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DINERO QUE FLUYE

Miles de millones para perder en Irak y Afganistán

El ejército estadounidense gastó fortunas en contratistas privados durante 2 décadas de guerra. Y para colmo perdió en su intento de cambiar Irak y Afganistán.

Durante 2 décadas, gobiernos estadounienses, tanto republicanos como demócratas utilizaron a contratistas privados como táctica para mantener bajo el número de tropas en el terreno en sus esfuerzos geopolíticos para transformar Irak y Afganistán, ambos esfuerzos fracasados. La teoría indicaba que, para no arriesgar las otras posiciones de Estados Unidos en el planeta Tierra, debía librar ambos conflictos con el menor número posible de tropas propias, motivo por el cual, fracasado el intento de involucrar en forma voluminosa a ejércitos de otras naciones, se apeló a los contratistas privados, una nueva forma de hacer la guerra, onerosa y con cargo al contribuyente.

Contratistas crearon emprendimientos de toda índole: desde empresas para capacitar a oficiales de policía afganos a empresas para construir carreteras, levantar escuelas o bien custodiar a los diplomáticos occidentales. O el caso de 2 miembros de la Guardia Nacional de Ohio que iniciaron una empresa que proporcionaba intérpretes afganos a los militares y facturó casi US$ 4.000 millones en contratos federales, según registros de consulta pública.

El Pentágono debate no sólo qué sucedió con tanto gasto público asignado a conflictos que perdió desde lo geoestratégico sino el acierto o el fracaso de esa estrategia para librar conflictos en territorios lejanos y hostiles.

En tanto, para The Wall Street Journal, Dion Nissenbaum, Jessica Donati y Alan Cullison estudiaron el Proyecto Costos de Guerra, de la Universidad de Brown, un grupo multidisciplinario que también ha analizado la información disponible, señalando casos que van desde fabricantes de armamento hasta un empresario de Californa que tenía un bar en Kirguistán e inició la distribución de combustibles en Afganistán hasta un traductor afgano que transformó su acuerdo para proporcionar sábanas a las fuerzas armadas en un imperio comercial que incluía una estación de televisión y una aerolínea nacional: una mezcla de audacia, oportunidad y gasto público estadounidense.

El monto mayor se lo llevaron 5 empresas proveedora de armamentos (Lockheed Martin Corp., Boeing Co., General Dynamics Corp., Raytheon Technologies Corp. y Northrop Grumman Corp.), el lobby que controla el Pentágono e influye en forma decisiva en el Departamento de Estado.

El Inspector General Especial de Estados Unidos para la Reconstrucción de Afganistán, cargo creado para monitorear los gastos para la reconstrucción del país, catalogó en cientos de informes el desperdicio y, en ocasiones, el fraude que cometieron los contratistas.

Un relevamiento que la oficina publicó a principios de 2021 encontró que, de US$ 7.800 millones en proyectos que examinaron sus inspectores, apenas US$ 1.200 millones (15%), se gastaron correctamente en nuevas carreteras, hospitales, puentes y fábricas. Al menos US$ 2.400 millones, encontró el informe, se gastaron en aviones militares, oficinas de policía, programas agrícolas y otros proyectos de desarrollo que fueron abandonados, destruidos o utilizados para otros fines.

Un ejemplo: el Pentágono gastó US$ 6 millones en un proyecto que importó 9 cabras italianas para impulsar el mercado de cachemira de Afganistán. El proyecto nunca alcanzó la escala.

Otro: la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional entregó US$ 270 millones a una empresa para que construyera 1.931,2 kilómetros de camino de ripio en Afganistán. La USAID dijo que canceló el proyecto luego de que la compañía construyó 160,9 kilómetros de carretera en 3 años de trabajo que dejó más de 125 personas muertas en ataques insurgentes.

Sin embargo, el mayor Rob Lodewick, portavoz del Pentágono, dijo que "el apoyo dedicado ofrecido por muchos miles de contratistas a las misiones militares de Estados Unidos en Afganistán cumplió muchos roles importantes, tal como la liberación de fuerzas uniformadas para los esfuerzos de guerra vitales".

John Sopko, el inspector general especial para la reconstrucción de Afganistán que documentó las fallas de los contratistas durante años, dijo que muchos de ellos estaban haciendo todo lo posible para cumplir con las demandas que les imponían los legisladores que tomaron malas decisiones.

De acuerdo con estimaciones del Proyecto Cost of War, los 3 principales contratistas estadounidenses en Afganistán fueron Dyncorp, Fluor y Kellogg Brown and Root (KBR).

De acuerdo con los cálculos, Dyncorp -adquirida por el consorcio Amentum- obtuvo contratos valorados por US$ 14.400 millones, incluyendo US$ 7.500 millones en contratos LOGCAP (Programa de Aumento Logístico con Personal Civil).

En total, Fluor Corporation recibió contratos por US$ 13.500 millones, de los cuales US$ 12.600 millones corresponden a contratos LOGCAP, según los datos existentes.

Finalmente, KBR recibió contratos por parte del Pentágono por un monto de US$ 3.600 millones.

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Más contratistas que soldatos: así evolucionó el fallido conflicto en Afganistán.

Más contratistas que soldatos: así evolucionó el fallido conflicto en Afganistán.

Números

El uso estadounidense de contratistas militares se remonta a la Guerra Revolucionaria contra los ingleses, cuando el Ejército dependía de empresas privadas para proporcionar suministros e incluso realizar redadas en barcos. Durante la 2da. Guerra Mundial, por cada 7 miembros del servicio, 1 contratista sirvió en el esfuerzo de guerra, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.

La práctica despegó en la década de 1990, en la 1ra. Guerra del Golfo. Más adelante, después del 11/09/2011, cuando George W. Bush decidio iniciar una guerra global contra el terrorismo, el Pentágono estaba con poco personal, después de una reducción del Ejército estadounidense posterior al final de la Guerra Fría.

  • En 2008, Estados Unidos tenía 187.900 soldados en Afganistán e Irak, el pico del despliegue estadounidense, y 203.660 contratistas.
  • Cuando el presidente Barack Obama ordenó a la mayoría de las tropas estadounidenses que abandonaran Afganistán al final de su 2do. mandato, más de 26.000 contratistas estaban en Afganistán, en comparación con 9.800 soldados.
  • Cuando el presidente Donald Trump dejó el cargo 4 años después, 18.000 contratistas permanecían en Afganistán, junto con 2.500 soldados.

Así surgieron compañías de seguridad que se dedican a proporcionar personal para tareas en el terreno, y no todas son estadounidenses:

  1. Academi (Blackwater). Fundada en 1997 por Erik Dean Prince y Al Clark para entrenar a marines de Estados Unidos, es la Nº1 del mundo desde Irak y Afganistán.
  2. G4S Secure Solution. Multinacional de servicios de seguridad con sede en Crawley, Reino Unido. Tiene operaciones en 125 países. Fundada en 2004 por la fusión de la británica Securicor plc y la danesa Group 4 Falck, proporciona seguridad, servicios jurídicos, servicios de seguridad tripulados, gestión y transporte de dinero y objetos de valor. Y gestiona la seguridad de prisiones y de seguridad en aeropuertos.
  3. Garda World. Compañía canadiense con un ejército de veteranos de fuerzas especiales británicas y otros soldados de élite. En 2013, inició operaciones en Nigeria para proporcionar “apoyo logístico” a petroleras internacionales. También participó en el conflicto de Libia, entre otros conflictos.
  4. Triple Canopy. Fundada en 2003 por los ex veteranos de las Fuerzas Especiales, Matt Mann y Tom Katis, cuenta con ex policías, rangers, SEAL’s y personal del Ejército. En 2004 participó en la 2da. Guerra del Golfo. En 2010, fue contratada para ayuda humanitaria en Haití. También ha trabajado en el Golfo de Adén en operaciones antipiratería y en la frontera con México.
  5. Defion Internacional, con cuartel general en Lima (Perú) para reclutar y capacitar personal de seguridad, personal de logística y de servicios profesionales. Con subsedes en Dubai, Filipinas, Sri Lanka e Irak, contrata a latinoamericanos para operar en diferentes países por un salario de US$ 1.000 al mes. La empresa de seguridad estadounidense Triple Canopy subcontrató a personal de Defion Internacional para algunas de sus operaciones.

“La contratación parece moverse en una sola dirección: aumentar, no importante si hay un demócrata o un republicano en la Casa Blanca”, dijo Heidi Peltier, directora de programas del Proyecto Costs of War.

Ella afirmó que la dependencia de los contratistas ha llevado al surgimiento de la "economía del camuflaje", en la que el gobierno de Estados Unidos oculta los costos de guerra, evitando así el descontento de los ciudadanos contribuyentes.

Más de 3.500 contratistas estadounidenses murieron en Afganistán e Irak, según estadísticas del Departamento de Trabajo que, según dice Peltier, están incompletas. Más de 7.000 militares estadounidenses murieron durante 2 décadas de guerra.

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El Pentágono se reservó básicamente las operaciones aéreas, que tenían menos riesgo en Afganistán.

El Pentágono se reservó básicamente las operaciones aéreas, que tenían menos riesgo en Afganistán.

Emprendedores

Caso Nº1: Doug Edelman, oriundo de Stockton, California, abrió un bar y un negocio de comercio de combustible en la capital kirguisa Bishkek, en 1998. Y 3 años después, cuando comenzó la guerra en el vecino Afganistán, Bishkek se transformó en un centro de tropas y suministros estadounidenses. Edelman se asoció con un socio de Kirguistán para administrar 2 empresas, Red Star y Mina Corp., vínculos vitales en el esfuerzo bélico.

Después de ganar una serie de contataciones directas del Pentágono, las firmas de Edelman suministraron combustible para una flota con sede en Bishkek de aviones cisterna C-135 de la Fuerza Aérea estadounidense que operaban el reabastecimiento de combustible sobre Afganistán. Ya dentro de Afganistán, su empresa construyó un oleoducto en la base aérea de Bagram.

Sus empresas ganaron miles de millones de dólares en contratos y Edelman ganó cientos de millones de dólares, según una demanda presentada en California en 2020 por un excolega que dijo que más tarde fue excluido del capital social de una de las empresas de Edelman, quien se instaló en una mansión de Londres que una vez perteneció al ex magnate de los medios de comunicación Conrad Black, según documentos judiciales y los ex colegas.

Edelman negó las acusaciones en su respuesta a la demanda.

Caso Nº2: Mission Essential Group, compañía con sede en Ohio que creció hasta convertirse en el principal proveedor de intérpretes de zonas de guerra del Ejército en Afganistán, comenzó en 2003 después de que 2 miembros de la Guardia Nacional del Ejército, Chad Monnin y Greg Miller, consideraron que era malo el nivel de los intérpretes de árabe utilizados por los militares y querían hacerlo mejor.

En 2007 ganaron un contrato de 5 años y US$ 300 millones para proporcionar al Ejército intérpretes y asesores culturales en Afganistán.

La empresa creció. Monnin, de quien los ex empleados de Mission Essential dijeron que se sabía que dormía en su automóvil para ahorrar dinero en habitaciones de hotel, se mudó a una casa de 595 m2 y US$ 1,3 millón junto a un campo de golf en un country club, según registros públicos. También se compró una Ferrari de los años 70.

Si bien los intérpretes estaban bien pagados cuando los contratos estaban bien, dijeron ex empleados de Mission Essential, el pago a los afganos disminuyó a medida que el negocio se reducía, algo ya notable en 2012. Mission Essential dijo que renegoció los contratos con lingüistas afganos que redujeron el salario mensual promedio entre 20% y 25%.

El ingreso mensual promedio de los lingüistas afganos cayó de US$ 750 en 2012 a US$ 500 en 2021, dijo la compañía.

“Estaban recibiendo millones del gobierno de Estados Unidos”, dijo Anees Khalil, lingüista afgano-estadounidense que trabajó para un subcontratista de Mission Essential durante varios meses. "La forma en que trataban a los lingüistas era muy inhumana".

Anees y otros ex empleados dijeron que algunos lingüistas afganos que trabajaban junto a soldados estadounidenses en las partes más difíciles del país recibían US$ 300 al mes. La compañía dijo que no tiene registros de que a alguien se le pagara US$ 300 al mes cuando trabajaba a tiempo completo y que sus intérpretes estaban “extremadamente bien pagados en comparación con los ingresos promedio en el mercado”. Mission Essential dijo que hizo todo lo posible hasta el final para ayudar a sus empleados en Afganistán a escapar del gobierno de los talibanes.

En enero de 2010, un intérprete afgano que trabajaba para Mission Essential en una base de las Fuerzas Especiales del Ejército cerca de Kabul tomó un arma y mató a 2 soldados estadounidenses. Las familias de los 2 soldados asesinados —David Thompson y Marc Decoteau, junto con el suboficial Thomas Russell, quien resultó herido-, demandaron a Mission Essential por no evaluar y supervisar adecuadamente al intérprete. Las familias dijeron que tenían como objetivo que el gobierno abordara lo que llamaron 'supervisión inadecuada de los contratistas'.

Las dos partes llegaron a un acuerdo en 2015 por términos no revelados.

Miller calificó el tiroteo de 2010 como una “tragedia total” y dijo que fue el único incidente en 17 años de trabajo de la compañía en zonas de guerra. Dijo que Mission Essential había sido absuelto por el Ejército de cualquier culpabilidad criminal por el ataque. El Ejército se negó a comentar.

A finales de 2010, Mission Essential dijo que empleaba a casi 7.000 lingüistas que trabajaban con el ejército estadounidense en Afganistán. Obtuvo más de US$ 860 millones en ingresos del Departamento de Defensa en 2012.

Miller dijo que él y Monnin tenían visiones diferentes sobre cómo debería crecer la empresa. Monnin acordó vender su parte de la empresa a Miller.

En 2018, 2 miembros del directorio demandaron a Miller por

  • contratar parientes no calificados,
  • gastar millones en dinero de la compañía en asuntos personales,
  • US$ 1 millón por un avión para volar a los miembros de su familia, y
  • US$ 500.000 al año en salarios sin la aprobación de la junta.

Miller dijo que Mission Essential es una empresa familiar y que 2 de sus hermanos trabajan para la empresa en puestos para los que están "altamente calificados", y que el avión fue utilizado por ejecutivos para viajar a reuniones de negocios en todo el país y se vendió cuando ya no se necesitaba.

Miller acusó a sus acusadores de intentar usar Mission Essential como su cajero automático personal y usar drogas ilegales, poniendo en riesgo el papel de la empresa como contratista federal. Luego, contrademandó.

Esas contrademandas fueron "infundadas y descaradamente falsas", dijo Katherine Connor Ferguson, abogada de los miembros de la junta, Scott Humphrys y Chris Miller, que no es pariente de Greg Miller.

Casi 90 empleados de Mission Essential murieron durante la guerra, dijo Miller. Los últimos 22 traductores en Afganistán trabajaron junto a las fuerzas estadounidenses y volaron desde Kabul en los últimos aviones cargados de tropas estadounidenses en agosto 2021.

Ahora Mission Essential obtuvo un contrato de US$ 12 millones para proporcionar intérpretes al Ejército en África y trabaja para diversificarse comprando una compañía de tecnología.

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