron los US$1 billón a nivel global en los últimos años.
Esta asignación de recursos no solo agrava el problema ambiental, sino que también distorsiona precios y desalienta inversiones en sectores más sostenibles.
El argumento de que la transición ecológica frena el crecimiento también empieza a perder peso. Informes del Foro Económico Mundial sostienen que la economía verde podría generar millones de empleos netos, especialmente en energías renovables, eficiencia energética y nuevas tecnologías. El problema no es la transición en sí, sino la velocidad y la forma en que se implementa.
En este contexto, el Día de la Tierra funciona más como recordatorio que como celebración. La evidencia económica es clara.
Degradar el ambiente tiene costos crecientes y acumulativos. Pero también lo es la inercia política y empresarial para internalizar esos costos en la toma de decisiones.
Cuidar la Tierra no es solo una cuestión ética ni ambiental, sino que es una condición necesaria para la estabilidad macroeconómica y el desarrollo sostenido. La verdadera discusión ya no pasa por si es conveniente actuar, sino por cuánto más puede demorarse esa acción sin que los costos sean irreversibles.
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