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NUEVO ESTUDIO

Descubren otra secuela post COVID-19: Daño renal persistente

Tras un año y medio de pandemia, los científicos y médicos siguen describiendo las distintas consecuencias post COVID-19.

Lo que al comienzo parecía una simple enfermedad respiratoria, se convirtió rápidamente en una infección más compleja, con posibles secuelas extra pulmonares. A medida que incrementó la evidencia científica, se comenzaron a definir los lineamientos del síndrome post COVID-19, es decir, los síntomas persistentes más allá de la fase aguda.

Ahora, una nueva investigación añade más luz y demuestra que el daño renal también es una posible consecuencia a largo plazo. Incluso puede conducir a una disfunción de por vida.

De hecho, post COVID-19, los sobrevivientes tienen un 35% más de probabilidades de sufrir deterioro en la función renal.

El estudio se publicó ayer miércoles (1/9) en la Revista de la Sociedad Estadounidense de Nefrología y encontró que cuanto más enfermos estaban inicialmente los pacientes con coronavirus, más probabilidades tenían de experimentar daño renal persistente.

No obstante, las personas con infecciones iniciales menos graves también podrían ser vulnerables.

Los riñones son órganos vitales, ya que se encargan de eliminar toxinas y el exceso de líquido en sangre. De esta forma, colaboran en el control de la presión arterial y de diversas sustancias importantes.

Cuando los riñones no funcionan de manera adecuada o eficiente, se acumulan líquidos, lo que provoca hinchazón, presión arterial alta, huesos debilitados, entre otros problemas. En efecto, el daño se puede extender al corazón, los pulmones, el sistema nervioso central y al sistema inmunológico.

Daño renal

El nuevo estudio se basó en registros de 89.216 pacientes del sistema de salud del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos. Los investigadores compararon quienes habían dado positivo de coronavirus entre marzo del 2020 y marzo del 2021 con un millón y medio de personas que fueron no atravesaron la infección.

Entre uno y seis meses después de la enfermedad, los sobrevivientes tenían aproximadamente un 35% más de probabilidades que los pacientes que no tuvieron COVID-19 de tener daño renal o disminuciones sustanciales en la función renal.

Aunque no es la primera investigación en la pandemia que vincula al virus con daño renal, sí se trata de la más grande hasta ahora, según señaló a The New York Times el nefrólogo y principal autor, el doctor Ziyad Al-Aly.

Otra de las secuelas evaluadas por los científicos fue un tipo de insuficiencia renal repentina llamada lesión renal aguda, cuya tasa en sobrevivientes fue casi el doble que en quienes no habían contraído coronavirus.

Con todo, una de las principales limitaciones del estudio es que los pacientes eran en su mayoría varones blancos con una edad media de 68 años, por lo que no está claro qué tan generalizables son los resultados.

Además, no se comparó directamente a pacientes post COVID-19 con otros que habían sido infectados con otros virus, como la gripe.

Sin embargo, múltiples estudios previos han analizado esta relación y concluyeron que las personas que han sido hospitalizadas por el virus tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas de salud a largo plazo en prácticamente todas las áreas médicas, incluidos enfermedades cardiovasculares, metabólicas y gastrointestinales.

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