Las recientes inundaciones en la provincia de Santa Fe encendieron una señal de alerta en el sector agroalimentario argentino, al provocar un fuerte deterioro en la producción hortícola y generar presiones alcistas sobre los precios de alimentos frescos. El fenómeno climático, caracterizado por lluvias persistentes y suelos saturados, dejó pérdidas productivas que en algunas zonas alcanzan niveles críticos.
FALTAN PRODUCTOS
Inundaciones en Santa Fe afectaron al 90% de la producción hortícola y subieron los precios
La zona del Gran Santa Fe sufrió inundaciones severas. Advierten que se perdió el 90% de la producción hortícola y ya subieron los precios por escasez.
Según estimaciones de productores y del INTA, en el cinturón frutihortícola del Gran Santa Fe —una región clave para el abastecimiento local— se perdió hasta el 90% de la producción, afectando unas 1.200 hectáreas trabajadas mayormente por pequeños productores familiares. Este nivel de daño no solo compromete el ingreso de los horticultores, sino que altera el equilibrio entre oferta y demanda en los mercados regionales, según publicó Ambito.
El impacto económico ya comenzó a trasladarse a los consumidores. En mercados locales, productos básicos como la lechuga duplicaron su precio en pocos días, anticipando una tendencia alcista que podría extenderse a otras verduras de hoja como acelga, repollo o espinaca. Una caída abrupta de la oferta, combinada con una demanda relativamente inelástica, genera subas inmediatas en los precios.
¿Cuál es la respuesta del Estado ante las persistentes lluvias?
La limitada capacidad de respuesta del sistema productivo ante eventos climáticos extremos empeora las consecuencias. Las lluvias no solo destruyeron cultivos en etapas tempranas, sino que además dejaron campos anegados e intransitables, lo que impide retomar rápidamente la actividad.
La falta de infraestructura adecuada de drenaje y caminos rurales en mal estado profundizó el impacto económico, extendiendo los tiempos de recuperación.
En términos macroeconómicos, el fenómeno podría tener un efecto acotado a nivel nacional, dado que Santa Fe ha perdido peso relativo frente a otros polos productivos como el cinturón hortícola de La Plata, Cuyo o el NOA.
Sin embargo, a escala regional, las consecuencias son menor disponibilidad de alimentos frescos, mayores costos logísticos por la necesidad de importar productos desde otras provincias y, en última instancia, presión sobre la inflación de alimentos.
Este último punto no es menor en el contexto argentino, donde los precios de los alimentos tienen una alta incidencia en el índice de inflación general.
Un problema que se repite y no se soluciona
La necesidad de sustituir producción local por mercadería proveniente de otras regiones implica mayores costos de transporte y logística, que se trasladan directamente al precio final.
Además, el episodio vuelve a poner en agenda la vulnerabilidad del sector agropecuario frente al cambio climático. La recurrencia de eventos extremos —como lluvias intensas y prolongadas— plantea desafíos tanto para la sostenibilidad productiva como para la estabilidad de precios.
En este sentido, especialistas advierten que la falta de inversión en infraestructura hídrica y sistemas de mitigación amplifica los efectos negativos de estos fenómenos.
En perspectiva, la recuperación dependerá de la evolución climática en las próximas semanas. No solo Santa Fe se ha visto afectada. Zonas de Tucumán y el sudeste de Santiago del Estero también sufrieron importantes inundaciones. Si las condiciones mejoran, el sector podría recomponerse parcialmente en el corto plazo. Sin embargo, de persistir las lluvias, el impacto podría profundizarse, consolidando un escenario de escasez y mayores precios.
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