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BLOQUE DEL PRO

El complicado cubo mágico de Cristian Ritondo

Mie, 04/12/2019 - 10:35am
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Regresado a la política, Cristian Ritondo tiene delante una complicada trama de diputados nacionales. Es un escenario bien diferente al de los comisarios bonaerenses, pero se confía en que Ritondo no haya perdido 'el toque'. De todos modos, lo suyo siempre tiene que ver con lo más difícil.


El cubo del arquitecto húngaro Ernő Rubik, desde 1974 un desafío que resuelve un logaritmo... o el ingenio.
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Cristian Adrián Ritondo nació el 27/07/1966, y sus 53 años lo ubican en la misma generación que Emilio Monzó -nació el 26/09/1965 o sea que escala los 54 años; y que la gran esperanza del PRO 2023, Horacio Rodríguez Larreta, quien nació el 29/10/1965, en el mismo escalón de los 54 años.

Ritondo tiene que lidiar en la Cámara de Diputados de la Nación con dos personajes más jóvenes que él

Uno es Sergio Tomás Massa nació el 28/04/1972 o sea que anda por los 47 años; quien es de la generación de María Eugenia Vidal, nacida el 08/09/1973, hace 46 años.

El otro es el más joven: el proclamado por Cristina Fernández de Kirchner, heredero del legado familiar, Máximo Kirchner, quien nació el 16/02/1977, tiene 42 años; de la generación del producto más interesante de la agrupación de ex jóvenes K, el casi ministro Eduardo Enrique de Pedro, quien nació el 11/09/1976, o sea hace 43 años.

Importa mucho lo de las generaciones porque se relaciona con códigos y costumbres, ambiciones y estereotipos referenciales.

Ritondo es de Mataderos, barrio del sur porteño, e integró el Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, donde lo impulsó Miguel Ángel Toma, hasta que los choques con Alberto Fernández y Víctor Santa María lo decidieron a alejarse cuando el PRO abrió la tranquera.

En esa ocasión ingresaron Diego Santilli, Daniel Amoroso, Álvaro Gustavo González y Silvia Majdalani.

Mauricio Macri estaba convencido que sin el peronismo no podría ganar Ciudad de Buenos Aires. No era una conclusión nueva -Macri ya había llevado como jefe de campaña a Rolando Carlos Schiavi, luego tan cercano a Julio De Vido- pero aquel PRO, previo a la genuflexión permanente de Marcos Peña, siempre dispuesto a satisfacer los deseos más básicos de su líder, no era el PRO de la Casa Rosada.

Es importante recordarlo para los milintontos que en Twitter afirman haber nacido sin pecado original y meando agua bendita.

Ritondo tuvo una labor destacada vistiéndose de apologeta para defender a Macri como nadie en el famoso escándalo de las escuchas telefónicas ilegales que llevaron a prisión al comisario de confianza del hijo de Franco, Jorge Palacios.

Sin embargo, la esforzada defensa que ensayó Ritondo no lo blindó lo suficiente, y cuando María Eugenia Vidal lo propuso como compañero de binomio para el proyecto a la Gobernación bonaerense, Macri / Peña / Rodríguez Larreta lo vetaron en nombre de una alianza con la UCR, que no aportó casi nada, de la mano del insulso Daniel Marcelo Salvador.

A Ritondo, siempre jugador audaz de la política, le quedó la conducción de las desventuras de la Policía Bonaerense. Él ya había comenzado a jugar con fuego en Ciudad de Buenos Aires pero le fue negado el Ministerio de Justicia y Seguridad con el argumento que no tenía diploma de abogado, limitación que no fue aplicada, por ejemplo, a Laura Alonso, quien sí pudo asumir en la Oficina Anticorrupción

En La Plata, Ritondo lo hizo bien pero fueron 4 años alejados de aquello que él prefería. Pero integró el equipo que acaba de perder la reelección, y le entregan un bloque sometido a la fragmentación cotidiana porque la derrota no tiene fans.

Siempre le toca la más difícil aunque él también parece entusiasmarse con esos destinos cruzados: simpatizante del Club Atlético Independiente, de Avellaneda, fue conocido como albacea de los muchachos bravos del Club Atlético Nueva Chicago.

El éxodo

¿Puede impedir Ritondo la proliferación de outsiders, dobles espías e emigrantes? No. Él acaba de sufrir el abandono de 2 diputados con mandato hasta 2021: el santacruceño Antonio Carambia, quien tiene mandato hasta 2021; y el bonaerense Pablo Ansaloni, representante de la UATRE -el gremio de los trabajadores rurales, cuyo líder fue el fallecido Gerónimo Venegas, 'el Momo'-.

Luego, los diputados nacionales por Buenos Aires que se identifican con Monzó, el supuesto mártir de Macri / Peña, quieren participar de las decisiones, ambicionan un colegiado. Destaca en el grupo, Sebastián García De Luca, quien fue secretario del Interior a las órdenes de Rogelio Frigerio.

De Luca afirma liderar a Silvia Lospennato; el marplatense Juan Aicega; el sanjuanino Eduardo Cácereso;  Gabriel Frizza, exintendente de Jesús María; el fueguino Federico Frigerio; y el tucumano Domingo Amaya.

Desde otro ámbito también reclama el colegiado el difícil cordobés Luis Juez. 

Es interesante: Ritondo y Monzó podrían sentarse a compartir desventuras de Macri / Peña / Rodríguez Larreta. Pero en el medio aparece María Eugenia Vidal, quien no le perdona a Monzó el desaire de 2014/2015, y el posterior rechazo a aceptar su liderazgo territorial.

¿Mano dura o liderazgo flexible? Esa es la gran duda de Ritondo.

Es posible que en los partidos provinciales, Ritondo encuentre más comprensión que en mucha gente del PRO.

Por ejemplo el sanjuanino Marcelo Orrego y el riojano Felipe Álvarez

Pero no hay que subestimar a Ritondo. Él puede hablar 'mano a mano' con Sergio Massa, y tiene líneas de diálogo con Máximo Kirchner. Todo diputado nacional tiene pedidos personales, algunos insignificantes y otros grandes. Es donde mueren algunas vanidades. Cuando era jefe del bloque justicialista, su más recordado líder contemporáneo, José Luis Manzano, decía que le llevaba más tiempo resolver el día-a-día de los integrantes del colectivo que definir las políticas. "Son aquellas pequeñas cosas", escribió Joan Manuel Serrat alguna vez.

Ritondo necesita moverse con velocidad para formular una nueva propuesta que represente al bloque, que le brinde banderas y le permita soñar con una mística.

Probablemente no haya espacio para Mauricio Macri en esa necesidad. Mucho menos para Marcos Peña. Nadie quiere en público llamarlos "los padres de la derrota" pero en privado es imposible ocultar la realidad. Además, ya todos lo saben: luego de la feria judicial de verano, Macri deberá dedicarle un tiempo considerable de cada jornada a resolver temas judiciales pendientes, por los que el bloque no quiere ser juzgado ni reprendido.

Un dato a tener en cuenta: el liderazgo del bloque del PRO en Diputados de la Nación se definirá, en parte, en cuestiones de la Provincia de Buenos Aires, donde inevitablemente Ritondo y Monzó, llegado el caso, dirimirán fuerzas, si es que no llega alguna forma de coincidencia.

Muy interesante: ambos tienen origen en el peronismo, ambos frecuentan a Massa, a quien, probablemente, le interesa arbitrar según su conveniencia.

Interbloque

Hay que recordar que el bloque del PRO se integra al interbloque de Juntos por el Cambio, que tiene el liderazgo balbuceante del cordobés Mario Negri, hombre de otra generación porque nació el 06/02/1954, o sea que tiene 65 años.

El preferido de la jubilada Elisa Carrió hizo una elección horrible en su territorio personal. Fue arrasado por el gobernador Juan Schiaretti. Permanece al frente de Juntos por el Cambio casi de prestado. Pero en él confía Macri para alcanzar su objetivo de 'jefe de la oposición'.

Negri se encuentra disputando espacios dentro de la UCR con el mendocino Alfredo Cornejo.

Ritondo habla con el todopoderoso misionero jefe eterno de la UCR porteña, Enrique Nosiglia, quien mantiene su proyecto llamado Martín Lousteau, ahora senador de la Nación.

Serán tiempos muy interesantes. Probablemente se recupere el ejercicio de la política, esa habilidad tan menospreciada por Marcos Peña y su titiritero, Mauricio Macri.