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¿CÓMO LLEGAR AL ESTRECHO DE ORMUZ?

Mambrú no va a la guerra (no tiene con qué)

Pobre Mambrú. No conocerá el Estrecho de Ormuz. Es cierto que la guerra no sirve para turismo pero quizás se podía lograr que Javier Milei pague horas extras.

Mambrú era inglés. Su nombre real fue John Churchill, duque de Marlborough. Los franceses lo creyeron muerto en la batalla de Malplaquet (1709), deformaron su apellido para cantar una burla: "Malbrough s'en va-t-en guerre". Pero el británico no murió en Malplaquet y aplicó la venganza en la guerra.

Georges Clemenceau (1841-1929) siendo Primer Ministro de Francia, ya sobre el final de la 1ra. Guerra Mundial, dijo. “La guerra es un asunto demasiado grave para confiársela a los militares”.

Casi un siglo antes el general prusiano Carl Philipp Gottieb von Clausewitz, en su obra 'Sobre la Guerra' sentenció: La guerra es la continuación de la política por otros medios”.

No ajenos a décadas de controversia en los claustros militares y diplomáticos hasta la actualidad, es irrefutable el concepto que indica que la defensa es algo que excede ampliamente al mundo militar. Una política de defensa comprende conceptos estratégicos que atraviesan horizontalmente cuestiones que van desde el contexto político y social no solo del propio país sino además del entorno mediato y lejano hasta la elemental decisión si se ha de planificar la defensa en base a potenciales amenazas o en base a las capacidades militares.

Para no extendernos en la introducción baste decir que el “estratega político” plasma en una suerte de Directiva Política de Defensa Nacional (DPDN) el escenario-marco para que luego, un nivel menor (MINDEF), desarrolle una Directiva de Planificación Estratégica Militar (DEPEM) y, finalmente, se pueda producir un Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL), documento de neto corte táctico que pretende operativizar los trazos estratégicos que el poder político definió.

Tanto 'gre gre' para decir Gregorio, no es capricho de este cronista. Es indispensable que se visualice a las fuerzas armadas del país como la “última milla” de una larga cadena de factores que se movilizan mucho antes que un comandante ordene abrir fuego. Y que subsisten luego de acallados los cañones o, incluso, si nunca resultó necesario utilizarlos. De hecho, el verdadero éxito de una política de defensa es que nunca haya que hacer uso de los “fierros”.

monos con navaja y soldados sin cañones
Así ilustró Grok la frase "Monos con navaja y militares sin cañones".

Así ilustró Grok la frase "Monos con navaja y militares sin cañones".

Monos con navaja y militares sin cañones

La -hasta el presente- consolidada democracia en Argentina, ha sido efectiva a la hora de mantener esos “fierros “y a quienes los tienen bajo su custodia en el lugar en el que tienen que estar ( el interior de los cuarteles) con el éxito adicional de que hoy detrás de cada uniforme militar no se alberga un pichón de dictador sino un ciudadano o ciudadana que realmente aman su profesión sin más aspiración que desarrollarla en condiciones dignas deseando en lo posible poder llevan el pan a su hogar con el fruto de su trabajo. (Algo que por ahora no estaría sucediendo)

Aún pecando de redundante permítaseme mencionar el paupérrimo estado de la última milla de la Defensa Nacional (las FFAA) signadas por una total falta de inversión desde hace décadas, salarios por debajo de la línea de pobreza al menos para la mitad e los cuadros, material obsoleto e inoperable para los estándares militares del siglo XXI y la obvia frutilla del postre que no es otra que la degradación total, absoluta y casi irremediable de la sanidad del personal militar, civil y el entorno familiar de las FFAA.

Más allá de media docena de aviones no artillados aún y sin presupuesto para volar, un par de aviones de patrullado marítimo y algún blindado terrestre, el único bien de valor que pueden mostrar con orgullo las Fuerzas Armadas está dado por su personal el que a fuerza de talento, ingenio, tesón y sacrificio mantienen en pie un sistema operacional que cruje en cada cuaderna, en cada engranaje y en cada cimiento de las unidades e instalaciones fijas militares. Parafraseando a Alejando Lerner los militares trabajan “Todo a Pulmon”

Así las cosas, cabe preguntarse ¡qué se hace cuando ya no estamos en presencia de generales iluminados que arrasan con la voluntad de pueblo a fuerza de exhibir poder de fuego, sino que son ahora las autoridades políticas de la Nación las que lanzan bravuconadas belicistas a diestra y siniestra ofreciéndose gentiles a prestar una supuesta ayuda militar a dos de las principales potencias militares del mundo.

“Vamos a ganar la guerra contra Irán” e “Irán es nuestro enemigo” dijo en tono desaforado el Presidente Javier Milei en una universidad judía de New York. “Si nos piden ayuda sabemos de qué lado estamos” Aportó a su turno nada menos que el Canciller Pablo Quirno. Mientras que para no ser menos a la hora de boquear peligrosamente el Secretario de Prensa Javier Lanari sostuvo. “Estamos dispuestos a entregar cualquier ayuda militar que se considere necesaria si Washington la solicitara”.

soldados deprimidos
En este caso el prompt para la IA fue: "Soldados argentinos deprimidos".

En este caso el prompt para la IA fue: "Soldados argentinos deprimidos".

Estrecho de Ormuz

A las emanaciones verborrágicas de algunos monos con la navaja del poder en las manos se sumaron las repeticiones corales no menos peligrosas de estadistas de la talla de Patricia Bullrich, Lilia Lemoine, Gerardo Milman y otros.

Los militares, sin munición en sus cañones, cuando no directamente sin cañones se preguntan, azorados, en que parte de todo el planeamiento estratégico militar descripto al principio de esta nota está escrito que sólo basta un irreflexivo empecinamiento presidencial seguido de un eventual pedido de la1ra. potencia mundial para mandar al sacrificio a quien sabe cuantos efectivos militares que juraron “Seguir fielmente a la bandera hasta perder la vida”, entendiendo por tal a la bandera de Argentina: celeste, blanca y con sol en el centro, sin barras ni estrellas ni medialunas.

Grandes estrategas, analistas militares y simples ciudadanos civiles con solo 2 dedos de frente se ven de pronto inundados por dudas tales como: ¿Cuáles son los medios navales aptos para empeñar a la Armada (por nombrar solo a una de las fuerzas) en una campaña militar a 20.000 kilómetros de distancia? ¿Serán acaso los mismos que envió Carlos Menem a la operación “Tormenta del Desierto” hace 35 años? ¿Está dispuesto nuestro Comandante en Jefe a pagar el costo por la pérdida de una sola vida argentina en cumplimiento de una descabellada orden eventualmente dada a los mandos militares, aún si esa vida no es consecuencia de un ataque enemigo sino del mal estado del material propio?

Dejando de lado el hecho afortunado de que, al menos por ahora, nadie ha requerido nada a nuestro militarmente desnudo país, ninguno de los bravíos e irresponsables voceros oficiales parece haberse detenido a pensar en el hecho que resulta imposible mover tropas fronteras afuera del país sin el permiso explícito del Congreso Nacional. De la misma forma el artículo 25 de la Constitucional Nacional pone en cabeza del Congreso declarar la Guerra o hacer la Paz, le guste o no al temporario habitante de la Casa Rosada.

ARA San Juan
ARA San Juan.

ARA San Juan.

El Oriente Medio y el cercano Sur

En forma coincidente con el delirio onírico de las máximas autoridades del País de entrar a jugar en las grandes ligas del orden mundial -aunque más no sea por la puerta de servicio-, aquí mismo en Argentina, a poco más de 1.700 km. de la Casa Rosada, 3 oficiales superiores de la Armada y un ex miembro de la fuerza hoy oficial de la Marina Mercante responden desde el banquillo de los acusados a los requerimientos de la Justicia por su supuesta responsabilidad en el trágico hundimiento del submarino ARA San Juan.

El Fiscal y las querellas intentan demostrar que la nave no estaba en condiciones de participar de un ejercicio militar y una posterior operación de patrulla dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina.

Si el nivel de delirio libertario escalara a un punto tal que obligara al ministro de Defensa (a quien, en este caso, voy a posicionar del lado de la cordura) a ordenar alguna suerte de despliegue militar con una tragedia como corolario, ¿Quién se sentará mañana en el banquillo?

  • ¿Serán Javier, Karina, Patricia o Pablo?
  • ¿O tal vez el experiodista devenido en Secretario de Prensa, quien una vez interrogó a este cronista para consultarlo sobre la posibilidad de que al ARA San Juan le hubiera estallado el parabrisas?

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Derrumbe asegurado

Si el Presidente es (en teoría) el arquitecto de la defensa, los militares son los obreros de la guerra.

Menudos problemas enfrentan:

  • no hay planos,
  • no hay dinero para los materiales,
  • las palas y los picos están carcomidos por el óxido y el paso del tiempo,
  • no están claras las necesidades ni requerimientos de los clientes (USA e Israel) y
  • ni siquiera se sabe en que lugar del terreno se hará la obra.

Solo se cuenta con mano de obra altamente especializada, con espaldas generosas para soportar el peso que se cargue sobre ellas, manos abiertas para tenderlas a quien las reclame, bolsillos flacos, carencias extremas y una fenomenal capacidad para empujar el carro aún con viento en contra.

Pero cuidado. Todo tiene un límite, incluso la vocación de servicio y el amor por la Patria.

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