El rey Carlos II de España era poco agraciado, tanto física como mentalmente, ya que tenía una mandíbula prominente, una lengua demasiado larga para su boca y padecía brotes de epilepsia. Su apariencia física era mencionada con cierta incomodidad en cartas de diplomáticos extranjeros.
"Es de aspecto enfermizo, frente estrecha, mirada incierta, labio caído, cuerpo desmedrado y torpe de gestos", describió el embajador francés en un informe remitido a Versalles. El marqués de Villars, en tanto, fue letal contra el físico del rey: "Asusta de feo".
Lo apodaban el “Hechizado” por su rostro deformado, debido a que padecía prognatismo (mandíbula inferior prominente), lo que afectaba su capacidad para masticar y hablar correctamente, así como también por las diversas dolencias que sufrió a lo largo de su vida, casi adjudicándole su físico y su incapacidad para procrear a un castigo divino.
Un rey "feo" por un linaje incestuoso
Carlos II nació el 6 de noviembre de 1661, fruto de la unión de Felipe IV y Mariana de Austria, quienes eran tío y sobrina. Según los diarios de la época, como la Gaceta de Madrid, que anunciaron el nacimiento del heredero al trono, era “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”.
Sin embargo, el embajador francés en la Corte de Madrid, comunicaba a Luis XIV, como era realmente recién nacido: ”El príncipe parece bastante débil; Muestra signos de degeneración; tiene flemas en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello supura; asusta de feo”.
Dicho monarca español era poco agraciado, porque, al haber nacido de la unión entre tío (Felipe IV) y sobrina (Mariana de Austria), provenía de un matrimonio endogámico, tal como sus ancestros, lo que era algo común en la dinastía española de los Austrias. Sin embargo, tal entrecruzamiento consanguíneo había generado su deformación facial y la esterilidad, lo que desembocó en la llegada de los Borbones al poder.
Pero Carlos no solo era físicamente poco agraciado, sino que también presentaba cierta discapacidad intelectual, como lo revela un nuncio papal:
“El rey es más bien bajo qué alto, no mal formado, feo de rostro; tiene el cuello largo y como encorvado hacia arriba; el labio inferior típico de los Austrias; ojos no muy grandes, de color azul turquesa y cutis fino y delicado. El cabello es rubio y largo, y lo lleva peinado para atrás, de modo que las orejas quedan al descubierto. No puede enderezar su cuerpo sino cuando camina, a menos de arrimarse a una pared, una mesa u otra cosa. Su cuerpo es tan débil como su mente. De vez en cuando da señales de inteligencia, de memoria y de cierta vivacidad, pero no ahora; por lo común tiene un aspecto lento e indiferente, torpe e indolente, pareciendo estupefacto. Se puede hacer con él, lo que se desee, pues carece de voluntad propia”.
Por lo tanto, su aspecto, su salud física y su falta de destreza mental fueron producto directo de la consanguinidad real, que perjudicó sus genes y le habría provocado el síndrome de Klinefelter, una enfermedad genética según estudios actuales.
Esta enfermedad consiste en una alteración cromosómica expresada en el cariotipo 47,XXY; es decir, un cromosoma X supernumerario. Provoca infertilidad, niveles inadecuados de testosterona, disfunción testicular, hipogenitalismo (genitales pequeños), trastornos conductuales y un aspecto eunucoide: talla alta, extremidades largas, escaso vello facial y distribución de vello corporal de tipo femenino.
Esto concuerda con la autopsia que se le realizó al cuerpo de Carlos II, que reveló que tenía el corazón del tamaño de un grano de pimienta y un único testículo, pequeño y negro como el carbón.
Estudio revela de dónde sale la fealdad de los Habsburgo
Un estudio reciente publicado en la revista científica Annals of Human Biology confirma el secreto a voces de que la "mandíbula Habsburgo" es producto de la endogamia.
"La dinastía de los Habsburgo fue una de las más influyentes de Europa, pero se hizo famosa por la endogamia, que fue su caída final. Mostramos por primera vez que existe una clara relación entre la consanguinidad y la apariencia de la mandíbula de los Habsburgo", explica el investigador principal, Roman Vilas, de la Universidad de Santiago de Compostela, al diario El Español.
Según el investigador, los reyes y reinas españolas de los siglos XVI y XVII presentaban una mandíbula prominente y enfermedades hereditarias debido a los continuos cruces consanguíneos: se registraron dos matrimonios entre tíos y sobrinas, y siete entre primos hermanos o segundos.
Sin embargo, la persona del árbol genealógico que muestra menos signos de deficiencia maxilar y prognatismo mandibular es María de Borgoña, quien se casó en 1477 con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I.
En contraste, el rostro de Felipe IV —rey de España y Portugal entre 1612 y 1640— presenta el mayor grado de sobrecrecimiento mandibular; mientras que Maximiliano I, Carlos I y Carlos II muestran el nivel más severo de deficiencia maxilar. De hecho, la autopsia de Carlos II reveló que tenía el corazón del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroídos y un único testículo negro como el carbón.
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