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POLÉMICA

Día de la Soberanía Nacional ¿o de los Hacendados de Rosas?

20/11/1845: Batalla de la Vuelta de Obligado, Día de la Soberanía Nacional, dicen algunos. Pero ¿fue así? Polémica acerca de una épica peronista.

En noviembre de 1845, 2 de las principales potencias europeas de la época, Francia e Inglaterra, con flotas de guerra acompañadas por casi un centenar de barcos mercantes, avanzaron por el río Paraná hasta el lugar donde el cauce del río se angosta y gira (Vuelta de Obligado), donde las tropas de la Confederación, al mando del general Lucio Mansilla, intentaron bloquearlas, origen de la efeméride Día de la Soberanía Nacional, feriado nacional del peronismo, que decidió reivindicar a Juan Manuel de Rosas.

¿Por qué se llamaba Obligado la curva en el curso del río?

En honor al poeta Rafael Obligado, quien vivió en un castillo de la zona.

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La guerra

Los años 1840 fueron de conflictividad en el Río de la Plata:

  • disidencias internas en la Confederación Argentina y
  • conflictos en la región e injerencia comercial / militar de Francia e Inglaterra.

En 1844, el gobierno de Brasil apoyó la decisión de independencia de Uruguay, lo que provocó la reacción del gobierno de Rosas por considerar que era una provincia de la Confederación.

El gobierno brasileño envió una misión a Londres y a París para instar a sus gobiernos a que tomaran una medida contra el gobierno de la Confederación.

El trasfondo de la contienda, para los países europeos, era la navegación del Río de la Plata, generosa boca abierta hacia el Atlántico, clave para el intercambio comercial y el poderío geopolítico.

El resultado fue que una flota anglo-francesa que avanzó sobre el río Paraná y se enfrentó con las fuerzas de tierra de la Confederación en la batalla de la Vuelta de Obligado.

Francia e Inglaterra aprovechaban un conflicto regional para abrir una ruta comercial.

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La ortodoxia cuenta

En la Banda Oriental desde 1838 combatían las 2 fuerzas políticas dominantes:

  • los blancos, comandados por Manuel Oribe, aliado de Rosas; y
  • los colorados, seguidores de Fructuoso Rivera, apoyados por los unitarios, Brasil, Inglaterra y Francia.

El primer gran conflicto de la Confederación con Francia ocurrió en 1838, cuando una escuadra francesa llegó a bloquear el puerto de Buenos Aires y todo el litoral del Río de la Plata. En octubre de 1838, ocupó la isla Martín García.

Estos enfrentamientos –a los que se sumaba la guerra de Buenos Aires contra Montevideo y contra la Provincia de Corrientes- eran parte de la guerra civil entre unitarios y rosistas (los federales participarían más adelante, con Justo José de Urquiza, en el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas. Éste se autoproclamaba federal, pero sus acciones no eran federales y fue el origen de discrepancias con Facundo Quiroga y otros. Rosas hizo pivote de la financiación de su poder el usufructo no compartido del Puerto de Buenos Aires).

En octubre de 1840, se firmó una convención entre Francia y el gobierno de Rosas, pero continuó la guerra con el Uruguay de Fructuoso Rivera.

Rosas recibió un ultimátum para que pusiera fin a la guerra con Uruguay y permitiera la libre navegación de los ríos.

Ante su negativa, comenzó el bloqueo anglo-francés.

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La guerra no resuelve conflictos

En noviembre de 1845, las fuerzas enemigas se dispusieron a remontar el río Paraná.

Rosas ordenó que se cortara el paso a las naves extranjeras y el día 20, el general Mansilla preparó la batalla en la Vuelta de Obligado, cruzando de orilla a orilla gruesas cadenas para u obstaculizar o impedir el paso de los buques.

Aunque las bajas de las tropas nacionales fueron 10 veces mayores y la flota pudo avanzar, no pudieron realizar su intención de comercio a causa de las continuas hostilidades.

Los tratados de paz se firmarían en 1849 y 1850.

Aquella jornada se recuerda como un acto de defensa de la integridad territorial, según la Ley N°20.770 de septiembre de 1974, Día de la Soberanía Nacional.

Los peronistas siempre reivindicaron a Rosas porque fue una forma, bastante banal, de oponerse a la llamada 'historia liberal' de sus adversarios históricos. En teoría esa historia fue la que escribió Bartolomé Mitre.

En verdad, ni Rosas ni Mitre ni contaron ni monopolizaron la verdadera historia de la Argentina.

Pero, probablemente, tanto Juan Perón como los Kirchner, tampoco han sido federales sino unitarios, una vez llegados al poder en Buenos Aires.

  1. El combate de Vuelta de Obligado fue un conflicto para defender el puerto de Buenos Aires, con el que se financiaba Rosas.
  2. Su política buscó preservar las bases económicas de la hegemonía política de los latifundistas bonaerenses, estamento social que él lideraba.
  3. Convertir a los intereses de los hacendados bonaerenses en una causa nacional es una audacia peronista que merecería un debate más profundo y transparente.

Si Obligado fue una causa nacional, ¿cómo explicar el proyecto secesionista de Buenos Aires en 1852, impulsado por algunos de los que también apoyaron a Rosas hasta su declinación?

La Vuelta de Obligado le permitió a Rosas utilizar los conflictos externos para construir su poder y liderazgo doméstico, declarando apátridas a sus enemigos, aún cuando estos sólo reclamaran libertad de expresión, elecciones transparentes y una Constitución Nacional.

San Martín

Sin embargo, más allá de los intereses de Rosas y los hacendados, también es cierto que el ingreso de tropas extranjeras al territorio argentino era una ofensa inaceptable.

En especial, cuando era claramente un intento de financiar la operación comercializando las mercaderías a bordo de los buques mercantes.

En este caso, se encuentra plenamente justificada la defensa que hizo Rosas, aún cuando su interés último fuese otro.

El general José Francisco de San Martín también interpretó que su tarea de liberar a la Argentina de la ocupación extranjera estaba en riesgo. Y así lo escribió, de su puño y letra, al iniciarse el conflicto, respondiendo a una consulta de Federico Dickson, cónsul general de la Confederación Argentina en Londres; y luego escribiéndole directamente a Rosas:

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La reciente bajante del Río Paraná posibilitó el hallazgo de 7 eslabones de la cadena utilizada para impedir el paso de la flota anglofrancesa en la Batalla de la Vuelta de Obligado en 1845. El hallazgo fue del pescador Jorge López cuando se encontraba amarrando su embarcación en la playa. 

La reciente bajante del Río Paraná posibilitó el hallazgo de 7 eslabones de la cadena utilizada para impedir el paso de la flota anglofrancesa en la Batalla de la Vuelta de Obligado en 1845. El hallazgo fue del pescador Jorge López cuando se encontraba amarrando su embarcación en la playa.

Sr. D. Federico Dickson, cónsul general de la Confederación Argentina en Londres.

Nápoles, 28 de diciembre de 1845.

Señor de todo mi aprecio:

Por conducto del caballero Yackson se me ha hecho saber los deseos de usted relativos a conocer mi opinión sobre la actual intervención de la Inglaterra y Francia en la República Argentina; no sólo me presto gustoso a satisfacerlo, sino que lo haré con la franqueza de mi carácter y la más absoluta imparcialidad; sintiendo sólo el que el mal estado de mi salud no me permita hacerlo con la extensión que requiere este interesante asunto.

No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención, como tampoco los perjuicios que de ella resultarán a los súbditos de ambas naciones con la paralización de las relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los Estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas en sus contiendas interiores, y sólo me ceñiré á demostrar si las dos naciones intervinientes conseguirán por los medios coactivos que hasta la presente han empleado el objeto que se han propuesto, es decir, la pacificación de las dos riberas del Río de la Plata. Según mi íntima convicción, desde ahora diré á usted no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar y sin que haya previsión humana capaz de fijar un término a su pacificación: me explicaré.

Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente muy marcado que posee sobre todo en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias; y aunque no dudo de que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido de que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la actual contienda: por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya demostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América (sobre todo en la Argentina) la misma influencia que lo sería en Europa: él sólo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades en estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra; yo no dudo un momento podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos pérdida de hombres y gastos, pero estoy convencido de que no podrán sostenerse por mucho tiempo en posesión de ella: los ganados, primer alimento, o por mejor decir, el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días a distancias de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin, formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros a proporción que ésta sea más numerosa, si trata de internarse.

Sostener una guerra en América con tropas europeas no sólo es muy costoso, sino más que dudoso su buen éxito tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentren quien quiera enrolarse con el extranjero.

En conclusión: con 8.000 hombres de caballería, del país y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con mucha facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre á Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga a 30 leguas de la capital, sin exponerse á una completa ruina por falta de todo recurso; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, a menos (como es de esperar) que el nuevo ministerio inglés no cambie la política seguida por el precedente.

José de San Martín

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E xcmo. Sr. Capitán general, presidente de la República Argentina, D. Juan Manuel de Rosas.

Nápoles, 11 de enero de 1846

Mi apreciable general y amigo:

En principios de noviembre pasado, me dirigí a Italia con el objeto de experimentar si con su benigno clima recuperaba mi arruinada salud; bien poca es hasta el presente la mejoría que he sentido, lo que me es tanto más sensible, cuanto en las circunstancias en que se halla nuestra patria, me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios (como lo hice a usted en el primer bloqueo por la Francia); servicios que aunque conozco serían inútiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y Francia contra nuestro país, éste tenía aún un viejo defensor de su honor e independencia; ya que el estado de mi salud me priva de esta satisfacción, por lo menos me complazco en manifestar a usted estos sentimientos, así como mi confianza no dudosa del triunfo de la justicia que nos asiste.

Acepte usted, mi apreciable general, los votos que hago porque termine usted la presente contienda con honor y felicidad, con cuyos sentimientos se repite de usted su afectísimo servidor y compatriota,

José de San Martín

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