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Pikrammenos busca aguantar un mes

El nuevo Gobierno interino griego dirigido por el presidente del Consejo de Estado, Panayotis Pikrammenos, asumió este jueves (17/05) su cargo con la tarea de llevar al país a los próximos comicios, previsiblemente el 17/06. Sin manato más que para aguantar el tirón, las próximas elecciones griegas se convierten en un referéndum acerca del Euro.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El nuevo Gobierno interino griego dirigido por el presidente del Consejo de Estado, Panayotis Pikrammenos, asumió este jueves (17/05) su cargo con la tarea de llevar al país a los próximos comicios, previsiblemente el 17/06. Pikrammenos, de 67 años, fue elegido en la víspera para encabezar un Gobierno que no tiene mandato para alcanzar ningún compromiso de peso, tan sólo la simple gestión del Estado hasta las nuevas elecciones legislativas.
 
La incertidumbre política en Grecia, debido a la incapacidad para formar Gobierno por la fragmentación parlamentaria, tras las elecciones del 6/05, ha elevado la dudas sobre la continuidad del endeudado país en el euro, lo que ha viene generando turbulencias económicas en toda la Eurozona.
 
Tanto el nuevo jefe de Gobierno como sus ministros juraron sus cargos ante el presidente de Grecia en la sede oficial del jefe del Estado, acto seguido se ha convocado el primer Consejo de Ministros.
 
Pikrammenos, jurista, que desde 1976 ha hecho carrera en el Consejo de Estado, el tribunal supremo griego para asuntos administrativos, del que fue nombrado presidente en 2010. Casado y con una hija, los detalles de su vida apenas eran conocidos hasta su nombramiento fuera de los círculos judiciales, pero son los propios de un profesional de la justicia con una trayectoria intachable. Pero su mandato es limitado: aguantar en el cargo un mes. 
 
En su designación el miércoles (16/05) como primer ministro dio muestras de su humor, al decirle al presidente griego, Karolos Papulias, que su apellido, que significa "amargado" en griego, le hacía la persona adecuada para dirigir el país en esto difíciles tiempos.
 
El gobierno de Pikrammenos, de carácter técnico –tal como ocurre en Italia-, está compuesto casi en exclusiva por magistrados y catedráticos, y el único político es el ministro de Exteriores, Petros Molyviatis, quién ya ocupó ese mismo cargo durante el mandato del jefe del Ejecutivo conservador Costas Karamanlís.
 
La casi fundamental cartera de Finanzas ha recaído en Yeoryios Zaniás, un colaborador próximo del líder socialdemócrata Evángelos Venizelos, anterior responsable de ese ministerio. Como ministro de Justicia fue nombrado el expresidente del Consejo de Estado Jristos Yerarís. Ministro de Interior es el profesor de Derecho Constitucional Andonis Manitakis, mientras que para el cargo del ministro de Protección de Ciudadano (orden público) se designó al exdirector de la Policía, Eleftherios Ikonomu. Ministro de Defensa ha sido nombrado el exjefe del Ejército de Tierra Fragos Fragulis.
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También está previsto que hoy mismo se forme el recién electo Parlamento en presencia de presidente de Grecia y del Arzobispo de Atenas y Primado de Grecia, Ieronimos II, un paso previo a su disolución, prevista para este domingo (20/05), y la convocatoria oficial de nuevas elecciones. Un parlamento de 3 días poco puede hacer. 
 
Entre tanto los partidos empezaron ya su precampaña electoral, que se promete muy polarizada y casi como un plebiscito sobre la pertenencia del país en la Eurozona, como muestra el comentario del miércoles (16/05) del líder de Nueva Democracia, Andonis Samarás.
 
“En estas elecciones habrá una confrontación entre los que quieren cambiar todo y el terror de la salida de la Unión Europea”, dijo a los periodistas.
 
Efectivamente el riesgo es alto. Otro resultado electoral que reitere lo ya votado dejaría el país definitivamente a la deriva y agudizaría de forma extrema la crisis del euro. Solo 2 opciones parecen viables: o una victoria de la izquierda radical (la coalición Syriza) apoyada por otros grupos progresistas contrarios al plan de austeridad, o una resurrección de los conservadores europeístas de Nueva Democracia que les permitiera formar Gobierno con sus antiguos rivales socialistas del Pasok.
 
La crispación política es muy elevada. Incluso el nombramiento de un Gobierno provisional de un mes de duración y sin autoridad para tomar decisiones ha constituido un drama. Los socialdemócratas del Pasok y los conservadores de Nueva Democracia, “el dúo de la austeridad”, exigieron al presidente Karolos Papoulias que prolongara el mandato de Lucas Papademos, el primer ministro técnico que asumió el cargo en otoño pasado. Alegaban que en las próximas semanas se producirían acontecimientos de gran relevancia, como la cumbre de la OTAN y las negociaciones europeas sobre políticas de crecimiento, que requerían una representación griega experimentada y fiable. Papoulias, sin embargo, prefirió escuchar al resto de los partidos, que reclamaban una figura completamente neutral. El elegido fue Panagiotis Pikramenos, presidente del Consejo de Estado, jurista de prestigio y figura de absoluta irrelevancia política.
 
En cualquier caso, se abre un mes tenso, en el que la conflictividad social irá en aumento porque la economía se deteriora a gran velocidad (a fines de año será un tercio de lo que era en 2009) y la hemorragia de despidos es imparable como la es la de capitales: se acelera: las retiradas de depósitos de los bancos griegos rondan los 500 millones de euros diarios, según fuentes bancarias.
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Cada día se hace más verosímil la hipótesis de una salida griega del euro y un retorno al dracma tutelado por el Fondo Monetario Internacional, cuya directora general, Christine Lagarde, afirma que sería posible “una ruptura ordenada”. Ante ese riesgo, que pese a cualquier ayuda del FMI sumiría temporalmente Grecia en un caos financiero y tendría repercusiones imprevisibles en toda la Unión Europea, tanto los griegos europeístas como sus acreedores de la troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y FMI) se plantean la necesidad de suavizar las durísimas medidas de austeridad impuestas al país. Incluso la canciller alemana, Angela Merkel, habla ya de aplicar medidas para hacer más soportable el odiado “protocolo” de recortes presupuestarios.
 
Alexis Tsipras, líder de la izquierda radical, constituye la gran incógnita del nuevo proceso electoral. Es joven (37 años) y convincente, y su propuesta de mantener Grecia en el euro a cambio de una sustancial ampliación de los plazos de devolución de los créditos resulta atractiva para amplios sectores de la población. Hasta cierto punto, lo que plantea Tsipras no es muy distinto a un chantaje: si no nos dais más tiempo para pagar, viene a decir a los dirigentes europeos y del FMI, romperemos el euro y crearemos un desastre para nosotros y para todos los demás. Si gana, ¿tendrá éxito su farol? Misterio.
 
Otro misterio es el empeño que pondrán los dirigentes europeos en facilitar las cosas a Pasok y Nueva Democracia. Ambos partidos sufren un enorme descrédito porque durante las décadas en que se han alternado en el poder han fraguado el mayor desastre económico europeo desde la Segunda Guerra Mundial, y luego han firmado con los acreedores el protocolo de austeridad. En las elecciones del día 9 apenas superaron, conjuntamente, el 30% de los votos, lo que supuso una caída de vértigo desde el 70% alcanzado en 2009. Pero las dos viejas maquinarias políticas aún funcionan y podrían remontar, quizá, si la Unión Europea ayudara un poco. Para eso sería necesario que los acreedores se mostraran favorables a una dulcificación en las condiciones de pago y en los recortes impuestos, lo cual restaría argumentos a la izquierda opuesta a la austeridad y devolvería un mínimo prestigio a Pasok y ND.
 
En principio el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE) manifestaron sus deseos de que Grecia permanezca en la zona del euro pero instaron al país a cumplir los compromisos adquiridos para salir de la crisis. 
 
El presidente del BCE, Mario Draghi, dijo que la entidad monetaria europea "prefiere que Grecia continúe en la zona del euro".
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"Ya que el Tratado no prevé nada sobre una salida, no es un asunto que tenga que decidir el BCE (...) Quiero decir que nuestra preferencia es que Grecia continúe en la zona del euro", afirmó por primera vez Draghi. 
 
Hasta ahora el BCE había dicho siempre que el Tratado de la Unión Económica y Monetaria (UEM) no contempla la posibilidad de que un país abandone la zona del euro.
 
Durante los últimos días he escuchado varios pronunciamientos argumentando que la UE estaría mejor con la salida de Grecia y que el país heleno estaría mejor fuera del euro. El asunto de la salida podría tener consecuencias indeseadas muy importantes –similar a lo provocado con la quiebra de Lehman, donde las autoridades no dimensionaron de manera correcta el caos que se provocaría en el sistema financiero.
 
El abandono del euro por parte de Grecia augura una corrida en contra del sistema financiero que podría ocasionar un caos con consecuencias devastadoras. La especulación sobre una posible salida de Grecia ya ha provocado una fuga importante de depósitos en los bancos griegos –cerca de 700 millones de euros tan sólo el lunes, de acuerdo con datos de The Wall Street Journal, cuando el ritmo de salida era más cercano a los 100 millones de euros diarios. Esta fuga todavía no se ha convertido una corrida, pero nos da una idea de la velocidad con la que se podría provocar la quiebra del sistema bancario en ese país.
 
En términos llanos, una corrida en contra de los bancos significa el retiro masivo de depósitos del público ahorrador del sistema bancario. Dado que un banco es por naturaleza una institución apalancada –sus pasivos representan generalmente entre cinco y seis veces su capital–, no hay banco que aguante el retiro masivo de sus depósitos por más sano y bien manejado que esté.
 
La salida de Grecia de la eurozona podría parecer la solución más sencilla y lógica; sin embargo, es necesario considerar los efectos secundarios.
Para algunos expertos como Arnaud Mares, de Morgan Stanley, la simple señal de que existe la opción de abandonar el euro amenazaría con provocar un efecto dominó, similar al que la quiebra de Lehman provocó en otras instituciones financieras.
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Para Paul Krugman, en este caso, otros países financieramente débiles –como Portugal e incluso España o Italia– serían muy vulnerables a dicha corrida.
 
Después de la salida de Grecia de la eurozona, la pregunta inmediata sería: ¿quién sigue? De acuerdo con el analista de Morgan Stanley, esto tiene una razón fundamental, si el euro es reversible en un país, lo es por definición en cualquiera de los miembros de la eurozona.
 
El abandono del euro, seguido de la reintroducción de una moneda local en Grecia detonaría una ola de especulación sobre un evento similar en economías más importantes, como España o Italia.
 
Aunque el abandono del euro por parte de Grecia no fuera replicado por otros países, el solo hecho de que dicha salida fuera factible crearía la percepción de que un euro depositado en los bancos de estos países tendría un valor inferior al de un euro depositado en los bancos de países más fuertes, como Alemania o Francia. Dicha situación podría provocar una corrida en contra de los depósitos en los bancos ubicados en las economías más débiles y de mayor tamaño, como España e Italia, provocando un caos absoluto.
 
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, lo dijo este miércoles (16/05) alto y claro. Las elecciones del 17/06 en Grecia, las segundas en poco más de un mes, serán un referéndum de trascendencia «histórica». Más que elegir a un nuevo primer ministro, los ciudadanos deberán aclarar si quieren seguir en el euro. Un cara o cruz que mantiene en vilo a los mercados y castiga a los socios más vulnerables, con España a la cabeza.

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