CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - La pobreza parece ser, en nuestra época, un componente fundamental del sistema económico hegemónico, la base sobre la cual se apoya la posibilidad de ganancia y acumulación. En este sentido, los supuestos esfuerzos por los cuales se intenta reducirla o incluso “erradicarla” son casi siempre, cuando surgen del propio sistema, estrategias para disimularla y perpetuarla, cambiarla de lugar o revestirla de otra forma aparente, pero sin nunca realmente tener el propósito de acabar con ella.
Bono y Monsanto: Filantropía snobista en África
A través de la Nueva Alianza por la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, firmada recientemente por los gobiernos de los países del G8, los campos de África se convertirán en campos de Monsanto, Dupont y otras corporaciones de alimentos genéticamente modificados; Bono, el vocalista filantrópo de U2, es uno de los promotores de este acuerdo. Entretanto, el Premio Mundial de Alimentación 2013, lo que algunos llaman el Nobel de Agricultura, ha sido concedido este año a dos representantes de la industria transgénica: Robert Fraley de Monsanto y Mary-Dell Chilton de Syngenta.
05 de julio de 2013 - 11:33
En este marco puede encontrarse el “altruismo” que se implementa lo mismo desde el llamado sector privado que el gubernamental o el de organismos supranacionales, políticas caracterizadas como de asistencialismo que pretenden suplir necesidades por medio de la entrega de alguna dádiva.
Este tipo de beneficencia ha sido criticada sobre todo por varios efectos. Primero, la relación de dependencia que se crea entre la población desprotegida y la entidad que otorga la “ayuda”: en esta, no existe realmente una voluntad de transformar la realidad de las personas, sino un poco de mantenerlas en el estado en que se encuentran. Por otro lado, también destaca el hecho de que dicha asistencia casi siempre también es el negocio de alguien más: la pobreza como una suerte de fábrica de donde se obtiene algún provecho económico. En pocas palabras, aunque resulte triste, siempre hay alguien a quien le conviene que la pobreza exista. Como diría Manolito, recordado personaje de la tira de Quino, Mafalda: "Nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás".
Recientemente los gobiernos alineados en el llamado G8 —los países con las economías más sólidas del mundo— signaron un programa denominado “Nueva Alianza por la Seguridad Alimentaria y la Nutrición”, enfocado en países africanos donde la pobreza alimentaria es letal y al parecer irreversible.
Sin embargo, como se anuncia desde el mismo nombre, lo que se busca es la “seguridad alimentaria”, un concepto que, grosso modo, busca únicamente que las personas tenga qué comer sin importar de qué tipo de alimentos se trate (en contraste, otras políticas públicas abogan por la autonomía alimentaria: que se favorezcan las condiciones para que una persona o comunidad sea capaz de generar sus propios alimentos, cuidar su calidad y estar consciente de lo que consume).
En el caso de la Nueva Alianza por la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, la “seguridad alimentaria” estará dada por empresas de alimentos genéticamente modificados, Monsanto en particular, pero también otras como Diageo, Dupont, Pepsico, Syngenta International e incluso Walmart.
Visto con suspicacia y tomando las palabras de Henry Kissinger, que hace décadas anunció que los alimentos deberían ser considerados como armas, no sería extraño que las intenciones de paliar el hambre en África tengan que ver con más una intención de controlar el crecimiento demográfico en el continente negro que de contener el flagelo de las hambrunas. La suspicacia es alimentada primero por las numerosas y graves denuncias contra Monsanto, sus alimentos modificados geneticamente y su uso de agroquímicos altamente nocivos para la salud; y la alta tasa de crecimiento de población en África Subsahariana.
Uno de los adalides de esta campaña, al menos en lo público, es Bono, el conocido vocalista de la banda U2 que desde hace varios años ha destacado mediáticamente como figura insigne de campañas filantrópicas internacionales, arrastrando con su fama pública la aprobación superficial de miles o millones de personas que miran nada más que el nombre célebre y conocido e ignoran lo que ocurre detrás de los discursos y las fotografías del momento.
Como reza la breve reflexión del filósofo Slavoj Žižek, de su libro Vivir en el fin de los tiempos: "Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, '¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!'"
Y más allá de la actitud snobista del cantante irlandés, se encuentran además premios de dudosa representación real: el Premio Mundial de Alimentación 2013, lo que algunos llaman el Nobel de Agricultura, ha sido concedido este año a dos representantes de la industria transgénica: Robert Fraley de Monsanto y Mary-Dell Chilton de Syngenta.
El tercer galardonado ha sido Marc Van Montagu de la Universidad de Gante (Bélgica). Todos ellos distinguidos por sus investigaciones a favor de una agricultura biotecnológica.
Robert Fraley, vicepresidente ejecutivo y director tecnológico de Monsanto fue distinguido este 2013 por la asociación World Food Price (Premio Mundial de Alimentación) que se les otorga a las personas que trabajan en pos de mejorar la calidad, disponibilidad e incremento de la producción alimentaria –nutritivo y sostenible- a nivel planetario.
A pesar de las críticas y la polémica que generó este galardón, la WFP no dudó en determinar como una de los merecedores de este premio a la compañía trasnacional Monsanto.
Este reconocimiento a la calidad alimentaria, es para muchos ambientalistas, una broma de mal gusto. Miles de personas quedaron indignados. Para quienes luchan contra el hambre y defienden a rajatabla la no utilización de alimentos transgénicos fue un golpe duro, peor que una mala digestión.
La empresa Monsanto, tras 20 años de comercialización de alimentos transgénicos, es la única que se ha enriquecido a niveles increibles.
Cabe señalar que una de las únicas propiedades que tienen sus alimentos es la de resistir a la acción de un herbicida y generar un insecticida para acabar con una plaga. Pero de un tiempo a esta parte, la tecnología ya no es resistente a los insectos y las malas hierbas vuelven a crecer como yuyos en todos los campos.
Por último, los países subdesarrollados son los más afectados por estos productos debido a que han generado la dependencia de los agricultores por las semillas, los fitosanitarios y otras herramientas que se implementan en los cultivos transgénicos.






