No hay que levantar olas sino evaluar con minuciosidad qué está sucediendo: Desde que el precio de la soja bajó a la mitad del que hasta 2011 venía alimentando el bienestar poblacional en la llamada década ganada (la 1ra del nuevo milenio), el PBI apenas creció en los 7 años transcurridos hasta 2018, 0,1%: ergo, la cantidad de bienes que produce la economía tampoco movió la aguja.
AÑO ELECTORAL SIN HACER OLAS
Enorme cepo recesivo 2019 (mejor hablemos de Maduro)
El Gobierno argentino se horroriza del fracaso de la economía de Nicolás Maduro y las consecuencias que eso tiene sobre los venezolanos, y está muy bien que así sea porque es impresionante tener petróleo y minería pero vivir en la miseria. Pero no debería perder de vista que la inflación argentina va camino de la de Venezuela, y que el superávit comercial que se festeja por anticipado en la Administración Macri sólo es consecuencia del feroz cepo recesivo. Entonces, un buen año espera a la deficitaria cuenta corriente de la balanza de pagos, ya que el intercambio comercial dejará un saldo favorable de US$7.000 millones tras 2 años consecutivos de quebranto pero la ganancia provendrá de una pérdida: una merma de 10% en las importaciones como consecuencia de un parate productivo que afectó la inversión en bienes de capital y el equipamiento agrícola pero mucho más el industrial, cuya capacidad instalada funciona a media máquina. Quizás, la exportación llegue con un 7% de aumento respecto de 2018, ya que gran parte está encomendada a la cosecha y ésta a las inundaciones. Por ahora, la gestión macrista sustituyó por cada 4 turistas que se iban, 1 que entra; por cada US$ millón que se deja de importar, una fábrica parada; por cada $4 de un tarifazo, $1 menos de consumo, que empeora si se calcula la carga impositiva. La respuesta de la población a los tarifazos y al incremento del 75% en las naftas ha sido bajar 10% el gasto en electricidad en diciembre y 6,6%, 2,4% y 8,26% en combustibles durante setiembre, octubre y noviembre, según Surtidores. Peor: el ajuste ha sido mayor cuanto menor es el poder económico.
Quiere decir que cada habitante pagó el macroempobrecimiento del país, en ese lapso, resignando en promedio 7,2 puntos de su parte de la torta.
Expresado en dólares, el PBI per cápita, que había empezado en algo más de US$18.000 al iniciar CFK su 2da presidencia, aun con cepos, atraso cambiario, fuga de reservas y congelamiento de tarifas, no paró de declinar,
Ni siquiera el relevo en el poder modificó la debacle. Arrancó Mauricio Macri desde casi US$13.700 por habitante; rebota a 14.500 en 2017; pero un año después tropieza con la crisis y retrocede varios casilleros a 10.800 (si es que finalmente cerrara -2,3% la actividad general, como estimó Econométrica y consigna Ámbito).
En el horizonte de este año electoral asoman US$9.400, o sea 13% menos todavía, siempre que se cumpla el pronóstico optimista y la merma no supere en 2019 el 0,3%.
El zapato, sin embargo, aprieta de modo muy distinto a todos: la pobreza e indigencia se expandieron hasta abarcar un tercio de la población, mientras sólo la décima parte que integra el nivel socioeconómico más rico del país acrecentó sus ganancias.
Pero el mayor peso del achique se descargó sobre las Pymes y la numerosa, aunque ahora subdividida, clase media, que fue cediendo capacidad adquisitiva del salario y de los haberes jubilatorios no sólo por haberse destruidos puestos de trabajo y precarizado el empleo, sino por recibir menores aumentos que devuelvan la erosión de un empinado Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Yendo al seno mismo de los hogares, el avance del costo de los servicios públicos domiciliarios y del transporte, de las naftas, de la encarecida financiación en cuotas, de la superpuesta presión impositiva que ejercen AFIP, las provincias y los municipios sobre los mismos contribuyentes empadronados, evasiones y elusiones mediante, en torno de las auténticas canastas familiares hizo que la plata, en general, alcance menos.
Y como el reparto del ingreso también se caracteriza por ser desparejo, a las tres cuartas partes de los asalariados y de los pasivos que cobran menos de $17.000, según las encuestas, les queda cada vez menor margen para gastar en lo que no sea estricta subsistencia.
De modo que sólo se sostiene la economía gracias a lo que va pudiendo volcar a las arterias del consumo el cuarto restante de los 20 millones de habitantes en total que cobran del Estado o de las empresas privadas.
Y de esa legión de 5 millones, aproximadamente, no más de un millón y medio dispone de recursos para jugar en las ligas mayores del bienestar económico nacional, según se desprende de los informes de la consultora W.
Los cortes suelen no ser tan tajantes cuando hay atraso cambiario, o sea, la mayor parte del tiempo en los últimos 8 años.
Salvo unos meses de 2014 (tras la devaluación cuando Axel Kicillof era ministro de Economía), el 1er semestre de 2016, con las decisiones fraccionadas en los ministros Alfonso Prat Gay-Federico Sturzenegger-Marcos Peña-Juan José Aranguren, y el 2do semestre extendido timoneado por Nicolás Dujovne-Luis Caputo-Guido Sandleris, con auditoría del FMI, cuando el dólar se rezaga crea un espejismo en el que da la sensación de que se gana más en moneda extranjera.
La reacción que siempre se repite a través de generaciones de clase media para arriba es volcar hasta lo que no se tiene a comprar bienes durables (sean importados o nacionales sustitutos, que igual dependen en un 70% de insumos traídos de afuera), hacer turismo al exterior y dolarizar carteras de inversión o directamente atesorar billetes verdes.
La cuenta corriente de la balanza de pagos no aguanta trenes en reversa como esos. En 2017, el déficit comercial había estado en el orden de los US$10.000 millones y el año pasado bajó a US$7.000 millones (desde 1998-1999 no ocurría un doblete negativo como ese), fundamentalmente porque el ajuste cambiario entre abril y setiembre (en todo 2018 alcanzó el 107%) sinceró el nivel de riqueza y causó la retracción que puso freno a las importaciones de bienes de capital y a la de durables, clasificación que nutren los automotores, sobre todos los que proceden de Brasil.
La devaluación del 1er trimestre del año pasado, cuyo inspirador había sido el luego destituido vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, tuvo como efecto inicial un encarecimiento de chucherías, calzado e indumentaria que entraban de China y por el vecindario regional, lo cual reactivó las Pymes locales que venían padeciendo esa competencia importada. También cambió por hacia la dirección de los tours de compras interfronterizos, que antes eran desde Chile, Paraguay y Brasil, sobre todo.
Pero las devaluaciones posteriores inducidas por las corridas pegaron de lleno en la cuenta corriente del 2do semestre y desinflaron la falsa sensación anterior de opulencia.
El actual gobierno, que aspira a ser reelecto, venía tomando decisiones que ayudaban a estrechar aún más la pirámide socioeconómica, al transferir como política recursos desde los usuarios a las empresas productoras y distribuidoras de energía.
Como la frazada es corta, hubo que restarle, en primer lugar, clientela a proveedores locales, y ya cuando se vino la noche cambiaria hacer extensivo el sacrificio a los del exterior.
Igual, con devaluación y todo, no le aflojó la Casa Rosada a los tarifazos. El consumidor medio termina financiando las pocas inversiones que fue capaz de atraer la economía real en este período y las muchas colocaciones especulativas (llamadas carry trade) que vinieron y fueron en el mercado financiero, incluida la dolarización de las carteras o la fuga directa de las divisas, que el año pasado sumaron US$27.000 millones.
Al pobre, directamente, se le ve poco y nada el pelo por las tiendas. Pero si se quisiera ubicarlo habría que darse una vuelta por las ferias de trueque del conurbano y barrios periféricos de CABA. Algunas, como en Berazategui, Varela o San Miguel, constituyen verdaderos mercados internos transparentes de oferta y demanda, que el showman economista Javier Milei reivindicó y reviró la apuesta: contraponerlos como remedio antiinflacionario a cualquier política monetaria.
Más recursos naturales que insumos
La buena noticia, para los acreedores del abultado endeudamiento, sobre todo, es que la balanza comercial de este año viene con signo + cercano a u$s7.000 millones.
“Queda claro es que los excedentes de divisas no se usan en la producción ni en el disfrute potencial del consumo. Es para que algunos puedan fugar billetes y otros cobren la deuda", resaltó a Ámbito el economista Estanislao Malic.
Pero más lamentable aún es que esa perspectiva sea consecuencia, no de exportar más cantidad de recursos naturales o mano de obra nuestra, sino de una caída del 10% que se espera para las importaciones por el 2do retroceso consecutivo del PBI y de la apatía inversora, ya que estarán ausentes los bienes de capital en la factura de las erogaciones.
Elocuente en tal sentido fue que en diciembre se contrajera la cantidad de maquinarias compradas un 30,2%, por una tan baja utilización de la capacidad instalada como la de la crisis por la salida de la convertibilidad, en 2002. Un porcentaje similar negativo tuvieron los bienes de consumo (-29,1%).
En general, en el último mes del año las compras externas registraron su 5to mes consecutivo en rojo, -27,1% si se compara interanual.
Ecolatina explicó que "durante el comienzo de 2019 la dinámica sería bastante más similar a la del último trimestre del 2018”, con exportaciones que crecerán el 7%, pero advirtió que la incertidumbre electoral impactará de manera positiva en el frente externo, debido a que “las presiones cambiarias que traerían las elecciones impulsarían al tipo de cambio y, con él, a la inflación”.
Mientras los argentinos nos miramos el ombligo con un show de la política caro y berreta, Brasil irá reacomodando su economía bajo la presidencia de Jair Bolsonaro mientras el aparato productivo paulista se adaptará a la flexibilización de la unión aduanera y el arancel externo común del Mercosur, según lo acordado en el encuentro del nuevo mandatario con Mauricio Macri.
Se irá viendo en la práctica cómo resulta la rebaja a la mitad de los derechos de importación a cambio de establecer cuotas de acceso a los mercados con los que se negocien acuerdos comerciales.
La Unión Industrial Argentina acepta discutir esos temas, al ser Brasil uno de los principales destinos de las manufacturas, pero difícilmente haya avances visibles en 2019.
Donde sí está funcionando la sustitución de importaciones tras la devaluación es en el rubro turismo. Hay en esta temporada 50% menos de argentinos deambulando por el mundo, y la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH) del INdEC arrojó que, en tanto las pernoctaciones de turistas extranjeros creció 11%, las de viajeros residentes cayó 6,6%, si bien en total el desempeño fue pobre y durante noviembre hubo caída de 2,4%, debido a que el movimiento local de pernoctaciones en establecimientos hoteleros alcanzó los 1,8 millones, consigna el informe.
CABA concentró el mayor porcentaje de las pernoctaciones que realizaron los turistas en noviembre, con 26,3%, seguida por la Patagonia, 19,8%. Las regiones que presentaron crecimiento interanual fueron Córdoba con 6,6%, Patagonia, 4,5%, y Cuyo, 4%. Las que hospedaron el mayor número de viajeros fueron CABA, 449.861 y la región Sur, 344.335.decisivo.




