Malvinas Vergüenza Ajena: El prólogo al desastre

En días de periodismo acomodaticio, el caso de Malvinas es un antecedente complicado en la desinformación desde los medios de comunicación. La mayoría de los profesionales culparon a José Gómez Fuentes, y encogieron sus hombros. El periodismo argentino no es valiente, y los medios de comunicación siempre han contado con la publicidad gubernamental para cerrar sus cuentas. La única forma de prescindir de la publicidad estatal en los balances sería un mayor crecimiento, sostenido, de la economía privada. Sin embargo, no es la ideología de los medios ni de los perioditas, que acostumbran aborrecer el capitalismo y las exigencias que provoca. POR TOMAS VIDAL

Leopoldo Fortunato Galtieri vivió una ilusión pero no fue el único porque millones de argentinos creyeron, con tanta irresponsabilidad como candor, que en abril de 1982 había comenzado una gesta que tendría un final feliz. El rol de los medios de comunicación fue esencial para convalidar el espejismo.

Ni los dueños de los medios ni los periodistas que trabajan en ellos nunca realizaron una autocrítica de su rol en la desinformación que provocó el apoyo popular a un conflicto imposible que, en caso de alcanzar sus objetivos, hubiese postergado el Proceso de Reorganización Nacional, que ya sufría de asfixia política.

Los militares fueron a Malvinas y Georgias del Sur porque precisaban renovar su legitimidad. En marzo de 1976, la sociedad civil había legitimado la interrupción de un gobierno democrático porque creía que existía un vacío de poder, el terrorismo la preocupaba y la crisis económica la aterrorizaba.

En marzo de 1982, el gobierno cívico-militar no había resuelto satisfactoriamente las expectativas de gran parte de la población, el descontento había activado a los sindicatos, que sufrían de la intervención de sus obras sociales, y la Junta Militar carecía de una respuesta, aún cuando los medios de comunicación todavía eran timoratos en su reflejo de la crisis.

Malvinas fue un intento de montar, sobre una legítima reivindicación nacional, una prórroga del Proceso, o bien una salida electoral con el propio Galtieri como candidato presidencial, remedo de Juan Perón en 1946.

El 2 de abril de 1982, Galtieri contaba con el apoyo de los diarios de Papel Prensa (en enero de ese año, Ernestina Herrera de Noble había logrado expulsar a Rogelio Frigerio y sus seguidores del diario Clarín, aprovechando que estos no despegaron del gobierno de Roberto Eduardo Viola), de los medios electrónicos que estaban bajo control estatal, de las editoriales de revistas (Atlántida era la más importante, luego Perfil que editaba Semana), y de las cuatro agencias informativas (Diarios y Noticias era nuevita pero Noticias Argentinas y Télam tenían su trayectoria. Además existía Saporiti, bajo control de la comunidad de inteligencia). Para conocer la otra cara de las noticias, los argentinos escuchaban Radio Colonia, cuya antena de transmisión se encontraba en Uruguay; o bien el servicio en español de la británica BBC.

El 18 de diciembre de 1981, la junta militar (Galtieri, el almirante Jorge Anaya, y el brigadier Basilio Lami Dozo), derrocó al general Roberto Viola.

La Operación Malvinas comienza el 21 de marzo con un grupo de trabajadores argentinos que izaron la bandera argentina en la isla de San Pedro, Georgias del Sur. Los operarios llegaron en el buque Bahía del Buen Suceso, rentado a la Armada Argentina, y contratados por el empresario Costantino Davidoff, quien tenía un contrato para desmantelar una ex factoría pesquera.

Era una fachada de los marinos para izar la bandera argentina en Georgias, de acuerdo a lo que se decía en ciertos ambientes.

La escalada del conflicto duró 12 días, hasta la ocupación del 2 de abril. El 22 de marzo, los isleños, enojados por la izada, atacaron las oficinas de Líneas Aéreas del Estado en Puerto Stanley, Malvinas. El gobierno militar argumentó un contrato comercial entre una empresa escocesa y otra argentina, con el que no tenía nada que ver. Inglaterra respondió que los argentinos desembarcaron sin autorización.

Ambos países envíaron buques a la zona del conflicto, lo que precisaba la Argentina para movilizarse sin levantar sospechas. Sin embargo, a los medios no les llamó la atención. Un llamado telefónico de Ronald Reagan, gracias a los buenos oficios de su secretario de Estado, general Alexander Haig, a Galtieri, horas antes de que se produzciera la ocupación, intentó detener los acontecimientos.

La cobertura de las noticias fue uniforme en todos los medios nacionales. Las declaraciones del canciller Nicanor Costa Méndez eran reproducidas textualmente. Las posición de los británicos eran presentadas exacerbando los matices más duros. Y no era tanto por temor a la censura sino porque cuestionar era de vendepatria.

La Nación, 27 de abril: "Georgias, la crisis en un punto grave"; Clarín: "Naves de guerra machan hacia las Georgias"; La Razón: "Máxima tensión con Gran Bretaña".

En su editorial del 1 de abril, La Nación fijó su posición sobre el conflicto: "Lo que comenzó como una simple operación comercial, con el correr de los días se fue convirtiendo, por efecto de la intemperada actitud amenazante de los representantes británicos, en el ojo de una tormenta cuyas consecuencias no están exentas de un sesgo violento. Es de toda evidencia que la Argentina no hizo más que apoyar el cumplimiento de un contrato comercial suscripto por una empresa argentina".

Clarín, en la columna política del domingo 30, firmada por Joaquín Morales Solá, abogó por la salida diplomática, pero dando fuerza a una creencia que costaría muy cara a la Argentina: "En este pleito, nuestro país cuenta con la gran mayoría de las naciones del planeta".

Y el 2 de abril no hubo más periodismo pero al final del conflicto, cobardes, toda la corporación periodística descargó en José Gómez Fuentes la responsabilidad de lo ocurrido, en vez de debatir con cierta profundidad los acontecimientos.

Luego de las sucesivas y desastrosas devaluaciones de Lorenzo Sigaut, ministro de Economía de Viola, Galtieri regresó a la ortodoxia de los tiempos de José Alfredo Martínez de Hoz. El elegido fue Roberto Teodoro Alemann.

Pero el 14 de marzo de 1982 la posición del ministro ya no era firme, las políticas de ajuste anunciadas no contaban con el apoyo de algunos militares, amantes del gasto público. Y la economía necesitaba de indicios más concretos de reactivación.

El diario La Razón, controlado por el Estado Mayor del Ejército, que dependía de Galtieri, defendía a diario al ministro. La Nación también defendía a Aleman pero sin convicción. Clarín atacaba al ministro pero no a Galtieri, en una estrategia que el matutino ya había ensayado en los días de Jorge Rafael Videla.

El 14 de marzo se conoció el balance del año 1981, con una caída del PBI del 6,1% que era injusto atribuírsela a Alemann que había asumido a fines de diciembre, pero el periodismo y los políticos nunca han comprendido al capitalismo.

El 26 de marzo, Alemann anunció un impuesto sobre el patrimonio financiero de las personas físicas, para recaudar un dinero con el cual pagar el aumento salarial a los estatales. La medida fue rechazada por la sociedad que apostaba a la inflación para dirimir sus conflictos.

Pregunta antipática: una sociedad tan torpe ¿se merecía algo diferente a Malvinas? Porque una sociedad que creía en el albur de la inflación, podía también confiar en la gesta malvinera para encontrar un mañana.

A medida que se acercaba la fecha del 24 de marzo (6 años de gobierno militar), crecieron la expectativa de que la Junta anunciaría un estatuto de partidos políticos. Luego, Galtieri informó que el cronograma seguía inconmovible, la fecha era junio. Se podría aspirar a un gobierno democrático en marzo de 1984.

Pero los gremios habían adquirido vuelo durante la presidencia de Viola y no pensaban ceder el espacio logrado. Se había formado la Multiparidaria. El sábado 20, Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel anunciaron una convocatoria a una marcha en Plaza de Mayo para "expresar el rechazo al gobierno militar".

Los medios condenaron la marcha, reproduciendo en grandes titulares las advertencias del ministro de Interior, genera Alfredo Saint Jean.

Editorial de La Nación: "(...) siempre queda la esperanza de una oportuna intervención policial" (refiriéndose a la movilización).

La movilización y la durísima represión distrajo el foco informativo pre-Malvinas. El 31 de marzo, La Razón tituló: "Malvinas, alta tensión", y en un lugar secundario los incidentes, con 400 detenidos. Del otro lado, nadie se cuestionó qué ocurría. La gente, engañada, se preparaba para vivar a Galtieri.