El próximo 7 de febrero tendrán lugar en Ecuador las elecciones generales, en las cuales 16 candidatos, el mayor número desde el retorno del país a la democracia, buscarán hacerse de la presidencia los próximos 4 años. Ha sido un proceso de inscripción de candidaturas polémico, lleno de pujas legales en las que, inclusive, se ha visto confrontar a los organismos más importantes: el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Contencioso Electoral. En los comicios también se renovará la Asamblea Nacional, integrada por 137 legisladores, y se designará a los representantes al Parlamento Andino.
Elecciones en Ecuador, teñidas de demagogia y desinterés
Luego del año más caótico y crítico para Ecuador, debido a la crisis económica y sanitaria, las elecciones presidenciales tendrán lugar el próximo 7 de febrero. Sin embargo, tendrán lugar en una democracia debilitada que cede terreno a fórmulas demagógicas y ciudadanos apáticos y resginados.
El camino para llegar a las elecciones ha sido revelador, ya que ha demostrado la apatía y el espíritu de resignación por parte de la ciudadanía que se encuentra inmersa en un Ecuador con un panorama económico desolador y azotado por el coronavirus.
La semana pasada se realizaron los dos debates presidenciales, uno voluntario y otro obligatorio, en donde los candidatos expusieron sus programas de gobierno en temas relacionados con la economía, la salud, la educación y la corrupción, entre otros. Los 16 candidatos han coincidido en la necesidad de fortalecer el empleo e impulsar el sistema de salud, que se encuentra gravemente afectado debido a la pandemia por coronavirus. En suma, el domingo 18/1 se llevó a cabo el simulacro de votación en donde se pusieron aprueba todos los procesos que se aplicarán el día de las elecciones.
Para Para ganar en primera vuelta se necesitan la mitad más uno de los votos, o alcanzar el 40% del total y tener una diferencia de 10% respecto del segundo. Si hay segunda vuelta, la definición sería el 11 de abril y el presidente electo tomará posesión el 24 de mayo.
Pese a que hay 16 políticos inscritos para disputar la presidencia del país suramericano, las encuestas indican que tres candidatos lideran los sondeos. POr un lado está el candidato Andrés Arauz, quien cuenta con el absoluto respaldo del ex presidente Rafael Correa y se presenta por el frente Unión de la Esperanza (UNES). Arauz tiene una intención de voto del 36,5%, según los últimos datos promulgó el estudio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Arauz es u economista de 35 años que se desempeñó en varios cargos durante las presidencias de Correa. Su puesto más importante fue como Director del Banco Central (2011-2013).
Según el CELAG, en segundo lugar en intención de voto aparece Álvaro Noboa, con el 22,9%. Sin embargo, luego de realizarse la encuesta, las autoridades electorales ecuatorianas invalidaron su postulación a la presidencia. Por lo tanto, Yaku Pérez quedó segundo con el 21,2%. Pérez, de 51 años, tiene una postura política de izquierda y ha sido opositor tanto de los gobiernos de Rafael Correa como del actual mandatario Lenín Moreno. Es el líder indígena de la nacionalidad Kichwa-Kañari, por lo que es el candidato de una fracción del movimiento indigenista. Este sector tomó impulso como opción para la presidencia tras el estallido social que tuvo lugar en octubre de 2019. El movimiento de protesta nació ante el descontento que produjo la quita de los subsidios a los combustibles realizada por el gobierno del actual mandatario Moreno.
Aunque Noboa no puede participar como candidato en las elecciones, se estima que sus votos puedan ir en buena medida para el candidato de la derecha ecuatoriana Guillermo Lasso, quien según la encuesta se encuentra en tercer lugar con una intención de voto del 13,6%. Lasso, de 65 años, forma parte del Partido Social Cristiano y del frente CREO. Esta será su tercera candidatura presidencial, ya que participó en las elecciones de 2013 y 2017. Lasso fue Ministro de Economía en 1999, durante el gobierno de Jamil Mahuad. Allí decretó el "corralito" ecuatoriano que imposibilitó a los ciudadanos sacar sus depósitos. Sectores financieros ligados a Lasso se enriquecieron con esta operatoria. Es el candidato con mayor respaldo de las élites empresariales ecuatorianas.
Los restantes 13 candidatos no logran un porcentaje superior al 2% de la intención de voto y tampoco lucen dispuestas a formar frentes unidos o alianzas estratégicas. Le hacen la vista gorda a la opinión popular. Ecuador es una muestra de lo que sucede cuando la democracia y sus instituciones pierden credibilidad. Cuando una cultura democrática de debilita, las propuestas demagógicas acaparan terreno y legitimidad.
En estos meses de campaña, se ha visto cómo las tres candidaturas más "populares" caen en la demagogia. Los correístas se han centrado en la promesa mesiánica, y sin sustento económico alguno, de regalar mil dólares a un millón de personas. Lasso, miembro del Opus Dei, en los últimos meses ofreció legalizar el porte de armas en el sector rural. Y el tercer candidato, Yaku Pérez, ha prometido un gobierno ambientalista que, al mismo tiempo, recuperaría el subsidio a los combustibles.
Hay mucho en juego como para aceptar estas propuestas un tanto incoherentes. Ecuador deberá enfrentarse a un escenario pospandemia y a los enormes desafíos de la vacunación, los problemas económicos de la deuda y temas históricos como la corrupción. Por lo tanto, los partidos deben replantearse sus agendas y reconectarse con la realidad y los ciudadanos, por su parte, deben interesarse más en elegir una clase política profesional y eliminar la apatía.












