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INVESTIGACIÓN

“Kartell”, el libro que deja al descubierto el fraude de FPT

Mar, 14/07/2020 - 9:42am
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Por Urgente24

El periodista Marcelo López Masías lanzó el libro “Kartell” un crudo informe que deja al descubierto los millones de pesos que dilapidó el estado nacional a través del programa Fútbol para Todos (FTP) durante el período 2010-2015. “Kartell” comienza este extenso relato a partir del año 2009 cuando la AFA le traspasó al estado nacional las trasmisiones de fútbol que, hasta ese entonces, estuvieron a cargo de la empresa Torneos y Competencias. Sin embargo, el denominado “fútbol gratuito” se transformó en una verdadera usina de propaganda política con dineros que desaparecieron de las arcas estatales. “Kartell” es un relato atrapante y apasionante con detalles que muy pocos conocen.

“Kartell”, libro escrito por el periodista Marcelo López Masías que deja al descubierto los millones de dólares que dilapidó el kirchnerismo con Fútbol para Todos.
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“Kartell”, libro escrito por el periodista Marcelo López Masías que deja al descubierto los millones de dólares que dilapidó el kirchnerismo con Fútbol para Todos.
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“Fútbol para Todos” fue durante los años kirchneristas sinónimo de propaganda política pero muchos desconocen que significó una dilapidación escandalosa de dineros estatales que aún se desconocen. Una prueba “palpable” de ello, es el libro que lanzó el periodista Marcelo López Masías llamado “Kartell” que deja al descubierto turbios negociados detrás de esas imágenes de partidos que pintaban un país diferencia que no se condecían con la realidad misma de la Argentina. 

Como introducción a esta tan atrapante investigación, López Masías se remonta desde mediados de 2009 cuando la Casa Rosada, pagó por los derechos de transmisión del fútbol de Primera División sumas cercanas a los 160 millones de dólares anuales a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Además, el autor revela que si a esto le sumáramos los honorarios de los periodistas y locutores del FPT más los viáticos y sueldos de los responsables de la ejecución técnica del programa “la montaña de dinero superó en distintos ejercicios los 200 millones de dólares”.

También, “Kartell” relata que en 1991, la empresa Torneos y Competencias adquirió los derechos televisivos de la AFA y creó un programa que tuvo la exclusividad de las imágenes más importantes de cada match.

Los hinchas, entonces, debían esperar hasta el domingo a las 22 para poder verlas. Estábamos inmersos en la era de los “goles secuestrados”, como denunciara CFK para justificar la creación del programa Fútbol para Todos. Mientras en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano todos podían ver gratis el programa “Fútbol de Primera” a través de canal 13, en el interior hubo que pagar durante años para poder ver los goles de los partidos, según Marcelo López Masías.

A partir del mes de febrero de 2010, el gobierno argentino, como gestionador del Programa Fútbol para Todos, decidió de forma taxativa que ya no se incorporarían “publicidades privadas” a las transmisiones de los partidos.

Por entonces, a los principales analistas deportivos y políticos les pareció que se trataba de un gesto de desmesura propia del ex presidente Néstor Kirchner quién por entonces era diputado nacional y estaba soportando el dolor producido por dos importantes derrotas:

-en 2008, contra el campo (por las frustradas retenciones móviles a la soja)

-en 2009, contra un outsider de la política como Francisco De Narváez (el santacruceño había liderado en vano la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires junto a Daniel Scioli y Sergio Massa).

Sin embargo, las razones de la mencionada prohibición decidida contra las firmas particulares eran muy distintas.

Poco tenían que ver con las urnas y mucho se relacionaban con las cajas fuertes.

La Casa Rosada, que gastaba los citados 200 millones de dólares por año en la financiación del Fútbol Para Todos, quedaba con sus manos atadas a la hora de intentar algún tipo de recupero por parte de los auspiciantes acostumbrados a participar de las principales competiciones televisadas.

La decisión se tomó de hecho, ya que no hubo normas administrativas específicas que respaldaran “este freno tan ilógico como extravagante”.

“Concretamente: no existe un ejemplo siquiera similar en el resto de los países donde el fútbol es una pasión popular”, según ejemplifica el autor.

Se daba por tierra “alegremente” con la promesa del ex Jefe de Gabinete Aníbal Fernández quién había señalado “el negocio dejó de ser de Clarín, ahora lo gestiona el Estado y con las ganancias que obtengamos vamos a financiar al deporte amateur”.

Todo fue una mentira, un sketch, fulbito para la tribuna, una mera mise en scene. Para poder entender cabalmente la hábil maniobra el lector deberá ahora prestar especial atención. En 2009, se produjo un cambio fundamental en la publicidad “estática” de los estadios deportivos.

Habían irrumpido las pantallas de Led que transformaron en dinámico lo que antes era poco menos que inamovible.

Con apretar una sola tecla, ahora todo el estadio vería durante varios segundos la misma publicidad en las gigantescas vallas de más de 200 metros de extensión.

Las mismas se habían acercado como nunca a las líneas de cal que delimitan la cancha rectangular. Los anunciantes privados, que tenían vedado su ingreso a las transmisiones más convocantes, fueron tentados por un par de empresas que tenían un pseudo monopolio de la situación comercial para “entrar por la ventana” al negocio de la pantalla chica ya que la puerta principal estaba tapiada ex profeso por el mismísimo Poder Ejecutivo Nacional. En resumen, se cambió la forma de irradiar las imágenes con los logos y consignas hacia las cámaras de TV. La firma “PEISA” (Publicidad Estática Internacional), a cargo de la cartelería, combinaba los mensajes de sus potentes Leds con las cámaras de la Productora La Corte la responsable de mostrar el partido.

Entonces, el Fútbol para Todos (que no quería permitir en el aire ni un segundo de anunciantes no oficiales) de repente aceptaba de buen grado que la imagen y los mensajes de esas firmas anteriormente vedadas se vieran en pleno desarrollo del partido durante las dos terceras partes del propio match.

El contrato con canales como América, Canal 9, la TV Pública, América, Canal 26, Crónica o C5N especificaba que el receptor de la transmisión no podía incorporar mensajes propios ni afectar en un ápice lo que dijeran y mostraran los profesionales contratados para cada evento.

Estuvimos frente a una comedia de tres actos.

1) el Estado Nacional puso a lo largo de tres mil encuentros el cien por ciento de los gastos del FPT y prohibió la participación privada en los auspicios. Esto le generó quebrantos por unos 1200 millones de dólares en seis años.

2) las empresas a cargo del trabajo técnico audiovisual que se contrataron desde la Jefatura de Gabinete nacional ajustaron su forma de emisión de las imágenes garantizando que durante 60 de los 90 minutos de juego se vieran al aire los carteles electrónicos con publicidad.

3) unos pocos empresarios de la comunicación cartelizada se quedaron con todo el dinero de los anunciantes particulares a quienes les ofrecían una suerte de PNTs (Publicidad no tradicional) para que sus mensajes pudieran desbloquear el cerrojo creado por el kirchnerismo. Gracias a esta salida ingeniosa, se generaron nada menos que diez millones de segundos de publicidad “indirecta” cuyo volumen de dinero sumó cientos de millones de dólares

El erario público no recuperó ni un centavo a pesar de la avidez de 120 sponsors por participar de transmisiones tan masivas. 

El Fútbol para Todos acumuló un déficit de 1200 millones de dólares cubiertos por el Tesoro y deuda interna.

Entre 2009 y 2015, el programa que se anunció como autofinanciable terminó con un rojo equivalente al 98% de los costos previstos.

Por ello, debió echarse mano a recursos de la Anses y el Banco Central, entre otros.

Así fue la evolución del déficit en dólares del FPT.

-en 2010, con el dólar a tres pesos con 60 centavos, se perdieron 148 millones de dólares, 

-en 2011, con una divisa norteamericana estable, tuvimos rojo por 190 millones de palos verdes,

-en 2012, se trepó hasta los US$ 246 millones de moneda estadounidense.

-en 2013, tras devaluación de nuestra moneda, se esfumaron 214 millones de dólares.

-en 2014, tras otra nueva depreciación del peso, llegamos a 195 millones de verdes de pérdida.

-en 2015, la sangría superaría largamente los 200 millones de dólares.

Todo esto ocurría en el marco de una aceleración lógica en la pauta privada dentro de la cartelería Led.

El deporte más popular no era mejor que años anteriores pero, gracias a que ahora era universal (y que todos lo podían ver de manera gratuita) las audiencias crecían y clásicos como River-Boca superaban los 30 puntos de rating.

Los sponsors querían ser parte de ese fenómeno comunicacional pero, como ya se ha detallado, tuvieron vetada durante seis años el ingreso por la puerta principal. 

De acuerdo con un estudio, de la consultora Search, en cada partido del Apertura de 2009 hubo 470 segundos) de publicidad oficial, frente a los escasos 53 segundos de anunciantes privados.

En términos de facturación, cada cotejo tuvo más de medio millón de pesos estatales (572.175 pesos), y apenas noventa y un mil pesos de aportes privados.

No aclaró el ex intendente de Quilmes que su drástica determinación nunca fue refrendada por un decreto o una ley.

Todo quedó “en agua de borrajas” y el “error” de cálculo del kirchnerismo le terminó costando a la caja nacional nada menos que 200 millones de dólares cada doce meses.

El actual interventor de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio y frustrado aspirante a la gobernación bonaerense en 2015 llegó a decir por entonces en diálogo con radio Continental que “la publicidad oficial es una obligación constitucional”.

Lo que no aclaró nunca el abogado y contador es que la divulgación de los actos de gobierno no debería costarle nada a la administración pública porque nuestras leyes de Radiodifusión disponen una cantidad de segundos tan escalofriante como gratuita para el poder concedente.

Este sistema deficitario pergeñado por los K no tiene antecedente alguno en el mundo. 

Hasta mediados de 2009, con la televisación privada, los sponsors sumaban un total de medio centenar.

En 2010, tras la prohibición expresa de “tolerar” firmas privadas, ese universo llegó a superar los 120 participantes.

Entre los años 2010 y 2015 el Fútbol para Todos televisó una cantidad muy importante de partidos si sumamos los torneos locales, la Copa Argentina, el Nacional B y el torneo de 30 equipos que se disputara luego de la muerte del ex titular de la AFA Julio Humberto Grondona.

El clausura 2010 sumó 190 cotejos (10 por fecha en un calendario corto, de 19 semanas). 

Luego, llegaría el torneo largo 2014-2015 con 30 equipos y un total de 450 encuentros (15 matches por semana y treinta fechas en juego).

La idea era, por entonces, que cada vez hubiera:

-más encuentros de fútbol en TV

-más gasto en técnicos y periodistas,

-más mensajes en la pantalla chica a favor de los K que se jugaban la presidencia en 2015

-mayor rentabilidad para la cartelería LED.

A todo este despliegue, debe sumarse la Copa Argentina que sumó entre 2010 y 2015 un total de 378 partidos (desde la instancia de 32avos de final).

Ya contamos 2900 matches pero, como se sabe, el descenso de River y de Independiente hicieron que el Estado también quisiera transmitir el Nacional B.

Por ello, el número final de contiendas gratuitas para el público aficionado a lo largo de seis años se extendió hasta las 3000.

Argentina es el país de Latinoamérica con más penetración del cable en los hogares: ocho de cada diez casas los disfrutan. Pero, si sumamos los “colgados” llegaríamos hasta casi el noventa por ciento de la población alcanzada por este servicio.

Sin embargo, hasta mediados de 2020, sólo el 10% de los hogares nacionales había contratado el Pack fútbol cuyo costo oscila en torno a los 10 dólares por mes.

Los números están muy lejos del 25% que pretendían los cable-operadores TNT y Fox, ganadores de la licitación que hizo la AFA.

“¿Por qué ocurre esto? Aún estamos muy lejos de las costumbres que imperan en Europa y EEUU donde los sistemas pay per view tienen un amplio desarrollo”, explica a modo de reflexión el autor.

En materia gráfica, por ejemplo, diarios como el New York Times y el Washington Post suman verdaderos ejércitos de lectores que pagan por sus contenidos. A pesar de tener que abonar, ambos gigantes del periodismo llegan a sumar un tráfico de CIEN MILLONES de usuarios únicos cada uno por jornada.

En nuestro país, las cosas son bien distintas.

Una plataforma gratuita como Infobae, del periodista y empresario Daniel Hadad, supera cuantitativamente a holdings líderes como Clarín y Nación, ya que estos dos últimos pretenden cobrar para que se pueda acceder a sus ediciones online.

Resumiendo: por cuestiones económicas o culturales, nuestros compatriotas no quieren hacerse cargo de los paquetes Premium. Prefieren gambetas “maradonianas” en sitios gratuitos de Internet con tal de ahorrarse los desembolsos para ver el fútbol codificado.

El avance de la tecnología jugó a favor de los hinchas en estos últimos años y posibilitó que casi todos pudieran apreciar lo que ocurre dentro de los estadios gracias a smart phones, pcs, laptops y tablets.

Las redes sociales, el streaming y el 4G crecieron muchísimo en el último lustro y eso conspira contra el negocio de los canales deportivos de pago.

En otras palabras, el “secuestro” de los goles que denunciaban desde la

Casa Rosada en 2009, al momento de estatizar las transmisiones, está muy lejano en 2020.

En consecuencia, las páginas que retransmiten los encuentros dicen que no están lucrando y que simplemente comparten por Facebook, por ejemplo, un material con sus propios amigos.